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Gratis · elegí una vozEn un mundo mágico donde los sueños se hacen realidad, vivían Aurora, siempre soñadora; Moana, la aventurera; Mario y Luigi, los fontaneros más divertidos del reino; Rapunzel, con su larguísima trenza; Lilo, la niña hawaiana con su inseparable Stitch; Mérida, la arquera valiente; Mulán, la guerrera astuta; Blanca Nieves, la amiga de los animales; Bella, la lectora empedernida; Alicia, la curiosa exploradora; Vilma, la picapiedra más moderna; Dino, un dinosaurio gigante pero muy amable; un curioso Alíen verde llamado Zorp; Cruella de Vil, que ahora amaba a los animales y vestía de colores; y la dulce Princesa Peach, que era famosa por sus deliciosas galletas.
Un día, la Princesa Peach horneó una enorme galleta de chocolate para celebrar la amistad. ¡Era tan grande que parecía un plato volador! La colocó en el centro de un jardín encantado, lleno de flores que cantaban y árboles que contaban chistes. Pero, ¡oh, no! Cuando todos llegaron al jardín, ¡la galleta había desaparecido!
"¡Oh, no! ¿Quién se ha comido mi galleta?", exclamó la Princesa Peach, con los ojos llenos de lágrimas.
"¡No te preocupes, Peach!", dijo Mario, "¡Mario y Luigi al rescate! Encontraremos al ladrón de galletas".
Luigi, tembloroso como una gelatina, añadió: "¡S-sí! ¡Lo encontraremos! Pero… ¿tenemos que entrar en el jardín encantado? ¡Da un poquito de miedo!"
El jardín encantado era un lugar peculiar. Los árboles contaban chistes malos: "¿Qué le dice un semáforo a otro? ¡No me mires, me estoy cambiando!" Los niños se reían, ¡incluso Luigi! Las flores cantaban canciones desafinadas, pero alegres. Zorp, el Alíen verde, observaba todo con sus grandes ojos brillantes, tomando notas en su libreta espacial.
"¡Quizás fueron los gnomos del jardín!", sugirió Blanca Nieves, mirando a los arbustos. "Son muy golosos".
Mérida, con su arco y flechas, apuntó a una ardilla que correteaba por un árbol. "O quizás esa ardilla hambrienta".
De repente, Rapunzel sintió algo tirando de su trenza. ¡Era Dino! El gran dinosaurio parecía avergonzado.
"¡Dino! ¿Sabes algo de la galleta?", preguntó Aurora, acercándose al dinosaurio.
Dino negó con la cabeza, pero de su boca salió una pequeña miga de chocolate.
"¡Ajá!", exclamó Mario. "¡Tenemos una pista!"
Todos siguieron las migas de chocolate, que los llevaron a un rincón del jardín donde encontraron… ¡a Cruella de Vil! Pero, ¡espera! Cruella no estaba comiendo la galleta. Estaba… ¡plantando flores!
"¿Cruella? ¿Qué estás haciendo?", preguntó Bella, sorprendida.
Cruella se sonrojó. "Bueno… estoy intentando cambiar. Me gusta cuidar las flores ahora. Pero… vi algo extraño… Una sombra enorme… con alas… se llevó la galleta".
"¿Una sombra con alas?", preguntó Mulán, intrigada.
En ese momento, Zorp, el Alíen verde, saltó emocionado. "¡He visto! ¡He visto! ¡Un Pterodáctilo gigante! ¡Robó la galleta! ¡Voló hacia la Montaña Chiflada!"
La Montaña Chiflada era un lugar peligroso, lleno de trampas y acertijos. Pero la Princesa Peach estaba decidida a recuperar su galleta.
"¡Vamos!", gritó Moana, subiéndose a su canoa mágica. "¡A la Montaña Chiflada!"
El viaje fue lleno de aventuras. Mario y Luigi saltaron sobre plataformas movedizas, Alicia resolvió acertijos lógicos, Vilma usó su fuerza para mover rocas gigantes y Lilo le dio un poco de su bocadillo a Dino.
Finalmente, llegaron a la cima de la Montaña Chiflada y encontraron al Pterodáctilo gigante… ¡compartiendo la galleta con sus crías!
"¡Hola!", dijo la Princesa Peach amablemente. "Veo que te gusta mi galleta. Pero, ¿por qué no me pediste un poco? Podría haber hecho más".
El Pterodáctilo, avergonzado, le devolvió el trozo de galleta que le quedaba.
"¡No te preocupes!", dijo Peach. "¡Haré más galletas para todos!"
Y así, todos regresaron al jardín encantado, donde la Princesa Peach horneó una montaña de galletas para todos, ¡incluso para el Pterodáctilo y sus crías! Cruella siguió plantando flores, Dino comió tantas galletas que le dolió la barriga y Zorp envió un mensaje a su planeta natal sobre la importancia de compartir. Y todos aprendieron que la amistad y una galleta de chocolate pueden resolver cualquier misterio. ¿Qué le dice un jardinero a otro? ¡Nos vemos, planta que tengo que irme!
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