Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozEra una noche tranquila en Villa Miau. La luna brillaba con fuerza, iluminando los tejados de las casitas. En una de esas casas, vivía un gatito llamado Bigotes. Bigotes no era un gatito cualquiera; era un gatito muy curioso y, a veces, un poco travieso. Tenía un pelaje suave como la seda, de color blanco con manchas atigradas, y unos ojos grandes y verdes que brillaban con picardía.
La señora Emilia, la dueña de Bigotes, era una señora muy amable y cariñosa. Le gustaba consentir a su gatito con todo tipo de golosinas, especialmente con queso. Tenía una despensa llena de quesos deliciosos: queso manchego, queso brie, queso cheddar… ¡Un paraíso para un gatito amante del queso!
Esa noche, la señora Emilia había dejado un trozo de queso gouda en la encimera de la cocina. Era un queso holandés con un olor muy apetitoso. Lo había reservado para preparar unos sándwiches al día siguiente. Pero, ¡ay!, no contaba con la astucia de Bigotes.
Bigotes, después de cenar su plato de pescado, sintió un aroma irresistible que flotaba en el aire. Era el aroma del queso. Su pequeño estómago ronroneó de emoción. Con sigilo, como un pequeño ninja gatuno, se acercó a la cocina. La puerta estaba entreabierta, y una fina línea de luz se colaba por la rendija.
Bigotes empujó la puerta con su patita y entró en la cocina. Sus ojos se posaron inmediatamente en el trozo de queso gouda que descansaba sobre la encimera. Era grande, amarillo y brillante. ¡Perfecto!
“Miau…”, murmuró Bigotes, relamiéndose los bigotes. “Este queso es mío”.
Pero la encimera era alta, demasiado alta para que Bigotes pudiera alcanzarla. Primero intentó saltar, pero no llegó. Luego, intentó trepar por la pata de la mesa, pero era demasiado resbaladiza. Bigotes no se rendía. Era un gatito persistente.
Miro a su alrededor y vio una silla. ¡Una silla! ¡Esa era la solución! Con cuidado, empujó la silla hasta colocarla justo debajo de la encimera. Luego, saltó sobre la silla y, desde allí, se impulsó hasta alcanzar el queso.
¡Lo había logrado! Bigotes estaba ahora frente al trozo de queso gouda. Lo olisqueó con deleite y le dio un pequeño mordisco. ¡Qué sabor tan delicioso! Era cremoso, salado y ligeramente dulce. Bigotes no pudo resistirse. Empezó a comer queso sin parar.
Comió y comió, hasta que su pequeño estómago estuvo a punto de explotar. El queso estaba tan bueno que no podía dejar de comer. Cuando finalmente terminó, sólo quedaban unas pequeñas migajas sobre la encimera.
Satisfecho y con la barriga llena, Bigotes bajó de la encimera con cuidado y se dirigió, tambaleándose un poco, hacia su cama. Se acurrucó en su cojín favorito y cerró los ojos. Pronto, se quedó profundamente dormido, soñando con montañas de queso gouda.
A la mañana siguiente, la señora Emilia se levantó temprano para preparar los sándwiches. Entró en la cocina y se dirigió hacia la encimera para tomar el queso. Pero, ¡oh, sorpresa! ¡El queso había desaparecido!
“¿Dónde está el queso?”, se preguntó la señora Emilia, mirando a su alrededor. Buscó por toda la cocina, pero no encontró ni rastro del queso gouda. Estaba desconcertada. ¿Quién se había comido el queso?
Entonces, su mirada se posó en Bigotes, que dormía plácidamente en su cojín. Lo observó con detenimiento y vio que tenía unas pequeñas migajas de queso pegadas a sus bigotes. ¡Ajá! ¡El misterio estaba resuelto!
La señora Emilia sonrió. No podía enfadarse con Bigotes. Sabía que le encantaba el queso y que, probablemente, no había podido resistirse a la tentación. Se acercó a Bigotes y lo acarició suavemente.
“Bigotes, gatito travieso”, le dijo la señora Emilia con cariño. “Te has comido todo el queso, ¿verdad?”.
Bigotes abrió un ojo y miró a la señora Emilia con cara de inocente. “Miau…”, respondió, como si no supiera nada.
La señora Emilia rió. Sabía que Bigotes estaba mintiendo, pero no le importaba. Le preparó un nuevo plato de comida y le dio un abrazo. Bigotes ronroneó feliz, agradecido por el cariño de su dueña.
Desde aquella noche, la señora Emilia guardó el queso en un lugar seguro, fuera del alcance de Bigotes. Pero, de vez en cuando, le daba un pequeño trozo como premio por ser un gatito tan adorable, aunque un poco travieso. Y Bigotes, por su parte, aprendió que, aunque el queso es delicioso, es mejor pedirlo que robarlo. Y así, Bigotes y la señora Emilia vivieron felices para siempre en Villa Miau, compartiendo su amor y su afición por el queso (con moderación, claro está).
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
El cuento de la semana
Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

El gato Catnap y la lección mágica
En el bosque encantado, el travieso gato Catnap aprende una valiosa lección: ser amable y respetuoso con los demás es mucho más divertido que jugar malas bromas.

La torta mágica de Nadia
Nadia celebra su cumpleaños cocinando una torta especial con la ayuda traviesa y cariñosa de sus gatos Agatha y Gaspar.

El baile de la amistad en Villa Ratonia
En Villa Ratonia, el gato Federico organiza un baile para vencer el miedo de los ratones y forjar amistades sinceras.

El niño que liberó a América Latina
"La historia de Simón Bolívar, desde sus travesuras infantiles hasta convertirse en El Libertador de América Latina. "

Los gatos rebeldes
Cuatro gatos traviesos se ven envueltos en un lío al desobedecer las reglas, pero aprenden sobre la solidaridad y responsabilidad.

Pancho y las zanahorias protegidas
Pancho, un conejo ingenioso, evita ser engañado por el astuto zorro Zafiro y protege sus preciadas zanahorias con valentía.

El Ratón, el Gato y el Señor de la Casa: El Queso Codiciado
El astuto ratón Quiqui anhela el queso guardado por el señor de la casa, pero el astuto gato Minino lo vigila. Quiqui idea un plan para robar el queso, pero su persecución desenfrenada atrae la atención del señor de la casa, quien finalmente comparte el queso con sus dos mascotas.

Capó el loro travieso
Capó, un loro travieso del bosque, gasta bromas a los demás animales, pero aprende una valiosa lección sobre el respeto y la amabilidad después de asustar a un grupo de conejos.

Las Aventuras de José Luis, el Niño Travieso
José Luis, un niño travieso, se mete en problemas con sus travesuras, pero también aprende valiosas lecciones sobre la importancia de escuchar a los adultos y tratar a los demás con amabilidad.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



