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Había una vez, en un valle escondido entre montañas altísimas, un gigante llamado Glotón. No era un gigante malo, ¡para nada! Glotón era un gigante... bueno, glotón. Amaba la comida más que a nada en el mundo, especialmente el helado. Su casa, una cueva enorme, estaba siempre llena de ollas, sartenes y cucharas gigantes. Pero su mayor deseo era tener helado, ¡helado de todos los sabores del mundo!
Un día, mientras Glotón paseaba por el valle, notó algo extraño. Una de las montañas, la más alta de todas, ¡se veía diferente! En lugar de roca gris y nieve blanca, la cima brillaba con colores pastel: rosa, azul, verde, amarillo... Glotón entrecerró los ojos, olfateó el aire y de repente... ¡un aroma delicioso a helado de fresa, arándanos, menta y limón le inundó la nariz!
"¡Es una montaña de helado!" exclamó Glotón, con los ojos brillando como estrellas. Sin pensarlo dos veces, echó a correr hacia la montaña, tropezando con árboles y saltando sobre ríos pequeños. La montaña parecía estar cada vez más cerca, pero también más alta y empinada. Glotón, con su gran fuerza, comenzó a escalar, agarrándose a las rocas y usando sus pies gigantes para impulsarse hacia arriba.
La escalada fue dura. El sol brillaba con fuerza y Glotón sudaba a mares. Pero el aroma del helado era irresistible. Siguió subiendo, cada vez más cerca de la cima, donde los colores pastel se veían aún más intensos. Finalmente, llegó a la cima. ¡Era aún más maravilloso de lo que había imaginado!
La cima de la montaña era una enorme bola de helado gigante, con cascadas de salsa de chocolate y nubes de nata montada. Había conos de galleta gigantes esparcidos por todas partes, como si fueran rocas preciosas. Glotón se maravilló ante tal espectáculo. "¡Nunca he visto nada igual!" dijo, con la boca abierta.
Sin pensarlo dos veces, Glotón tomó un cono gigante y lo llenó de helado de todos los sabores. Dio un mordisco enorme... ¡y su cara se iluminó! El helado era el más delicioso que jamás había probado. Siguió comiendo, y comiendo, y comiendo. Parecía que nunca se iba a cansar.
Pero después de un rato, algo extraño comenzó a suceder. Glotón empezó a sentirse... raro. Su estómago se hinchó como un globo y se sentía pesado, muy pesado. Intentó levantarse, pero no pudo. Estaba tan lleno que no podía moverse.
"¡Ay, ay, ay! Creo que he comido demasiado," gimió Glotón, con la voz débil. Se dio cuenta de que, aunque amaba la comida, incluso el helado más delicioso podía ser malo si se comía en exceso.
En ese momento, escuchó una vocecita. "¿Necesitas ayuda?"
Glotón miró hacia abajo y vio a una pequeña ardilla, con los ojos brillantes y una nuez en la mano. "Sí, por favor," dijo Glotón. "Estoy tan lleno que no puedo moverme."
La ardilla sonrió. "No te preocupes. Conozco un truco." La ardilla saltó sobre la cabeza de Glotón y comenzó a hacerle cosquillas en la nariz. Glotón intentó no reírse, pero era imposible. Las cosquillas eran irresistibles. Empezó a reírse a carcajadas, y con cada carcajada, su estómago se sentía un poco mejor.
Después de un rato, Glotón pudo sentarse. La ardilla siguió haciéndole cosquillas hasta que finalmente pudo levantarse. Se sentía mucho mejor, aunque todavía un poco lleno. "Gracias, pequeña ardilla," dijo Glotón. "Me has salvado."
La ardilla sonrió de nuevo. "De nada. Pero recuerda, incluso las cosas más deliciosas deben disfrutarse con moderación." Glotón asintió, aprendiendo una valiosa lección.
Glotón bajó de la montaña de helado, sintiéndose agradecido y un poco avergonzado. Cuando llegó al valle, decidió que en lugar de comer todo el helado del mundo, compartiría su amor por la comida con los demás. Abrió su cueva y comenzó a preparar helado para todos los animales del valle. Hizo helado de bayas para los osos, helado de zanahoria para los conejos y helado de nueces para las ardillas.
Todos los animales del valle estaban felices de compartir el helado de Glotón. Y Glotón, aunque todavía amaba la comida, aprendió que la verdadera felicidad no está en comer mucho, sino en compartir con los demás. Y así, el Gigante Glotón, con la ayuda de una pequeña ardilla, se convirtió en el gigante más feliz del valle.
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