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Gratis · elegí una vozAris Arboleda era una ardilla muy, muy lista. Le encantaba coleccionar bellotas brillantes y construir castillos de hojas en el gran roble del parque. Pero hoy, Aris no estaba contenta. Estaba ¡furiosa! Bueno, casi furiosa. Estaba… molesta. Muy molesta.
¿La razón? José Aguirre, su mejor amigo, un conejito de orejas largas y hocico tembloroso, había pasado el Día de la Madre… ¡con su mamá y no con ella! Aris no entendía. José siempre compartía sus zanahorias con ella, la ayudaba a encontrar las mejores bellotas y, lo más importante, ¡siempre la escuchaba cuando contaba sus emocionantes aventuras en busca de tesoros enterrados (que generalmente eran solo piedras brillantes)!
"¡Es injusto!" refunfuñó Aris, pateando una pequeña piña. La piña rodó hasta chocar con el pie de Doña Tortuga, que tomaba el sol tranquilamente.
"¡Oh, disculpa, Doña Tortuga!" dijo Aris, sintiéndose un poco avergonzada.
Doña Tortuga abrió un ojo lentamente. "¿Injusto, dices, pequeña Aris? El Día de la Madre siempre es un día complicado. ¿Por qué estás tan molesta?"
Aris se sentó junto a Doña Tortuga y le contó su problema. "José pasó todo el día con su mamá. ¡Ni siquiera me saludó! ¡Siempre pasamos el Día de la Madre juntos, explorando el bosque y haciendo coronas de flores!"
Doña Tortuga sonrió suavemente. "Aris, José ama a su mamá. El Día de la Madre es para celebrar a las mamás. No significa que te quiera menos a ti."
"Pero… pero…" Aris seguía sintiéndose triste. "¡Yo también lo quería ver!"
"¿Has hablado con José?" preguntó Doña Tortuga.
Aris negó con la cabeza. "No. Estoy muy molesta para hablar con él."
"A veces, hablar es la mejor solución," aconsejó Doña Tortuga. "Intenta hablar con él. Tal vez te sorprenda lo que te diga."
Aris lo pensó. Doña Tortuga tenía razón. Tal vez estaba actuando de forma un poco… infantil. Respiró hondo y decidió buscar a José.
Lo encontró cerca del río, sentado bajo un sauce llorón. José parecía un poco triste.
"¡José!" gritó Aris.
José levantó la vista, sobresaltado. "¡Aris! ¡Hola! Estaba… estaba pensando en ti."
Aris frunció el ceño. "¿Pensando en mí? ¡Ni siquiera me saludaste hoy! ¡Pasaste todo el día con tu mamá!"
José bajó las orejas. "Lo sé, Aris, y lo siento mucho. Quería pasar tiempo con mi mamá porque… porque ella no se siente muy bien últimamente."
Aris se sorprendió. No sabía que la mamá de José estaba enferma. "¡Oh! Yo… yo no lo sabía."
"Quería hacerla feliz," continuó José. "Le hice un dibujo y le preparé su ensalada de trébol favorita. Quería que supiera cuánto la quiero."
Aris se sintió muy culpable. Se había enfadado sin siquiera preguntar por qué José no había estado con ella. "José, lo siento mucho. Yo… fui muy egoísta."
José sonrió tímidamente. "Está bien, Aris. Entiendo. Pero… quería preguntarte algo. ¿Te gustaría venir a mi casa mañana? Podemos hacer coronas de flores para mi mamá. ¡Ella te adora!"
Los ojos de Aris se iluminaron. "¡Me encantaría!"
Al día siguiente, Aris y José fueron a la casa de los Aguirre. La mamá de José, Doña Coneja, estaba sentada en una mecedora en el porche. Se veía un poco cansada, pero cuando vio a Aris y José, su rostro se iluminó.
Juntos, hicieron coronas de flores hermosas y coloridas. Aris le contó a Doña Coneja sobre sus aventuras en busca de tesoros, y Doña Coneja se rió con cada historia. José le dio a su mamá un dibujo de ella con largas orejas y una gran sonrisa.
Ese día, Aris aprendió que el Día de la Madre no se trataba solo de pasar tiempo con sus amigos. Se trataba de celebrar a las mamás y demostrarles cuánto las queremos. Y también aprendió que a veces, la mejor manera de resolver un problema es hablar y escuchar.
Al final del día, Aris se sintió feliz. Había ayudado a hacer feliz a Doña Coneja y había aprendido una valiosa lección sobre la amistad y la importancia de la familia. Y, aunque no había pasado el Día de la Madre como esperaba, ¡había tenido un día mucho mejor! Y José y Aris siguieron siendo los mejores amigos, compartiendo zanahorias, buscando tesoros y, por supuesto, ¡celebrando a todas las mamás del bosque! Desde entonces, Aris entendió que el cariño se manifiesta de muchas formas y que la amistad verdadera perdura, incluso en los días más confusos.
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