Escuchá este cuento
Gratis · elegí una voz
Mi casa está rodeada de un mar de verde, en lo más profundo del campo, donde el aire huele a hierba fresca y el silencio solo se interrumpe por el canto de los grillos. Desde mi ventana, el mundo parece un lienzo tranquilo atravesado por un solo camino de tierra que serpentea entre los árboles. Justo enfrente, separada por ese sendero polvoriento, se alza otra casa. Durante mucho tiempo, sus ventanas fueron ojos cerrados, oscuros y vacíos, hasta que un día de primavera, algo cambió. Un niño apareció tras el cristal. Era un niño de cabello revuelto que permanecía allí, estático, como una estatua observando el horizonte. Sin embargo, nunca bajaba a jugar. No salía a correr tras las mariposas ni se sentaba en el porche a ver pasar las nubes. Solo estaba allí.
Yo lo observaba cada mañana y sentía una curiosidad que me quemaba el pecho. Quería ser su amigo, quería compartir mis tesoros de madera y mis canicas de colores, pero no sabía cómo acercarme. El camino de tierra me parecía una frontera inmensa. Así que decidí usar el lenguaje de la tierra. Busqué el palo más largo y firme que encontré y, con el cuidado de un calígrafo, tracé la palabra HOLA en la tierra del camino. Las letras eran gigantes, tan grandes que podían verse desde el cielo. Me quedé esperando una reacción, un saludo de vuelta, una sonrisa. Pero esa tarde, las nubes se agruparon como ejércitos grises y empezó a llover. La lluvia, con sus dedos de agua, borró mis trazos hasta que el camino volvió a ser una página en blanco. Mi mensaje se había disuelto en el barro.
Pasó el tiempo y el sol empezó a calentar con más fuerza, anunciando el verano. Las cigarras cantaban su melodía eléctrica y el polvo del camino se volvió fino como el azúcar. Pensé que necesitaba algo más permanente. Recogí cientos de semillas de girasol y flores silvestres y, con paciencia infinita, volví a escribir HOLA justo frente a su ventana. Imaginé que las semillas echarían raíces, que las flores brotarían formando un saludo vibrante de pétalos amarillos y rojos que duraría toda la estación. Pero los pájaros del campo tenían otros planes. Una mañana, una bandada de gorriones y mirlos descendió como una nube ruidosa y, en un abrir y cerrar de ojos, se dieron un festín con mi mensaje. Mi saludo se convirtió en el desayuno de las aves y desapareció una vez más.
El otoño llegó con su melancolía dorada. El suelo se cubrió de una alfombra crujiente de hojas ocres, naranjas y rojizas. No me rendí. Con un rastrillo, junté las hojas más brillantes y volví a construir mi palabra mágica: HOLA. Trabajé durante horas para que las letras fueran perfectas, contrastando con el suelo oscuro. Pero el otoño es un niño travieso. Un viento fuerte y repentino sopló desde el norte, levantando las hojas en un torbellino de colores que bailaron hacia el bosque. El viento se llevó mi saludo como si fuera un secreto que no debía ser revelado. El niño seguía allí, tras el cristal, con su mirada perdida en la nada, sin responder a mis esfuerzos.
Finalmente, el invierno envolvió el campo con su manto gélido. Una mañana, el mundo despertó enmudecido por una capa de nieve tan blanca que lastimaba los ojos. El silencio era absoluto. Me puse mis botas más pesadas y, caminando con fuerza sobre la nieve virgen, grabé cada letra: H-O-L-A. Los surcos eran profundos y claros. Estaba seguro de que esta vez, sobre el lienzo blanco, el niño no podría ignorarme. Pero el cielo volvió a encapotarse y una nueva nevada cayó suavemente durante la noche. Al amanecer, el relieve de mis letras había sido sepultado bajo una nueva capa de escarcha. Mi saludo había sido borrado por cuarta vez.
Esa noche, mientras miraba el reflejo de la luna sobre la nieve, sentí una pequeña punzada de tristeza, pero también una epifanía. Entendí que la naturaleza me estaba enviando una señal: quizá estaba intentando decir hola de la forma equivocada. No se trataba de letras gigantes, ni de semillas, ni de hojas, ni de surcos en la nieve. A veces, las distancias no se acortan con señales visuales, sino con pasos valientes. El corazón me latía con fuerza cuando, a la mañana siguiente, me abrigué bien, crucé el camino de tierra por primera vez y subí los escalones del porche de la casa de enfrente.
Llamé a la puerta con nudillos temblorosos. El sonido del toc-toc rompió el aire frío. Al cabo de unos segundos, la puerta se abrió lentamente. Allí estaba él. De cerca, sus ojos eran claros, pero parecían mirar a través de mí, hacia un lugar que yo no podía ver. Cuando me escuchó respirar, el niño sonrió, una sonrisa tan cálida que pareció derretir el invierno a nuestro alrededor.
—Te veía siempre en la ventana —le dije, algo avergonzado por mi timidez previa.
—Yo no —respondió él con una voz suave y melodiosa—. Yo soy ciego.
En ese instante, el mundo se detuvo y todas las piezas encajaron en mi mente. Mis mensajes gigantes, mis flores y mis hojas habían sido invisibles para él, no por falta de interés, sino porque su mundo se construía con otros sentidos. Entendí que él no necesitaba ver mi hola, necesitaba escucharlo, sentirlo. Me invitó a pasar y nos sentamos juntos en el borde del porche, dejando que el sol de invierno nos calentara las mejillas. Pasamos horas hablando. Le conté sobre el color de las hojas de otoño, sobre el sonido de la lluvia en el barro y sobre cómo los pájaros me habían robado las semillas. Él me enseñó a escuchar el crujido de la nieve de una forma distinta y a reconocer el olor del viento antes de que traiga la tormenta. Al final, no hicieron falta letras grandes ni esfuerzos monumentales. Un simple gesto de cercanía y una voz amiga fueron suficientes para derribar los muros de la soledad. Ese día, en medio del frío, floreció la amistad más hermosa del campo.
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

El jardín de las emociones
En el pequeño pueblo de Martín, Sofía y Lucas, descubren un jardín mágico lleno de plantas que representan diferentes emociones. Aprenden a cuidar sus propias emociones y ayudar a los demás a hacerlo también.

La Carrera de Dos Estrellitas
Sury y Ela, dos primas que esperan con ansias su llegada al mundo, se embarcan en una divertida carrera para ver quién nacerá primero. Sin embargo, cuando la competición se torna más relevante que la conexión entre ellas, aprenden que la verdadera victoria radica en la amistad y la unión.

El Ratón y el Queso de Oro
Lucas el ratón descubre un queso de oro y, con la ayuda de sus amigos, aprende sobre la importancia de la honestidad, el esfuerzo y el trabajo en equipo. Una historia infantil inspiradora y educacional que enseña valores fundamentales.

Los programadores curiosos
Tres amigos curiosos descubren el fascinante mundo del software de computadoras, aprendiendo y creando juntos sus propios programas.

La Semana del Aprendizaje en Reque
Un grupo de niños en Reque se une para organizar una campaña divertida y educativa durante la semana de la educación primaria en su colegio. A través de actividades como decorar las aulas, compartir cuentos interesantes y juegos matemáticos, los niños aprenden juntos mientras se divierten. Con una presentación musical, discursos inspiradores y actividades interactivas, los niños logran hacer una campaña exitosa que celebra el valor de la educación. Desde entonces, los amigos continúan aprendiendo juntos y compartiendo conocimientos cada año durante la semana de la educación primaria en su comunidad.

El Duende del Bosque Encantado
Tres estudiantes descubren a un solitario duende en el bosque encantado y prometen visitarlo todas las semanas, pero pronto deberán luchar contra un malvado troll para salvarlo.

El Bosque de la Armonía
En el Bosque Encantado, las familias Plantita, Animalitos y Personitas aprenden la importancia de la unión y el respeto mutuo.

El reloj mágico
Tomás, un joven solitario, viaja en el tiempo a través de un reloj mágico y aprende valiosas lecciones sobre la vida mientras hace amistad con una niña llamada Ana.

Naiara y la potranca salvaje
Naiara descubre clases de equitación y se convierte en una experta jinete, rescatando a una potranca perdida en el proceso.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



