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Gratis · elegí una vozEn la Escuela Sol Brillante, todos querían a la seño Amparo. Manuela, Ariadne, Gabriel, Juan Antonio, Naiara, Liam, Elsa, Javier, Valentina, Daniela, Martina, Samuel, Elena Portillo, Manuel, Elena Rizo, Martín, Hugo y Lola: ¡todos sus alumnos! La seño Amparo tenía una sonrisa que iluminaba el aula y una paciencia infinita para explicar las cosas, una y otra vez, hasta que todos entendieran.
Pero lo que más les gustaba a los niños era el rumor del jardín secreto de la seño Amparo. Se decía que detrás del aula, donde nadie podía ver, existía un jardín mágico lleno de flores que cantaban y árboles que contaban historias. Nadie lo había visto nunca, solo se hablaba de él en susurros.
Un día, la seño Amparo llegó al aula con una cara un poco triste. "Niños," dijo con voz suave, "nuestro proyecto del huerto escolar no ha salido bien. Las semillas no han germinado y las plantas están muy mustias." Todos los niños se sintieron apenados. Habían puesto mucha ilusión en plantar tomates, lechugas y zanahorias, pero parecía que la naturaleza no estaba de su parte.
Valentina, que siempre era la más observadora, levantó la mano. "Seño Amparo," preguntó, "¿y su jardín secreto? ¿Podríamos quizás… quizá tomar algunas semillas de allí?"
La seño Amparo sonrió con melancolía. "Mi jardín no es tan mágico como dicen," respondió. "Es solo un pequeño espacio donde cultivo algunas plantas que me gustan. Pero… quizás tengas razón. Podríamos intentarlo."
Al día siguiente, la seño Amparo llevó a sus alumnos al "jardín secreto". No era un jardín mágico lleno de flores cantantes, pero era un lugar precioso. Había margaritas blancas, petunias moradas, geranios rojos y un jazmín que perfumaba todo el ambiente. Los niños se quedaron boquiabiertos. Nunca habían visto tantas flores juntas.
"Este es mi pequeño refugio," explicó la seño Amparo. "Aquí encuentro paz y tranquilidad." Les enseñó cómo recoger las semillas con cuidado y cómo prepararlas para la siembra. Les explicó que cada planta tiene sus necesidades y que hay que cuidarlas con amor y paciencia.
Manuela, que era muy buena dibujando, se encargó de hacer carteles para identificar cada tipo de planta. Ariadne, con su alegría contagiosa, animó a todos a cantar canciones para que las semillas crecieran fuertes. Gabriel, que siempre estaba dispuesto a ayudar, se ofreció a regar las plantas todos los días. Juan Antonio, con su espíritu científico, investigó en libros sobre las mejores técnicas de jardinería. Naiara, con su don de gentes, convenció a los padres para que donaran tierra fértil. Liam, muy habilidoso, construyó un espantapájaros para proteger las plantas. Elsa, con su dulzura, habló con las plantas, animándolas a crecer. Javier, muy creativo, diseñó un sistema de riego ingenioso. Daniela, con su energía, removió la tierra con entusiasmo. Martina, muy organizada, catalogó todas las semillas. Samuel, muy atento, observó cada detalle del crecimiento. Elena Portillo, con su paciencia, separó las semillas más pequeñas. Manuel, con su fuerza, cargó con los sacos de tierra. Elena Rizo, con su cuidado, trasplantó las plántulas más delicadas. Martín, con su ingenio, inventó un abono natural. Hugo, con su entusiasmo, contagió a todos su alegría. Y Lola, con su cariño, les daba agua a las plantitas.
Con las semillas del jardín de la seño Amparo y el esfuerzo de todos, el huerto escolar floreció. ¡Los tomates crecieron rojos y jugosos, las lechugas verdes y crujientes, y las zanahorias anaranjadas y dulces! Los niños estaban orgullosos de su trabajo y aprendieron que, con esfuerzo y colaboración, incluso lo que parece imposible puede hacerse realidad.
Al final del curso, los alumnos organizaron una fiesta en el huerto escolar. Invitaron a la seño Amparo y le regalaron un ramo de flores hechas con papel de colores. "¡Gracias, seño Amparo!", gritaron todos al unísono. "¡Gracias por enseñarnos a amar la naturaleza y a trabajar en equipo!"
La seño Amparo, con lágrimas en los ojos, abrazó a cada uno de sus alumnos. Su jardín secreto, aunque pequeño, había hecho florecer algo mucho más grande: el amor por la naturaleza y la amistad entre sus alumnos.
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