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Gratis · elegí una vozEn un pueblito escondido entre montañas, vivía un maestro llamado Luis Mondragón. Un día, se le ocurrió una idea extraña: ¡crear un monstruo! No un monstruo peludo y con garras, sino un monstruo hecho de malas calificaciones y evaluaciones injustas. Decidió escribir un diario, llamándolo "Cómo Crear un Monstruo en 22 Días", para registrar su experimento.
Día 1: Culpar al alumno.
"Hoy," escribió Mondragón, "decidí que si los alumnos no aprenden, ¡es su culpa, no mía!" Cuando un niño preguntó por qué no entendía, Mondragón le respondió: "¿Por qué no entiendes esto? ¡Es tan fácil!" El niño bajó la cabeza, triste. Mondragón pensó: "¡Es culpa suya por no querer aprender!"
Día 2: Solo importa el resultado.
"Hoy," continuó Mondragón en su diario, "subí las evaluaciones sin fijarme en el esfuerzo que hicieron. ¡Solo las respuestas correctas valen!" Vio a algunos niños frustrados, pero no le importó.
Día 3: Evaluar solo conocimientos.
"Hoy," escribió, "hice un examen lleno de preguntas teóricas. ¡No me importó si sabían trabajar en equipo o resolver problemas de la vida real! El conocimiento es lo único importante."
Día 4: Ignorar aprendizajes no previstos.
"Hoy," anotó Mondragón, "revisé sus tareas buscando solo lo que yo había pedido. Algunos trabajos tenían ideas interesantes, ¡pero las descarté porque no eran lo que yo quería!" Supo que algunas madres trabajaban hasta tarde para ayudar a sus hijos, pero no le importó.
Día 5: Fijarse solo en lo visible.
"Hoy," escribió, "solo busqué resultados que se pudieran ver fácilmente. ¡Las ideas y los pensamientos no cuentan! Una niña quiso explicarme cómo había llegado a su respuesta, ¡pero no la dejé!"
Día 6: Destacar lo negativo.
"Hoy," anotó, "puse notas rojas en todos los errores y no dije nada bueno sobre lo que habían hecho bien." Una niña rompió su hoja al final de la clase. Mondragón pensó: "¡Se sintió derrotada!"
Día 7: Etiquetar a las personas.
"Hoy," escribió Mondragón, "clasifiqué a los alumnos como los listos y los que no se esfuerzan. ¡Lo dije en voz alta!" La clase se puso muy tensa.
Día 8: Ignorar el contexto.
"Hoy," continuó, "hice preguntas sobre cosas que los alumnos nunca habían visto. ¡No importa si no lo conocen, deben aprenderlo de alguna manera!, les dije." Nadie pudo responder.
Día 9: Reducir todo a números.
"Hoy," anotó, "califiqué todo con promedios. Al final, me di cuenta de que los números no decían nada sobre quién realmente había aprendido, ¡pero es lo que el sistema pide! Y así los padres se mantienen callados."
Día 10: Usar herramientas inadecuadas.
"Hoy," escribió, "evalué una presentación oral con una rúbrica para escribir. ¡Los resultados no tenían sentido! Pero no me molesté en arreglarlo."
Día 11: Contradecir la enseñanza.
"Hoy," continuó Mondragón, "pregunté cosas que nunca vimos en clase. ¡Si lo buscan en el libro, deberían saberlo!, les dije." Todos entregaron sus hojas en blanco.
Día 12: Promover la competencia desleal.
"Hoy," escribió, "premié a los mejores y me burlé un poco de los que no destacaron. ¡Aprendan de ellos si quieren mejorar!, les dije." Algunos niños se veían tristes. Los listos se burlaron de los burros, pero Mondragón pensó que quizás los burros sabían más, quizá los listos hicieron trampa en el examen.
Día 13: Estereotipar a los alumnos.
"Hoy," anotó, "pensé que los alumnos que no suelen tener buenas notas iban a fallar, ¡así que casi ni revisé sus trabajos!" Creyó que algunos se habían esforzado, pero no le importó.
Día 14: No actuar éticamente.
"Hoy," escribió Mondragón, "sabía que los listos y los consentidos me traerían un regalo si sacaban diez, ¡así que les puse un examen muy fácil! Y a los burros, un examen con los conocimientos de la clase." ¡Qué buenos regalos recibió!
Día 15: Usar la evaluación como castigo.
"Hoy," escribió, "amenacé con reprobar a quienes no participaran. ¡Participaron por miedo, no por interés!"
Día 16: Mantener lo tradicional.
"Hoy," continuó, "evalué como siempre lo he hecho, sin pensar si funciona o no. ¡Así me enseñaron, así enseño yo!, me dije a mí mismo."
Día 17: Evaluar en una sola dirección.
"Hoy," escribió, "solo yo evalué. Los alumnos no pudieron decirme qué pensaban ni opinar sobre los criterios. Al final, yo nunca e podido evaluar a mi supervisora."
Día 18: No buscar opiniones externas.
"Hoy," anotó, "no pedí ayuda a otros maestros para ser mejor. ¡Yo sé cómo evaluar!, pensé."
Día 19: Evitar la autoevaluación.
"Hoy," escribió, "no pensé en cómo lo estaba haciendo yo. Solo me fijé en los errores de los alumnos, sin pensar en los míos."
Día 20: Evaluar fuera de tiempo.
"Hoy," continuó, "hice un examen cuando los alumnos no estaban listos. ¿Por qué no están listos?, pregunté, ¡pero yo no les había dado tiempo para aprender!"
Día 21: Evaluar solo por trámite.
"Hoy," escribió, "llené documentos sin pensar en por qué estaba evaluando. ¡Solo tenía que hacerlo!"
Día 22: No hacer metaevaluación.
"Hoy," anotó Mondragón, "terminé el experimento sin pensar si mis evaluaciones fueron justas o útiles. No me preocupé por ser mejor. Hacen como que me pagan, hago como que trabajo."
Al final, Mondragón vio a sus alumnos: tristes, inseguros y con miedo a equivocarse. ¡Había creado un monstruo! Pero se dio cuenta de que el monstruo no eran ellos... ¡el monstruo era él!
Recordó por qué había empezado este experimento: ¡para destruir el monstruo que lo había atormentado durante años! Su propio maestro le había dicho: "¡Tú nunca podrás ser maestro, eres un burro!" Ahora, viendo el monstruo que había creado, decidió destruirlo y prometerse a sí mismo evaluar siempre con cariño, justicia y con un buen propósito.
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