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Gratis · elegí una vozBaltazar, con sus ojos brillantes como dos luceros, siempre le hacía la misma pregunta a su papá, Lautaro: "¿Me esperabas antes de que naciera, papi?". Lautaro sonreía, un brillo especial iluminando su rostro. "¡Por supuesto, mi pequeño aventurero! Te esperé con todo mi corazón."
Baltazar imaginaba a su papá, sentado en una nube esponjosa, con un telescopio gigante. Lautaro, con su barba un poco más corta de lo que la tenía ahora, observaba la Tierra. Buscaba, buscaba, hasta que un día, ¡bam!, vio una estrellita que brillaba con una luz única y especial. "¡Ese es Baltazar!", exclamó Lautaro, con una sonrisa que iluminaba todo el cielo.
"¿Y qué hiciste, papi?", preguntaba Baltazar, acurrucado en el regazo de Lautaro, con un libro de dinosaurios abierto entre ellos.
"Empecé a prepararme. Aprendí a hacer caras graciosas para hacerte reír, a contar historias de monstruos amigables, y a construir castillos de almohadas más grandes que nuestra casa", respondía Lautaro, guiñándole un ojo.
La verdad es que Lautaro había aprendido todo eso, y mucho más, después de que Baltazar naciera. Pero a Baltazar le encantaba imaginar a su papá como un héroe intergaláctico, preparándose para su llegada.
Lautaro le había enseñado a Baltazar a andar en bicicleta sin rueditas. Primero, sosteniéndolo con fuerza, corriendo a su lado. Luego, soltándolo poco a poco, confiando en que Baltazar podía hacerlo. Baltazar recordaba la sensación del viento en su cara y la alegría inmensa al lograrlo. "¡Lo hice, papi, lo hice!", gritaba, mientras Lautaro lo abrazaba con orgullo.
También le había enseñado a pescar en el río. Pacientemente, le había mostrado cómo poner el cebo en el anzuelo, cómo lanzar la caña y cómo esperar con paciencia. Baltazar se impacientaba, pero Lautaro le decía: "La paciencia es como un tesoro escondido, Baltazar. Cuando la encuentras, te da las recompensas más valiosas". Un día, Baltazar sintió un tirón fuerte. Con la ayuda de Lautaro, sacó un pez plateado y brillante. ¡Era enorme! Baltazar se sintió el pescador más valiente del mundo.
Pero no todo eran aventuras épicas. También estaban los pequeños momentos del día a día. Preparar el desayuno juntos, con Baltazar revolviendo los huevos y Lautaro haciendo tostadas. Leer cuentos antes de dormir, con Lautaro haciendo voces graciosas para cada personaje. Cantar canciones desafinadas en el coche, camino al colegio. Esos eran los momentos que Baltazar más atesoraba.
Un día, Baltazar se cayó jugando al fútbol y se raspó la rodilla. Lloraba a mares, sintiendo que el mundo se acababa. Lautaro lo levantó en brazos, lo llevó al baño y le limpió la herida con cuidado. Le puso una curita con un dibujo de un dinosaurio y le dijo: "Los rasguños son marcas de guerra, Baltazar. Significa que eres valiente y que te atreves a jugar". Baltazar, con la curita de dinosaurio, se sintió de nuevo un héroe.
Lautaro le había enseñado a Baltazar a ser amable con los demás, a compartir sus juguetes, a decir "por favor" y "gracias". Le había enseñado a respetar a los animales y a cuidar el medio ambiente. Le había enseñado que la honestidad y la bondad eran las mejores armas para enfrentar el mundo.
Una tarde, mientras miraban el atardecer desde el balcón, Baltazar le preguntó de nuevo: "Papi, ¿de verdad me esperabas antes de que naciera?".
Lautaro lo abrazó fuerte y le dijo: "Baltazar, mi amor, no sé si te esperaba literalmente en una nube con un telescopio. Pero sí sé que siempre soñé con tener un hijo como tú. Un hijo curioso, valiente, cariñoso y con un corazón gigante. Y cuando llegaste, mi vida se llenó de una alegría que no puedo explicar. Tú eres el regalo más grande que he recibido jamás".
Baltazar sonrió, sintiendo el calor del abrazo de su papá. Sabía que Lautaro era el mejor papá del mundo. Y sabía que, aunque no lo hubiera esperado con un telescopio en una nube, su corazón siempre había estado listo para él.
Esa noche, Baltazar soñó que él también estaba en una nube, esperando a su propio hijo. Y su papá, Lautaro, estaba a su lado, enseñándole cómo ser el mejor papá del universo.
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