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Gratis · elegí una vozEl sol brillaba con fuerza, pero dentro de la casa de Sofía, todo estaba oscuro. "¡Se fue la luz!" exclamó su hermano pequeño, Tomás, con los ojos bien abiertos. Sofía, que estaba a punto de empezar a dibujar un dragón con alas de arcoíris, suspiró. "Sí, Tomás. Se fue la luz todo el día, parece." Su mamá, que estaba preparando galletas en la cocina, apareció con una linterna. "¡No se preocupen, aventureros! ¡Hoy tendremos un día diferente!"
Tomás aplaudió. Le encantaban las aventuras, especialmente si involucraban a su mamá. "¿Qué vamos a hacer, mamá? ¿Vamos a buscar un tesoro?"
"Mmm, casi," dijo la mamá, guiñándole un ojo. "Primero, vamos a desayunar a la luz de las velas." Encendió unas velas aromáticas con olor a canela y fresas. La cocina, normalmente llena de luz brillante, se transformó en un lugar mágico y misterioso. Sofía olvidó su dragón por un momento y sonrió. Las galletas de mamá, aunque aún no estaban listas, olían deliciosas. Desayunaron tostadas con mermelada y jugo de naranja, contando historias a la luz titilante de las velas. Tomás contó una historia sobre un dinosaurio que se había perdido en el bosque y Sofía inventó una sobre una princesa que rescató a un dragón.
Después del desayuno, la mamá propuso un juego de mesa. Sacaron el viejo juego de la oca, que estaba un poco polvoriento, pero lleno de recuerdos. Jugaron durante horas, riendo y compitiendo por llegar primero a la casilla final. Tomás, aunque pequeño, era un jugador muy astuto y casi siempre ganaba. Sofía, por otro lado, disfrutaba más haciendo trampas divertidas que ganando en sí. La mamá, con su paciencia infinita, les recordaba las reglas con una sonrisa.
Cuando el sol comenzó a calentar más, la mamá sugirió ir al parque. "¡Pero no podemos ver la tele!" se quejó Tomás. "¡Ni jugar videojuegos!" agregó Sofía.
"Precisamente por eso vamos al parque," respondió la mamá. "Para jugar al aire libre, como lo hacían los niños antes de que existiera la electricidad." En el parque, jugaron a las escondidas, se columpiaron hasta tocar las nubes y construyeron un castillo de arena gigante. Sofía encontró una pluma de pájaro azul y la guardó en su bolsillo como un tesoro. Tomás persiguió mariposas y recogió piedras brillantes. La mamá se sentó en un banco y leyó un libro, observando a sus hijos jugar con una sonrisa en el rostro.
A la hora del almuerzo, volvieron a casa. La mamá había preparado sándwiches de jamón y queso, que comieron en el jardín, bajo la sombra de un árbol frondoso. Después del almuerzo, Sofía y Tomás decidieron hacer un picnic para sus muñecos. Organizaron una pequeña mesa con flores silvestres y hojas verdes, y les sirvieron sándwiches diminutos y jugo de fresa. Los muñecos, aunque de plástico y tela, parecían disfrutar mucho del picnic.
Por la tarde, la mamá les enseñó a hacer figuras de sombras con las manos. Apagaron todas las velas y usaron la linterna para proyectar sombras de conejos, perros y pájaros en la pared. Tomás se reía a carcajadas cada vez que Sofía hacía la sombra de un monstruo peludo. La mamá les contó historias de miedo que hacían que se les pusiera la piel de gallina.
Cuando el sol comenzó a ponerse, el papá llegó a casa del trabajo. "¿Qué tal su día sin luz?" preguntó, con una sonrisa.
"¡Fue increíble!" exclamó Tomás. "Jugamos a las escondidas, construimos un castillo de arena y aprendimos a hacer figuras de sombras." Sofía asintió. "Fue diferente, pero divertido." El papá abrazó a sus hijos. "Me alegro de que hayan encontrado la manera de divertirse."
Justo cuando el papá terminaba de hablar, las luces parpadearon y volvieron a encenderse. "¡Volvió la luz!" gritó Tomás, saltando de alegría. Sofía corrió a buscar sus lápices de colores para terminar su dragón. Pero antes de empezar a dibujar, se detuvo y miró a su mamá. "Mamá, ¿podemos tener otro día sin luz pronto?"
La mamá sonrió. "Claro que sí, mis pequeños aventureros. Podemos tener otro día sin luz cuando ustedes quieran." Apagó la luz del techo y encendió de nuevo las velas aromáticas. La casa, iluminada por la suave luz de las velas, se sintió cálida y acogedora. Esa noche, Sofía soñó con dragones que volaban en la oscuridad, iluminados solo por la luz de las estrellas.
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