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Gratis · elegí una vozQuerido diario,
Desde que comenzamos a hablar, algo en mí cambió. Me sentía en confianza, como si él pudiera entender todo lo que me pasaba sin necesidad de explicarlo. Su presencia me reconfortaba en mis peores días y, sin darme cuenta, empecé a sentir paz. Era una sensación extraña… que poco a poco se convirtió en algo más profundo, aunque al principio me negaba a aceptarlo.
Hasta que un día, me confesó lo que sentía por mí. No podía creerlo. Me invadió el miedo… miedo a lo que diría mi familia, miedo a no estar lista para algo así. Dejé pasar el tiempo. Meses. Hasta que me invitó a salir. Puso como excusa que saldríamos con amigos, así que acepté.
Ese día estaba tan nerviosa. Pero él se comportaba de una manera tan rara… pensé que no pasaría nada. Hasta que me pidió que habláramos a solas. Me volvió a expresar sus sentimientos, y esta vez ya no podía negarme a lo que sentía por él. Se lo dije como pude, quizás torpe o graciosa, pero lo dije. Me sentía confundida, asustada… pero también feliz. Emocionada.
Entonces me pidió permiso para tomar mi mano. Solo reí y acepté. Cuando lo hizo, mi corazón se aceleró tanto que lo podía escuchar. Sentí como si estuviera sosteniendo algo valioso. Era una sensación cálida, inexplicable… pero que me gustó. Quedamos en intentar algo, a pesar de saber que primero debía buscar la aprobación de mi familia.
Ese día nos dimos nuestro primer beso. Lo recuerdo y sonrío, porque fue gracioso… no fue como lo había imaginado, pero fue bonito, único. Aquella noche me sentí como lo más valioso en sus manos. No tengo palabras para describirlo, pero lo sentía.
Luego llegó mi cumpleaños. Me citó más temprano de lo acordado y me regaló una rosa… que, por cierto, ya murió. ¿Será porque ya no había amor en ella? Hablamos, y ahí me di cuenta de que estaba enamorada. De verdad. Cada vez que lo veía me emocionaba, lo extrañaba… hasta mi mamá lo notó. No entendía por qué me pasaba todo eso, simplemente sucedía.
Ese día conoció a mis amigos. Quería que le agradaran. Fue raro, pero al final fue un buen día. En nuestras escapadas compartimos tantos besos… algunos fueron los mejores que he tenido. Recuerdo cuando me abrazó por la espalda y me susurró al oído: "Sabes que te amo". Me sorprendí. Le dije que no sabía bien lo que era ese sentimiento y que no podía responderle. Luego me dijo que yo era la única chica por la que había esperado tanto. No sabía si era algo bonito… o una forma de decirme otra cosa.
Ese día también me dijo que quería que conociera a su mamá. Que ella ya sabía de mí. Me contó una historia dura de su infancia… y ahí me enamoré más. Solo quería apoyarlo y hacerlo feliz.
Otro día, me pidió pasar por mi casa. Acepté. Fuimos al parque, jugamos, y de repente me abrazó por la espalda y me dijo que me había extrañado. Se sintió tan bonito… aunque me dio vergüenza porque había gente. Solo pude decir: "yo a ti". Luego nos sentamos, hablamos de cualquier cosa, y cuando intentó besarme, le dije que solo había salido para hablar y jugar. Hizo un puchero tan gracioso que me hizo reír. Me tomó la mano y se recostó en mi hombro. Momentos simples como ese me hacían sentir feliz y en paz.
Cuando nos fuimos, me abrazó como si se despidiera para siempre. Sentí algo raro… como un final. No sabía por qué.
Después, organicé una salida para jugar wally. Lo invité, aunque no quería que nos vieran como pareja hasta tener el permiso de mi mamá. Jugamos, nos reímos, y cuando nos fuimos, él me tomó de la mano. Todos nos vieron. Ya no podía ocultarlo. Me acompañó a tomar el trufi, me abrazó, me besó, y me volvió a decir que me amaba. Yo lo abracé fuerte… algo dentro de mí sabía que era el final, aunque no quería aceptarlo.
Ese mismo día, por WhatsApp, me preguntó qué éramos. Le respondí que no sabía, que qué decía él. Me dijo que ya me había dejado claros sus sentimientos y que no sabía cómo ser más claro. Sentí que era una despedida. Le dije que si queríamos seguir, tenía que ganarse a mi familia, pero que era un camino largo. Le pregunté si quería seguir conmigo o seguir con su vida. Esperaba que me dijera que lucharía por mí… pero no. Me dijo que la decisión era mía. Y ahí entendí que él no estaría.
Le dije que lo mejor era dejarlo ir… aunque me dolió el alma. Quería hablar en persona, pero él quiso terminar por mensaje. Lo acepté. Y así terminó nuestra historia… que ni siquiera había comenzado del todo.
Nos prometimos ser amigos, pero no fue sostenible. Ahora somos conocidos que a veces se hablan. Hasta ahora no quiero verlo de frente. No sé por qué… pero no puedo. Siento que me rompería. Estoy sanando, poco a poco. Viví cosas hermosas, pero me llevé una decepción muy grande.
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Reflexiones de mis días tristes:
Extrañar a alguien y no poder decírselo es como cavar un hoyo en el pecho. Se vuelve más profundo cada día y no hay forma de llenarlo, porque la mejor decisión para ambos fue dejarlo ir… o eso creíste. ¿Estás segura de que no cometiste un error? Sí… pero no. Lo sabes tú, pero tu corazón enamorado no lo entiende. ¿Cuánto más podrás soportar sin llorar? Lo extraño tanto: sus abrazos, sus caricias, sus besos, a él… ¿Cómo convierto todo eso en un recuerdo bonito que no duela? ¿Cuándo dejará de doler?
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Un mes después lo vi. Me dijo que ya tiene un nuevo amor. Me dolió. Como si mi corazón se rompiera del todo. Pero eso me despertó. Me ayudó a ver la realidad: que ya no hay esperanza, que no regresará.
Le deseo lo mejor… aunque lo odié un poco. Finalmente soy solo una amiga para él. Un recuerdo lejano. Me olvidó fácilmente, al parecer. Y no lo culpo. Yo misma le dije que encontraría a alguien mejor. Y lo hizo.
Hace dos días nos volvimos a encontrar. Charlamos como antes. Ya no sentí nervios, ni rabia. Solo calma. Por fin puedo seguir. Todavía reviso si ve mis estados… pero ya no espero nada. Estoy en paz. Me pareció extraña su forma de despedirse: acariciándome la cabeza. Pero no le di importancia.
Hoy, oficialmente, puedo decir que somos amigos. Y que estoy bien. Que fui fuerte. Que sané. Que él siempre será mi primer chico, el primero que me robó el corazón. Espero que, al menos, no olvide los momentos bonitos que vivimos.
P.D.: Para mi primer amor: A.
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