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Gratis · elegí una vozTito era un gato café, no un café oscuro como el expreso, sino un café con leche suave y calentito. Tenía ojos grandes y verdes, una nariz rosada y un bigote largo y blanco que siempre se movía con curiosidad. Tito vivía en una casa grande con un jardín lleno de flores y mariposas. Le encantaba dormir siestas al sol, cazar mariposas (aunque nunca atrapaba ninguna) y, sobre todo, jugar con su ovillo de lana rojo.
Un día, Tito se despertó de su siesta y notó algo extraño. ¡Su bigote! ¡Uno de sus bigotes había desaparecido! Estaba tieso y apuntando hacia arriba de un lado, pero del otro, ¡nada! Un vacío bigotil. Tito se miró en el reflejo de una tetera brillante. "¡Oh, no!" exclamó, con la voz más suave que un gato café podía tener. "¿Dónde está mi bigote?"
Decidió que tenía que resolver el misterio del bigote desaparecido. Primero, inspeccionó el lugar de la siesta. Revisó cada rincón de la alfombra, olfateó debajo de la silla y hasta miró dentro de su plato de leche (¡puaj!). Nada. Su bigote no estaba por ningún lado.
Así que Tito salió al jardín. La primera criatura que encontró fue a una mariquita, sentada tranquilamente sobre una rosa roja. "Disculpa, señora mariquita," dijo Tito educadamente. "¿Has visto mi bigote? Se ha perdido uno y estoy muy preocupado."
La mariquita parpadeó sus pequeñas antenas. "¿Tu bigote? Mmm, no, gatito. Lo siento. Pero he visto a la ardilla traviesa correteando por ahí hoy. Quizás ella sepa algo."
Tito agradeció a la mariquita y se dirigió hacia el gran roble donde la ardilla solía esconder sus nueces. Encontró a la ardilla, que se llamaba Susi, ocupada enterrando una bellota. "Susi," dijo Tito, tratando de sonar serio. "¿Has visto mi bigote? Ha desaparecido."
Susi dejó caer la bellota y miró a Tito con ojos brillantes. "¿Tu bigote? ¡Oh, qué pena!" dijo Susi. "No lo he visto, pero escuché al conejito Benito hablando de algo blanco y brillante que encontró en el jardín. Quizás sea tu bigote."
Tito sintió una chispa de esperanza. Agradeció a Susi y corrió hacia la madriguera de Benito el conejo. Benito estaba sentado en la entrada, mordisqueando una zanahoria. "Benito," jadeó Tito. "¿Has encontrado algo blanco y brillante en el jardín? ¡Podría ser mi bigote!"
Benito dejó caer la zanahoria y miró a Tito con sus grandes ojos redondos. "¡Oh, sí!" dijo Benito. "Encontré algo blanco y brillante. ¡Lo usé para decorar mi madriguera! Ven, te lo mostraré."
Benito llevó a Tito a su madriguera. Tito se arrastró detrás de él, con el corazón latiendo con fuerza. Dentro de la madriguera, vio... ¡su bigote! Estaba pegado a la pared con un poco de barro, ¡y se veía muy elegante!
"¡Mi bigote!" exclamó Tito, aliviado. "Benito, ¿por qué pegaste mi bigote a tu pared?"
Benito se encogió de hombros. "Pensé que era una pluma muy bonita," dijo Benito. "Quería que mi madriguera se viera más bonita."
Tito suspiró. No estaba enojado con Benito. Sabía que Benito era un conejo bien intencionado, aunque un poco despistado. "Benito," dijo Tito suavemente. "Ese es mi bigote. Lo necesito para sentir las cosas y para saber si puedo pasar por lugares estrechos."
Benito pareció arrepentido. "Oh," dijo Benito. "Lo siento mucho, Tito. No sabía que era tan importante." Con cuidado, despegó el bigote de la pared y se lo devolvió a Tito.
Tito se lamió el bigote y lo pegó de nuevo a su cara. ¡Ah, qué alivio! Todo estaba en su lugar otra vez. Se sentía completo. "Gracias, Benito," dijo Tito. "Estoy muy contento de tener mi bigote de vuelta."
Benito sonrió. "De nada, Tito. Me alegro de haberte ayudado."
Tito regresó a casa, sintiéndose muy feliz. Había resuelto el misterio del bigote desaparecido y había aprendido que incluso las ardillas y los conejos más traviesos pueden ser amables. Se acurrucó en su alfombra favorita y se quedó dormido, soñando con mariposas, ovillos de lana y, por supuesto, su bigote café con leche y blanco.
Al día siguiente, Tito encontró a Susi la ardilla y a Benito el conejo jugando juntos cerca del roble. Se unió a ellos y pasaron una tarde maravillosa jugando a las escondidas y compartiendo zanahorias. Tito se dio cuenta de que tener un bigote era genial, pero tener amigos era aún mejor. Y desde ese día, Tito, Susi y Benito fueron los mejores amigos, y siempre estaban listos para ayudar a resolver cualquier misterio, ¡incluso el misterio de un bigote desaparecido!
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