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Gratis · elegí una vozLeo era un leoncito pequeño con un pelaje suave como el sol. Tenía unos ojos grandes y curiosos que siempre brillaban con entusiasmo, excepto hoy. Hoy, sus ojos estaban un poco aguados. Hoy era el día de ir al kínder, al "Jardín de las Mariposas", como lo llamaba su mamá.
Leo se aferraba a la pata de su mamá, Leona, mientras caminaban por el sendero de tierra roja hacia el kínder. El sol de la mañana brillaba y los pájaros cantaban alegres melodías, pero Leo solo sentía un nudo en su estómago. Nunca se había separado de su mamá por tanto tiempo. ¿Qué pasaría si la extrañaba demasiado? ¿Qué pasaría si nadie quería jugar con él?
"¿Tienes miedo, mi pequeño león?" preguntó Leona, sintiendo la tensión en la patita de Leo.
Leo asintió tímidamente. "Sí, mami. ¿Y si no me gusta? ¿Y si me extrañas y estás triste?"
Leona se agachó para estar a la altura de Leo y le sonrió con dulzura. "Leo, mi amor, el Jardín de las Mariposas es un lugar maravilloso. Lleno de amigos, juegos y muchas cosas nuevas para aprender. Y yo siempre estaré pensando en ti, pero estaré feliz porque sé que te estás divirtiendo mucho. Además, ¡vendré a recogerte en unas pocas horas!"
Cuando llegaron al kínder, Leo se sintió aún más nervioso. Había muchos otros animalitos: elefantitos, monitos, cebras y jirafitas, todos jugando y riendo. Una maestra amable, la Sra. Hipopótamo, les dio la bienvenida con una gran sonrisa.
"¡Bienvenido al Jardín de las Mariposas, Leo!" dijo la Sra. Hipopótamo. "¡Estamos muy contentos de tenerte aquí!"
Leona le dio a Leo un beso en la frente y le dijo: "Pórtate bien, mi amor. Te quiero mucho". Luego, con una sonrisa tranquilizadora, se despidió y se fue.
Leo se quedó allí, solo, sintiéndose un poco perdido. La Sra. Hipopótamo lo tomó de la mano y lo guió hacia un rincón donde había muchos juguetes. Había bloques de construcción, pinturas, plastilina y un montón de libros con dibujos coloridos.
Una elefantita llamada Elia se acercó a Leo. "Hola, soy Elia. ¿Quieres jugar conmigo a construir una torre alta?"
Leo asintió tímidamente y juntos comenzaron a construir una torre con los bloques. Al principio, Leo estaba callado, pero poco a poco se fue sintiendo más cómodo. Elia era muy simpática y divertida.
Después, la Sra. Hipopótamo reunió a todos los niños para la hora del cuento. Leyó una historia sobre un osito que aprendía a compartir sus juguetes. Leo se sintió identificado con el osito y se dio cuenta de que compartir era algo bueno.
Luego, llegó la hora de pintar. Leo eligió un pincel y pintó un gran sol amarillo en su papel. Elia pintó un árbol lleno de flores de colores. Todos los niños estaban muy concentrados y felices.
Para la hora del almuerzo, la Sra. Hipopótamo sirvió deliciosas frutas y sándwiches. Leo se sentó junto a Elia y a un monito llamado Mateo. Mateo hacía caras graciosas mientras comía su plátano, y Leo no pudo evitar reírse.
Después del almuerzo, jugaron en el jardín. Había un columpio, un tobogán y un arenero. Leo se divirtió mucho columpiándose y haciendo castillos de arena con Elia y Mateo.
El tiempo pasó volando. Antes de que Leo se diera cuenta, ya era hora de que su mamá lo recogiera. Cuando vio a Leona acercarse, corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.
"¡Mami! ¡Me divertí mucho!" exclamó Leo. "Hice un nuevo amigo, Elia, y pinté un sol amarillo. ¡Y jugamos en el arenero!"
Leona sonrió al ver a su hijo tan feliz. "Me alegro mucho, mi amor. ¿Ves? Te dije que el Jardín de las Mariposas era un lugar maravilloso".
Leo asintió con entusiasmo. "¡Sí, mami! ¡Quiero volver mañana!"
De camino a casa, Leo le contó a su mamá todo sobre su día en el kínder. Le contó sobre Elia, sobre la Sra. Hipopótamo, sobre el cuento del osito y sobre el sol amarillo que había pintado. Leona escuchó atentamente, sintiéndose muy orgullosa de su pequeño león.
Leo se dio cuenta de que ir al kínder no era tan aterrador como pensaba. Era un lugar donde podía hacer amigos, aprender cosas nuevas y divertirse mucho. Y aunque extrañaba a su mamá, sabía que ella siempre estaría allí para él cuando terminara el día. El Jardín de las Mariposas era un lugar especial, y Leo estaba emocionado de volver a visitarlo mañana.
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