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Gratis · elegí una vozEl sol se colaba por la ventana, pintando mi habitación de un naranja juguetón. Me estiré, bostecé y abrí los ojos. ¡Pero algo no estaba bien! La casa estaba en silencio. Demasiado silencio.
"¿Mamá? ¿Papá?" grité. Solo el eco me respondió. Bajé corriendo las escaleras. La mesa del desayuno estaba puesta, ¡pero nadie estaba sentado! El periódico del día yacía abierto, la leche estaba en su caja, y mi tostada con mermelada de fresa… ¡todavía estaba allí, esperándome!
Salí a la calle. Era como si el tiempo se hubiera detenido. Los coches estaban aparcados, las bicicletas apoyadas contra las paredes, y las hojas de los árboles se movían suavemente con la brisa. Pero no había gente. Ni una sola persona.
"¡Hola!" grité de nuevo, esperando una respuesta. Nada. Empecé a sentir un cosquilleo frío en la barriga. Esto era muy, muy raro.
Y entonces los vi. Tambaleándose por la calle, con los brazos extendidos y haciendo unos gruñidos espeluznantes. ¡Zombis! ¡Zombis de verdad! Nunca pensé que los vería fuera de la tele.
Mi corazón latía a mil por hora. Recordé una película que había visto con mi papá, donde la gente se refugiaba en una base militar. ¡Eso era! ¡Tenía que llegar a la Base Militar Esperanza! Estaba a las afueras del pueblo, pero era mi única oportunidad.
Corrí hacia mi bicicleta, la saqué del garaje y me subí de un salto. ¡A pedalear! Los zombis eran lentos, pero eran muchos. Intenté esquivarlos mientras pedaleaba con todas mis fuerzas. Uno de ellos casi me atrapa, pero lo evité por poco, ¡casi me arranca un pedazo de mi mochila!
Finalmente, después de una carrera llena de adrenalina, vi la Base Militar Esperanza. Una gran valla metálica la rodeaba, con guardias armados en las torres. ¡Aleluya!
"¡Ayuda! ¡Zombis!" grité, agitando los brazos. Los guardias me vieron y abrieron la puerta. Entré a toda velocidad, sintiéndome a salvo por primera vez en mucho tiempo.
Dentro de la base, todo era orden y disciplina. Soldados corriendo, científicos trabajando y gente asustada, pero al menos estaban vivos. Me llevaron a una sala donde me hicieron preguntas. Les conté todo lo que había pasado, desde que me desperté solo hasta mi escape de los zombis.
"Eres muy valiente, muchacho," me dijo un sargento. "Ahora estás a salvo aquí. Vamos a entrenarte para que nos ayudes a defender la base."
Así que empecé mi entrenamiento. Aprendí a usar una resortera gigante para lanzar piedras a los zombis, a construir barricadas con neumáticos y a reconocer los diferentes tipos de gruñidos de los no-muertos. ¡Era como un videojuego, pero de verdad!
Un día, mientras estaba en la torre de vigilancia, vi algo sorprendente. Un grupo de niños, más o menos de mi edad, estaban siendo atacados por zombis cerca de un parque. ¡No podía dejarlos allí!
"¡Tengo que ir a ayudarlos!" le dije al sargento.
"Es demasiado peligroso," respondió. "Pero si insistes… te daremos cobertura."
Con la ayuda de algunos soldados, preparamos un plan. Yo me escabulliría de la base y los distraería, mientras los soldados los rescataban desde lejos con un camión blindado.
Salí corriendo, agitando una bandera roja para llamar la atención de los zombis. ¡Funcionó! Me persiguieron, gruñendo y tambaleándose. Corrí hacia el parque, donde los niños estaban atrapados en un árbol.
"¡Corran hacia el camión!" les grité. Los niños, asustados pero obedientes, saltaron del árbol y corrieron hacia el camión que se acercaba a toda velocidad. Los soldados los recogieron uno por uno, mientras yo seguía distrayendo a los zombis.
Finalmente, el camión se detuvo a mi lado y salté dentro. ¡Lo habíamos logrado! Habíamos salvado a los niños.
Desde ese día, me convertí en un héroe en la Base Militar Esperanza. Seguí entrenando, aprendiendo nuevas habilidades y ayudando a proteger a los demás. Aunque extrañaba a mi familia, sabía que estaba haciendo lo correcto. Y quién sabe, quizás algún día, encontraría una forma de revertir esta Zombielandia y volver a ver a mis padres. Mientras tanto, seguiría luchando, protegiendo a los demás y manteniendo la esperanza viva. Porque incluso en un mundo lleno de zombis, ¡siempre hay lugar para la valentía y la amistad!
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