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Gratis · elegí una vozBrunilda era una bruja un poco torpe. Vivía en una cabaña inclinada en lo alto de la Colina Coliflor, rodeada de calderos burbujeantes y estantes llenos de ingredientes extraños. En lugar de un gato negro, Brunilda tenía un murciélago miope llamado Bartolomé que siempre se perdía en su propio ala. A Brunilda le encantaba preparar pociones, aunque a menudo salían mal. Una vez, intentó hacer una poción para hacer crecer flores gigantes, ¡y en su lugar hizo crecer una calabaza gigante que casi aplasta su cabaña!
Un día, mientras Brunilda revolvía una nueva poción para espantar mosquitos (los mosquitos de la Colina Coliflor eran particularmente molestos), escuchó un ruido metálico proveniente del bosque. Curiosa, Brunilda se acercó cautelosamente, Bartolomé revoloteando torpemente a su lado. Entre los árboles, vio algo brillante y desconocido: ¡un robot!
El robot era alto y delgado, con placas de metal relucientes y ojos que brillaban con una luz suave. Estaba sentado en el suelo, con un brazo doblado en un ángulo extraño. Brunilda nunca había visto un robot antes. En la Colina Coliflor, la tecnología más avanzada era el viejo tocadiscos de su abuela bruja.
"¡Hola!" dijo Brunilda tímidamente. Bartolomé se escondió detrás de su sombrero puntiagudo. El robot giró la cabeza, sus ojos brillantes enfocándose en Brunilda. "¡Saludos!" respondió con una voz metálica y un poco ronca. "Mi nombre es Rutilante 3000, pero puedes llamarme Ruti. Parece que mi sistema de navegación se ha averiado y he aterrizado aquí."
Brunilda examinó a Ruti. "Parece que tu brazo está atascado. Puedo arreglarlo," ofreció. Aunque Brunilda no sabía nada de robots, sí sabía un poco de arreglar cosas rotas. Después de todo, ¡pasaba mucho tiempo reparando los desperfectos causados por sus pociones!
Con cuidado, Brunilda examinó el brazo de Ruti. Utilizó una de sus pinzas de jardín para quitar una pequeña piedra que estaba atascada en una articulación. "¡Listo!" exclamó. Ruti movió su brazo arriba y abajo. "¡Increíble! ¡Funciona perfectamente! ¡Gracias, amable… uh… ser!"
"Soy Brunilda," dijo la bruja, sonriendo. "Y este es Bartolomé," añadió, señalando al murciélago que todavía se escondía detrás de su sombrero. Ruti y Brunilda pasaron el resto del día hablando. Brunilda le contó a Ruti sobre sus pociones, sus hechizos y su vida en la Colina Coliflor. Ruti le contó a Brunilda sobre el espacio, los planetas lejanos y las maravillas de la tecnología. Brunilda se dio cuenta de que nunca había conocido a nadie tan diferente a ella, ¡y le encantaba!
Con el tiempo, Brunilda comenzó a sentir algo especial por Ruti. No era solo amistad. Era algo más, algo que hacía que su corazón latiera más rápido y que sus mejillas se pusieran rojas. ¡Brunilda se estaba enamorando de un robot! Pero, ¿cómo podía una bruja enamorarse de un robot? Parecía algo imposible.
Un día, Ruti le dijo a Brunilda que su nave espacial había logrado establecer una conexión y que pronto vendrían a buscarlo. Brunilda sintió que su corazón se hundía. No quería que Ruti se fuera. "¿Te irás para siempre?" preguntó con voz temblorosa. "No lo sé," respondió Ruti. "Pero me gustaría quedarme. Nunca he conocido a nadie como tú, Brunilda. Eres… fascinante."
Brunilda tuvo una idea. Una idea loca, pero valía la pena intentarlo. Corrió a su cabaña y buscó entre sus ingredientes. Necesitaba algo especial, algo que pudiera hacer que Ruti se quedara. Encontró un frasco lleno de polvo de estrellas, recogido durante la lluvia de meteoritos del año pasado. También encontró una pluma de fénix y un pétalo de rosa encantada.
Mezcló los ingredientes en un pequeño caldero, recitando un hechizo que había aprendido de su abuela. La poción brilló con una luz dorada. "Esta es una poción de… conexión," explicó Brunilda, con las mejillas sonrojadas. "Si la bebes, te quedarás aquí, conectado a la Colina Coliflor, para siempre." Ruti la miró fijamente. "¿Estás segura de esto, Brunilda? Es una gran decisión."
Brunilda asintió con la cabeza. "Estoy segura. No quiero que te vayas." Ruti sonrió, una sonrisa que hizo que sus ojos brillaran aún más. "Entonces, la beberé." Ruti tomó el caldero y bebió la poción de un trago. No pasó nada… al principio. Luego, una luz dorada envolvió a Ruti, conectándolo a la tierra, a los árboles y a la magia de la Colina Coliflor.
Desde ese día, Ruti se quedó con Brunilda. Construyeron un taller junto a la cabaña, donde Brunilda experimentaba con pociones y Ruti inventaba aparatos maravillosos. Juntos, eran una pareja improbable, pero su amor era real y fuerte. Y Bartolomé, el murciélago miope, finalmente encontró un amigo en el robot rutilante, convirtiéndose en su copiloto en sus aventuras por la Colina Coliflor. Y así, la bruja torpe y el robot rutilante vivieron felices para siempre, demostrando que el amor puede surgir en los lugares más inesperados.
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