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Gratis · elegí una vozUn día soleado, las dos primas, Julieta y Mía Siri, estaban en el jardín de la abuela jugando con sus bebés reborn. Julieta tenía a Sofía, con su carita rosada y su gorrito de conejito, y Mía Siri acunaba a Lucas, que tenía un mameluco azul con estrellitas. Ambas niñas, con sus corazones llenos de cariño, les estaban dando de comer papilla de manzana en pequeños biberones. Julieta hacía ruiditos de avión para que Sofía abriera la boca, y Mía Siri cantaba una suave canción de cuna a Lucas.
"¡Mira, Mía Siri! Sofía ya se comió toda su papilla!" exclamó Julieta, orgullosa.
"¡Lucas también! Es un bebé muy comelón," respondió Mía Siri, sonriendo.
De repente, un gato atigrado saltó desde el árbol de manzanas, provocando un pequeño susto a las primas. El gato, con sus ojos verdes brillantes, las observó por un momento y luego saltó al otro lado del jardín, desapareciendo entre los arbustos de rosas.
"¡Qué susto!" dijo Julieta, riendo nerviosamente.
"¡Sí!" respondió Mía Siri. "Bueno, vamos a poner a los bebés en sus cochecitos para que tomen una siesta."
Con cuidado, Julieta y Mía Siri acostaron a Sofía y Lucas en sus respectivos cochecitos, los cuales estaban a la sombra de un gran árbol de roble. Se aseguraron de que tuvieran sus mantitas y sus chupetes, y luego se sentaron en una manta cerca de ellos para vigilarlos.
"Vamos a jugar a las adivinanzas," propuso Julieta.
"¡Sí, me encanta!" dijo Mía Siri, entusiasmada.
Las primas se sumergieron en un juego de adivinanzas, riendo y pensando en las respuestas. Estaban tan absortas en su juego que, sin darse cuenta, el tiempo pasó volando.
Después de un rato, Julieta estiró sus brazos y bostezó. "Creo que ya es hora de ver si los bebés están despiertos," dijo.
Con una sonrisa, Julieta se levantó y caminó hacia el cochecito de Sofía. Pero, ¡oh, sorpresa! ¡Sofía no estaba allí! El cochecito estaba vacío, con la mantita y el chupete tirados a un lado.
"¡Mía Siri! ¡Mía Siri! ¡Sofía no está!" gritó Julieta, con el pánico en su voz.
Mía Siri se levantó de un salto y corrió hacia Julieta. Miró el cochecito vacío de Sofía y luego corrió hacia el cochecito de Lucas. ¡También estaba vacío! ¡Lucas había desaparecido!
"¡Lucas tampoco está! ¡Oh, no! ¿Dónde están nuestros bebés?" exclamó Mía Siri, con lágrimas en los ojos.
Las primas comenzaron a buscar frenéticamente por todo el jardín. Miraron detrás de los árboles, debajo de los arbustos, e incluso en la casita de juegos. Pero Sofía y Lucas no estaban en ninguna parte.
"¡Abuela! ¡Abuela!" gritaron las niñas al unísono.
La abuela, que estaba tejiendo en el porche, salió corriendo al jardín, preocupada. "¿Qué pasa, niñas? ¿Por qué gritan así?"
"¡Abuela, Sofía y Lucas han desaparecido! Estábamos jugando y cuando fuimos a verlos, ¡ya no estaban en sus cochecitos!" explicó Julieta, sollozando.
La abuela, con su calma y experiencia, les dijo: "Tranquilas, niñas. No se preocupen. Vamos a buscarlos juntas. Seguramente están jugando a las escondidas."
La abuela se unió a la búsqueda, revisando cada rincón del jardín con atención. De repente, Mía Siri escuchó un pequeño sonido que venía del cobertizo de herramientas.
"¡Abuela, Julieta! ¡Creo que los escucho!" dijo Mía Siri, señalando hacia el cobertizo.
Con cuidado, la abuela abrió la puerta del cobertizo. Y allí, en medio de las herramientas y los maceteros, estaban Sofía y Lucas, sentados uno al lado del otro, jugando con un ovillo de lana azul. El gato atigrado estaba acurrucado a su lado, ronroneando suavemente.
"¡Sofía! ¡Lucas!" gritaron Julieta y Mía Siri, aliviadas.
Las primas corrieron a abrazar a sus bebés reborn. Resulta que, mientras las niñas jugaban a las adivinanzas, el gato atigrado había empujado los cochecitos hasta el cobertizo y, al ver los ovillos de lana, Sofía y Lucas (en la imaginación de las niñas) habían bajado de sus cochecitos para jugar con ellos.
La abuela sonrió al ver a las niñas tan felices. "Ven, niñas," dijo. "Vamos a llevar a Sofía y Lucas de vuelta a sus cochecitos y luego les prepararé un delicioso pastel de manzana."
Julieta y Mía Siri, con sus bebés reborn de nuevo en sus brazos, aprendieron ese día que, aunque a veces las cosas parecen desaparecer, con un poco de paciencia y la ayuda de la abuela, siempre se pueden encontrar. Y, sobre todo, aprendieron a no dejar a sus bebés reborn solos, ¡ni siquiera por un momento!
Desde ese día, Julieta y Mía Siri siempre vigilaban de cerca a Sofía y Lucas cuando jugaban en el jardín. Y aunque el gato atigrado todavía las visitaba de vez en cuando, las primas se aseguraban de que no se llevara a sus bebés a ninguna otra aventura misteriosa.
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