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Gratis · elegí una vozHabía una vez en un pequeño pueblo llamado Villa Luna, un anciano llamado Don Eusebio. Don Eusebio era conocido por todos por su amabilidad y su amor por las estrellas. Cada noche, sin falta, Don Eusebio salía a caminar, observando el cielo nocturno con su viejo telescopio portátil. Le encantaba contar las estrellas y buscar constelaciones. Decía que las estrellas le contaban historias, historias de valientes caballeros, princesas encantadas y dragones dormidos.
Una noche, la luna brillaba especialmente radiante. Don Eusebio, emocionado, decidió alargar su paseo habitual. Caminó por el sendero que bordeaba el bosque, silbando una vieja melodía mientras miraba hacia arriba. De repente, ¡la luna desapareció! No es que se hubiera nublado el cielo, no. Simplemente, ¡ya no estaba!
Don Eusebio, extrañado, se detuvo. Frunció el ceño y se frotó los ojos. “¿Será que estoy soñando?”, se preguntó en voz alta. Volvió a mirar, pero la luna seguía sin estar. En su lugar, vio una pequeña luz parpadeante en el borde del bosque. La curiosidad, que era una de sus mayores virtudes, le picó. Decidió acercarse para investigar.
Con cuidado, Don Eusebio se adentró en el bosque. La luz parpadeaba cada vez más cerca. Pronto, llegó a un claro donde vio… ¡una ardilla! Pero no era una ardilla normal. Esta ardilla llevaba un pequeño casco con una linterna y sostenía en sus patitas ¡un pedazo de queso enorme!
“¡Buenas noches, Don Eusebio!”, saludó la ardilla, sorprendiendo al anciano. “Me llamo Chispa y soy la guardiana de la luna”.
Don Eusebio, aún boquiabierto, logró preguntar: “¿La guardiana de la luna? ¿Y qué ha pasado con la luna? ¡Ha desaparecido!”
Chispa suspiró. “Es una larga historia. Verá, la luna está hecha de queso lunar, un queso muy especial que solo se encuentra en el espacio. Cada noche, la luna se va haciendo más pequeña porque… ¡los ratones lunares se la comen!”
Don Eusebio se quedó sin palabras. ¡Ratones lunares comiendo la luna! Era la historia más increíble que había escuchado en su vida.
“Pero no se preocupe, Don Eusebio”, continuó Chispa. “Cada mes, tengo que subir a la luna con mi cohete espacial y reponer el queso lunar. Hoy, necesitaba un poco de ayuda para transportar un pedazo especialmente grande. ¿Le importaría ayudarme?”
Don Eusebio, encantado con la aventura, aceptó sin dudarlo. Chispa le explicó que el queso lunar era muy ligero y que no tendría problemas para llevarlo. Juntos, caminaron hasta una pequeña nave espacial escondida detrás de un gran árbol. Era una nave muy curiosa, hecha con latas y botellas recicladas.
Don Eusebio ayudó a Chispa a subir el pedazo de queso lunar a la nave. Luego, Chispa invitó a Don Eusebio a acompañarla en el viaje a la luna. Don Eusebio, emocionado como un niño, aceptó de inmediato.
El cohete despegó con un estruendo, iluminando el bosque con una luz brillante. Don Eusebio miraba por la ventana, maravillado con las estrellas y los planetas. Chispa le explicaba cosas sobre el espacio y los ratones lunares. El viaje fue corto, pero emocionante.
Al llegar a la luna, Don Eusebio vio a los ratones lunares, pequeños y traviesos, mordisqueando la superficie lunar. Chispa colocó el pedazo de queso lunar en el lugar donde faltaba y, al instante, ¡la luna volvió a brillar con toda su intensidad!
Los ratones lunares, agradecidos, le ofrecieron a Don Eusebio un trocito de queso lunar. Don Eusebio lo probó y descubrió que sabía a gloria. Era el queso más delicioso que había probado en su vida.
Después de un rato, Chispa y Don Eusebio regresaron a la Tierra. Chispa le agradeció a Don Eusebio su ayuda y le prometió que la próxima vez que necesitara ayuda, lo llamaría. Don Eusebio regresó a su casa, con el corazón lleno de alegría y una historia increíble para contar.
Desde esa noche, Don Eusebio siguió caminando por las noches, observando la luna y las estrellas. Pero ahora, sabía un secreto: la luna está hecha de queso lunar y es protegida por una ardilla muy especial llamada Chispa. Y cada vez que veía la luna llena, recordaba su aventura espacial y sonreía, sabiendo que él también era parte de la historia de la luna desaparecida.
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