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Coco, Beto, Milo y Chena eran los mejores amigos del mundo. Vivían en un pequeño pueblo rodeado de campos de flores y árboles frutales. A Coco le encantaba dibujar, Beto era un experto construyendo cosas con bloques, Milo era el rey de los chistes (¡aunque a veces no daban risa!), y Chena tenía una nariz para las aventuras, ¡nunca se perdía de nada!
Un sábado por la mañana, la abuela de Coco, Abuela Elena, horneó un delicioso pastel de fresas. El aroma inundó toda la casa y llegó hasta el jardín donde los cuatro amigos jugaban a las escondidas. "¡Mmm, huele delicioso!" exclamó Milo, frotándose la barriga. "¡Es el pastel de fresas de la Abuela Elena! ¡El mejor del mundo!" respondió Coco, con los ojos brillantes.
La Abuela Elena sacó el pastel del horno y lo dejó enfriar en la ventana. "¡Chicos, tengan cuidado con el pastel!" les advirtió, antes de ir a regar sus plantas. Los cuatro amigos prometieron vigilarlo, pero la tentación era muy grande. El pastel, con su glaseado rosado y fresas brillantes, parecía llamarlos a gritos.
Después de un rato, Beto dijo: "Tengo una idea. ¿Por qué no construimos una fortaleza de bloques para proteger el pastel?" A todos les pareció una idea genial. Rápidamente, comenzaron a construir una impresionante fortaleza alrededor de la ventana. Coco dibujó un cartel que decía: "¡PELIGRO! ¡PASTEL PROTEGIDO!" y lo pegó en la puerta de la fortaleza.
Mientras construían, Milo contaba chistes sin parar. "¿Qué le dice un pastel a otro pastel? ¡Nos vemos en la merienda!" Nadie se reía mucho, pero Milo seguía intentándolo. Chena, con su aguda vista, notó algo extraño. "¡Miren!" exclamó, señalando hacia el jardín. "¡Hay huellas de ardilla cerca de la ventana!"
Ignorando el rastro de la ardilla, los amigos terminaron su fortaleza. Orgullosos de su trabajo, fueron a jugar al columpio. Pasó una hora, y cuando volvieron a la cocina, ¡horror! ¡El pastel había desaparecido! El plato estaba vacío y solo quedaban unas migajas sospechosas.
"¡El pastel! ¡Desapareció!" gritó Coco, con lágrimas en los ojos. "¡Pero cómo pudo ser! ¡La fortaleza era impenetrable!" exclamó Beto, examinando su construcción. Milo, por primera vez, se quedó sin chistes. Chena, con su instinto detective, comenzó a investigar.
"¡Miren!" dijo Chena, señalando hacia la ventana. "Hay una pequeña grieta en la fortaleza, justo debajo de la ventana. Y también hay… ¡pelos de ardilla!" Todos siguieron la mirada de Chena y se dieron cuenta de que una ardilla astuta había encontrado una manera de entrar en la fortaleza y robar el pastel.
"¡Pero cómo pudo comerse todo el pastel!" preguntó Beto, incrédulo. Chena sonrió. "No creo que se lo haya comido todo ella sola. ¡Miren! Hay más huellas de ardilla que van hacia el árbol grande del jardín." Los cuatro amigos corrieron hacia el árbol y allí, ¡sorpresa! Vieron a un grupo de ardillas disfrutando de un festín de pastel de fresas. ¡Había pastel por todas partes!
Coco, Beto y Milo se sintieron un poco decepcionados, pero Chena no se rindió. "¡Esperen! Tengo una idea", dijo Chena. Rápidamente recogió algunas fresas del jardín y las ofreció a las ardillas. Las ardillas, encantadas, dejaron de comer pastel y comenzaron a comer las fresas frescas.
Mientras las ardillas disfrutaban de las fresas, Chena explicó su plan. "Si les damos fresas a las ardillas, tal vez dejen algo de pastel para nosotros." Los amigos siguieron el plan de Chena y, después de un rato, las ardillas, satisfechas con las fresas, dejaron un trozo considerable de pastel. No era el pastel entero, pero era suficiente para que los cuatro amigos lo compartieran con la Abuela Elena.
Cuando la Abuela Elena regresó, se sorprendió al ver a las ardillas comiendo fresas y a los niños con un trozo de pastel. Chena le explicó toda la historia, desde la construcción de la fortaleza hasta el robo del pastel por las ardillas. La Abuela Elena se echó a reír. "¡Qué aventura!" dijo. "Lo importante es que aprendieron a trabajar juntos y a compartir." Y así, Coco, Beto, Milo y Chena disfrutaron del trozo de pastel de fresas, sabiendo que la amistad y la aventura son los mejores ingredientes de cualquier pastel.
Al día siguiente, la Abuela Elena horneó otro pastel de fresas, esta vez con una jaula protectora alrededor. Y esta vez, invitó a las ardillas a compartir un poco, ¡pero solo un poquito!
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