Cuento corto para niños

El Monstruo de las Calificaciones y el Maestro Mondragón

El maestro Mondragón realiza un experimento de 22 días aplicando malas prácticas de evaluación a sus alumnos, con el objetivo de crear un "monstruo" de desmotivación e inseguridad. Al final, se da cuenta de que el verdadero monstruo no son los alumnos, sino él mismo, y decide cambiar sus métodos para siempre.

A partir de: Cómo Crear un Monstruo en 22 Días (Un diario para reflexionar sobre la evaluación educativa escrito por el frankestein “Mondragon”) En una localidad lejana un maestro llamado Luis Mondragon, decidió realizar un experimento para explorar cómo ciertas prácticas de evaluación podían afectar a sus alumnos y así crear un monstruo del cual muchos estarían apenados de ver y otros quizás orgullosos o mucho peor indiferentes. Cada día, durante 22 días, aplicó una mala práctica, aunque parecía un experimento sin importancia, pronto se dio cuenta del impacto negativo que tenía. Este diario recoge su experiencia, y debes tener mente abierta para leerlo y no juzgarlo. Día 1: Culpar al alumno. Hoy decidí evaluar únicamente a los alumnos, si no aprenden, es su culpa, no mía ni del sistema. "¿Por qué no entiendes esto? Es tan fácil", les dije, algunos bajaron la mirada, otros parecían molestos, y todo es culpa de ellos porque no quieren aprender. Día 2: Solo importa el resultado. Subí las evaluaciones sin mirar sus esfuerzos, las respuestas correctas valen, lo demás no importa, vi a algunos frustrados, pero seguí adelante. Día 3: Evaluar solo conocimientos. Hoy hice un examen teórico, ignoré por completo si sabían trabajar en equipo o resolver problemas prácticos, total, el conocimiento es lo único relevante, ¿no? Día 4: Ignorar aprendizajes no previstos. Revisé sus tareas buscando solo lo que estaba en mis objetivos, aunque algunos trabajos mostraban ideas interesantes, los descarté porque no era lo que pedí, sabia que las madres de algunos trabajan toda la tarde. Día 5: Fijarse solo en lo visible. Hoy busqué solo resultados tangibles, reflexiones, ideas o procesos no cuentan, una alumna quiso explicarme su razonamiento, pero no le di oportunidad. Día 6: Destacar lo negativo. Puse notas rojas en los errores y no mencioné lo que hicieron bien, una alumna rompió su hoja al final, creo que se sintió derrotada. Día 7: Etiquetar a las personas. Dediqué tiempo a clasificar a los alumnos: "los listos" y "los que no se esfuerzan", lo dije en voz alta. El ambiente en clase se volvió tenso. Día 8: Ignorar el contexto. Hice preguntas sobre situaciones que los alumnos no conocían, “No importa si nunca lo han visto, deben aprenderlo de alguna manera”, les dije, no lograron responder nada. Día 9: Reducir todo a números. Hoy califiqué con puros promedios, al final, me di cuenta de que los números no decían nada sobre quiénes realmente habían aprendido, pero eso es lo que el sistema pide, y mantiene a los padres callados. Día 10: Usar herramientas inadecuadas. Evalué una exposición oral con una rúbrica de escritura, los resultados no tenían sentido, pero no me detuve a corregirlo. Día 11: Contradecir la enseñanza. Pregunté cosas que nunca vimos en clase. "Si lo buscan en el libro, deberían saberlo", les dije, me respondieron con hojas en blanco. Día 12: Promover la competencia desleal. Hoy premié a los mejores y me burlé un poco de los que no destacaron. “Aprendan de ellos si quieren mejorar”, les dije. Vi algunos rostros desmotivados, pero igual entregue los premios prometidos, los listos se burlaron de los burros, pero creo que los burros sabían más que los listos, quizás hicieron trampa en el examen. Día 13: Estereotipar a los alumnos. Di por sentado que los de bajo rendimiento fallarían, así que casi ni revisé sus trabajos, creo que algunos hicieron un buen esfuerzo, pero no lo valoré. Día 14: No actuar éticamente. Sabia que los listos y los consentidos me traerían un premio si sacaban diez así que les puse un examen muy fácil, y a los burros, un examen con los conocimientos de la clase, que buenos fueron los regalos que recibí. Día 15: Usar la evaluación como castigo. Amenacé con reprobar a quienes no participaran, lo hicieron por miedo, no por interés genuino. Día 16: Mantener lo tradicional. Hoy evalué como siempre lo he hecho, sin cuestionarme si los métodos siguen siendo relevantes. “Así me enseñaron, así enseño yo”, me repetí. Día 17: Evaluar en una sola dirección. Solo yo evalué, los alumnos no pudieron darme retroalimentación ni opinar sobre los criterios, al final de cuentas yo cuando e podido evaluar a mi supervisora. Día 18: No buscar opiniones externas. Nunca pedí ayuda a mis colegas para mejorar mis prácticas. "Yo sé cómo evaluar", pensé. Día 19: Evitar la autoevaluación. Hoy no reflexioné sobre mi desempeño, me concentré en los errores de los alumnos sin pensar en los míos. Día 20: Evaluar fuera de tiempo. Apliqué una prueba en un momento en que los alumnos no estaban preparados. "¿Por qué no están listos?", pregunté, pero yo no les di el tiempo necesario para aprender. Día 21: Evaluar solo por trámite. Hoy llené documentos sin pensar en el propósito de la evaluación, era solo cumplir con un requisito. Día 22: No hacer metaevaluación. Terminé el ciclo sin reflexionar sobre si mis evaluaciones fueron justas o útiles, no me preocupé por mejorar, hacen como que me pagan, hago como que trabajo. Al final del experimento, Mondragon miró los rostros de sus alumnos: desmotivados, inseguros y con miedo a equivocarse, comprendió que la evaluación no solo mide, sino que forma o deforma el aprendizaje, al fin había cumplido crear ese tan deseado monstruo, pero sorpresa, el monstruo era él mismo. Viendo tal creación de horror, recordó por qué decidió realizar este experimento, y es que tenía que destruir este monstruo que durante años fue su pesadilla, ya que el maestro del profe Mondragon fue ese monstruo que un día le dijo “tú nunca podrás ser maestro, eres un burro” así que ahora tras ver este monstruo listo decidió destruirlo y siempre conservar el compromiso de evaluar con empatía, justicia y propósito.

Empezar a leerPublicado el 14/04/2026

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En un pueblito escondido entre montañas, vivía un maestro llamado Luis Mondragón. Un día, se le ocurrió una idea extraña: ¡crear un monstruo! No un monstruo peludo y con garras, sino un monstruo hecho de malas calificaciones y evaluaciones injustas. Decidió escribir un diario, llamándolo "Cómo Crear un Monstruo en 22 Días", para registrar su experimento.

Día 1: Culpar al alumno.

"Hoy," escribió Mondragón, "decidí que si los alumnos no aprenden, ¡es su culpa, no mía!" Cuando un niño preguntó por qué no entendía, Mondragón le respondió: "¿Por qué no entiendes esto? ¡Es tan fácil!" El niño bajó la cabeza, triste. Mondragón pensó: "¡Es culpa suya por no querer aprender!"

Día 2: Solo importa el resultado.

"Hoy," continuó Mondragón en su diario, "subí las evaluaciones sin fijarme en el esfuerzo que hicieron. ¡Solo las respuestas correctas valen!" Vio a algunos niños frustrados, pero no le importó.

Día 3: Evaluar solo conocimientos.

"Hoy," escribió, "hice un examen lleno de preguntas teóricas. ¡No me importó si sabían trabajar en equipo o resolver problemas de la vida real! El conocimiento es lo único importante."

Día 4: Ignorar aprendizajes no previstos.

"Hoy," anotó Mondragón, "revisé sus tareas buscando solo lo que yo había pedido. Algunos trabajos tenían ideas interesantes, ¡pero las descarté porque no eran lo que yo quería!" Supo que algunas madres trabajaban hasta tarde para ayudar a sus hijos, pero no le importó.

Día 5: Fijarse solo en lo visible.

"Hoy," escribió, "solo busqué resultados que se pudieran ver fácilmente. ¡Las ideas y los pensamientos no cuentan! Una niña quiso explicarme cómo había llegado a su respuesta, ¡pero no la dejé!"

Día 6: Destacar lo negativo.

"Hoy," anotó, "puse notas rojas en todos los errores y no dije nada bueno sobre lo que habían hecho bien." Una niña rompió su hoja al final de la clase. Mondragón pensó: "¡Se sintió derrotada!"

Día 7: Etiquetar a las personas.

"Hoy," escribió Mondragón, "clasifiqué a los alumnos como los listos y los que no se esfuerzan. ¡Lo dije en voz alta!" La clase se puso muy tensa.

Día 8: Ignorar el contexto.

"Hoy," continuó, "hice preguntas sobre cosas que los alumnos nunca habían visto. ¡No importa si no lo conocen, deben aprenderlo de alguna manera!, les dije." Nadie pudo responder.

Día 9: Reducir todo a números.

"Hoy," anotó, "califiqué todo con promedios. Al final, me di cuenta de que los números no decían nada sobre quién realmente había aprendido, ¡pero es lo que el sistema pide! Y así los padres se mantienen callados."

Día 10: Usar herramientas inadecuadas.

"Hoy," escribió, "evalué una presentación oral con una rúbrica para escribir. ¡Los resultados no tenían sentido! Pero no me molesté en arreglarlo."

Día 11: Contradecir la enseñanza.

"Hoy," continuó Mondragón, "pregunté cosas que nunca vimos en clase. ¡Si lo buscan en el libro, deberían saberlo!, les dije." Todos entregaron sus hojas en blanco.

Día 12: Promover la competencia desleal.

"Hoy," escribió, "premié a los mejores y me burlé un poco de los que no destacaron. ¡Aprendan de ellos si quieren mejorar!, les dije." Algunos niños se veían tristes. Los listos se burlaron de los burros, pero Mondragón pensó que quizás los burros sabían más, quizá los listos hicieron trampa en el examen.

Día 13: Estereotipar a los alumnos.

"Hoy," anotó, "pensé que los alumnos que no suelen tener buenas notas iban a fallar, ¡así que casi ni revisé sus trabajos!" Creyó que algunos se habían esforzado, pero no le importó.

Día 14: No actuar éticamente.

"Hoy," escribió Mondragón, "sabía que los listos y los consentidos me traerían un regalo si sacaban diez, ¡así que les puse un examen muy fácil! Y a los burros, un examen con los conocimientos de la clase." ¡Qué buenos regalos recibió!

Día 15: Usar la evaluación como castigo.

"Hoy," escribió, "amenacé con reprobar a quienes no participaran. ¡Participaron por miedo, no por interés!"

Día 16: Mantener lo tradicional.

"Hoy," continuó, "evalué como siempre lo he hecho, sin pensar si funciona o no. ¡Así me enseñaron, así enseño yo!, me dije a mí mismo."

Día 17: Evaluar en una sola dirección.

"Hoy," escribió, "solo yo evalué. Los alumnos no pudieron decirme qué pensaban ni opinar sobre los criterios. Al final, yo nunca e podido evaluar a mi supervisora."

Día 18: No buscar opiniones externas.

"Hoy," anotó, "no pedí ayuda a otros maestros para ser mejor. ¡Yo sé cómo evaluar!, pensé."

Día 19: Evitar la autoevaluación.

"Hoy," escribió, "no pensé en cómo lo estaba haciendo yo. Solo me fijé en los errores de los alumnos, sin pensar en los míos."

Día 20: Evaluar fuera de tiempo.

"Hoy," continuó, "hice un examen cuando los alumnos no estaban listos. ¿Por qué no están listos?, pregunté, ¡pero yo no les había dado tiempo para aprender!"

Día 21: Evaluar solo por trámite.

"Hoy," escribió, "llené documentos sin pensar en por qué estaba evaluando. ¡Solo tenía que hacerlo!"

Día 22: No hacer metaevaluación.

"Hoy," anotó Mondragón, "terminé el experimento sin pensar si mis evaluaciones fueron justas o útiles. No me preocupé por ser mejor. Hacen como que me pagan, hago como que trabajo."

Al final, Mondragón vio a sus alumnos: tristes, inseguros y con miedo a equivocarse. ¡Había creado un monstruo! Pero se dio cuenta de que el monstruo no eran ellos... ¡el monstruo era él!

Recordó por qué había empezado este experimento: ¡para destruir el monstruo que lo había atormentado durante años! Su propio maestro le había dicho: "¡Tú nunca podrás ser maestro, eres un burro!" Ahora, viendo el monstruo que había creado, decidió destruirlo y prometerse a sí mismo evaluar siempre con cariño, justicia y con un buen propósito.

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Publicado el 14/04/2026

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