Cuento corto para dormir

El Niño que Soñó con el Reino de las Rocas Flotantes

Un niño vive en un mundo donde una roca gigante flota en el cielo. A través de un sueño, viaja entre rocas flotantes que representan diferentes mundos, guiado por los consejos de su vecina, Doña Odilia. Al despertar, comprende que la imaginación y el hogar son sus mayores tesoros.

A partir de: El reino de las rocas Inicio: la roca en el cielo Al salir de mi casa, miraba el cielo. Pero cuando mi mamá me llevaba al colegio, el cielo se iba oscureciendo poco a poco. Encima de nosotros había una enorme roca que nos tapaba la luz del sol. Le pregunté a mi mamá por qué esa roca tan grande nos cubría. Ella abrió los ojos, miró alrededor y, como si nadie más se diera cuenta, sonrió y me respondió con voz suave: — Hijo, hace mucho tiempo la Tierra sufrió un terremoto y la gravedad cambió. Nosotros seguimos aquí gracias a eso. ¿Qué ves? Una roca que subió al cielo. Cuando seas grande, podrás viajar y conocer mundos nuevos. Espero que cuando eso pase me lleves en tus pensamientos. No entendí muy bien a lo que se refería, pero no le quise hacer más preguntas. Llegamos a la escuela y me encontré con mi mejor amigo, Carlos. Me gustaba pasar todo el día con él; compartíamos las mismas cosas bonitas. Ya me había olvidado por completo de la roca que se veía a la distancia. Durante la jornada escolar nos dejaron libre dos horas porque una profesora no llegó; tampoco pregunté por qué. Yo solo sabía que me iba a divertir con Carlos. Jugamos un rato fútbol y luego nos recostamos en el pasto del patio. Me quedé dormido y comencé a soñar que viajaba en un helicóptero pequeño. Desde la roca podía ver casas, carreteras; las personas se veían como hormiguitas. La roca era muy grande, pero seguía mirando hacia arriba, y me di cuenta de que había otra roca más arriba. Con mi helicóptero me dirigí a conocer ese lugar; era más pequeño y parecía el campo, con cosas y muchos animalitos y plantas; parecía un paraíso, como en los cuentos. Recorrido onírico entre rocas Pero luego miré hacia arriba y vi otra gran roca. La curiosidad me ganó y me dirigí a esa roca. Era muy triste: parecía que llovía todos los días y era un edificio enorme con ropa de las mismas personas; era fea, sin color ni alegría, como si la felicidad no existiera allí. Más arriba había otra roca; desde tan alto podía ver las nubes, todas distintas. En ese momento me dispersé y me di cuenta de que era solo un sueño, pero parecía tan real que pensé: ¿debajo de nosotros también hay rocas? Doña Odilia y la rutina Ya era la hora de la salida. Mi mamá no podía recogerme; estaba trabajando, así que vi a Doña Odilia, mi vecina. Ya era una señora de edad a la que le encantaba consentirme. Como solo estábamos mi mamá y yo, la veía como una abuelita muy cariñosa. Su comida era mejor que la de mi mamá. Luego hacía mis tareas y, cuando Doña Odilia buscaba esconderse, prendía su televisor grande, con un cajón atrás muy pesado. No sabía por qué el televisor de Doña Odilia era así, porque el de mi casa era plano. Tampoco se lo pregunté; me da pena preguntar algo que pudiera hacerla sentir mal. Diálogos con Odilia) Yo: "Doña Odilia ¿por qué ese televisor tan grande?" Doña Odilia : "Ay, mi niño, es un relicario viejo. A veces me recuerda los tiempos en que era más joven y las historias venían desde allí." Yo: "¿Y las historias son como nuestros sueños?" Doña Odilia: "Sí, exactamente. Los sueños pueden salir de ese televisor y convertirse en viajes cuando cerramos los ojos." Yo: "¿Y si mis sueños fueran reales?" Doña Odilia: "La realidad y los sueños a veces se entrelazan. Lo importante es que aprendas algo de cada uno: la imaginación para volar, y el hogar para volver." Yo: "Doña Odilia, ¿por qué hay tantos mundos?" Doña Odilia: "Porque tu imaginación los guarda, y tu casa es el mapa. Cada mundo es una locura. Despierta por completo en su casa, y la mamá le sonríe desde la cocina. El niño siente que la imaginación puede viajar muy lejos, pero que el hogar y la familia siguen siendo su refugio. Entra Doña Odilia en su recuerdo, y él susurra: “Doña Odilia, ¿qué me quieres enseñar con los mundos dentro de estas rocas?” Ella responde en su voz cálida, que parece venir del televisor antiguo y de las historias que allí descansan: “La memoria está dentro de ti. Cada mundo que ves es una forma de entender tu propio hogar.” El niño abre los ojos otra vez y observa la habitación: la lámpara, la mesa, la comida de la mamá. Sale al jardín mental de su infancia y siente una paz suave, como si el sueño hubiese sembrado una llave para mirar dentro de sí mismo.

Empezar a leerPublicado el 14/04/2026

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Al salir de mi casa, miraba el cielo. Pero cuando mi mamá me llevaba al colegio, el cielo se iba oscureciendo poco a poco. Encima de nosotros había una enorme roca que nos tapaba la luz del sol. Le pregunté a mi mamá por qué esa roca tan grande nos cubría. Ella abrió los ojos, miró alrededor y, como si nadie más se diera cuenta, sonrió y me respondió con voz suave:

— Hijo, hace mucho tiempo la Tierra sufrió un terremoto y la gravedad cambió. Nosotros seguimos aquí gracias a eso. ¿Qué ves? Una roca que subió al cielo. Cuando seas grande, podrás viajar y conocer mundos nuevos. Espero que cuando eso pase me lleves en tus pensamientos.

No entendí muy bien a lo que se refería, pero no le quise hacer más preguntas. Llegamos a la escuela y me encontré con mi mejor amigo, Carlos. Me gustaba pasar todo el día con él; compartíamos las mismas cosas bonitas. Ya me había olvidado por completo de la roca que se veía a la distancia. Durante la jornada escolar nos dejaron libre dos horas porque una profesora no llegó; tampoco pregunté por qué. Yo solo sabía que me iba a divertir con Carlos. Jugamos un rato fútbol y luego nos recostamos en el pasto del patio. Me quedé dormido y comencé a soñar que viajaba en un helicóptero pequeño. Desde la roca podía ver casas, carreteras; las personas se veían como hormiguitas. La roca era muy grande, pero seguía mirando hacia arriba, y me di cuenta de que había otra roca más arriba. Con mi helicóptero me dirigí a conocer ese lugar; era más pequeño y parecía el campo, con cosas y muchos animalitos y plantas; parecía un paraíso, como en los cuentos.

Pero luego miré hacia arriba y vi otra gran roca. La curiosidad me ganó y me dirigí a esa roca. Era muy triste: parecía que llovía todos los días y era un edificio enorme con ropa de las mismas personas; era fea, sin color ni alegría, como si la felicidad no existiera allí. Más arriba había otra roca; desde tan alto podía ver las nubes, todas distintas. En ese momento me dispersé y me di cuenta de que era solo un sueño, pero parecía tan real que pensé: ¿debajo de nosotros también hay rocas?

Ya era la hora de la salida. Mi mamá no podía recogerme; estaba trabajando, así que vi a Doña Odilia, mi vecina. Ya era una señora de edad a la que le encantaba consentirme. Como solo estábamos mi mamá y yo, la veía como una abuelita muy cariñosa. Su comida era mejor que la de mi mamá. Luego hacía mis tareas y, cuando Doña Odilia buscaba esconderse, prendía su televisor grande, con un cajón atrás muy pesado. No sabía por qué el televisor de Doña Odilia era así, porque el de mi casa era plano. Tampoco se lo pregunté; me da pena preguntar algo que pudiera hacerla sentir mal.

Yo: "Doña Odilia ¿por qué ese televisor tan grande?"

Doña Odilia : "Ay, mi niño, es un relicario viejo. A veces me recuerda los tiempos en que era más joven y las historias venían desde allí."

Yo: "¿Y las historias son como nuestros sueños?"

Doña Odilia: "Sí, exactamente. Los sueños pueden salir de ese televisor y convertirse en viajes cuando cerramos los ojos."

Yo: "¿Y si mis sueños fueran reales?"

Doña Odilia: "La realidad y los sueños a veces se entrelazan. Lo importante es que aprendas algo de cada uno: la imaginación para volar, y el hogar para volver."

Yo: "Doña Odilia, ¿por qué hay tantos mundos?"

Doña Odilia: "Porque tu imaginación los guarda, y tu casa es el mapa. Cada mundo es una locura."

Despierta por completo en su casa, y la mamá le sonríe desde la cocina. El niño siente que la imaginación puede viajar muy lejos, pero que el hogar y la familia siguen siendo su refugio.

Entra Doña Odilia en su recuerdo, y él susurra: “Doña Odilia, ¿qué me quieres enseñar con los mundos dentro de estas rocas?” Ella responde en su voz cálida, que parece venir del televisor antiguo y de las historias que allí descansan: “La memoria está dentro de ti. Cada mundo que ves es una forma de entender tu propio hogar.”

El niño abre los ojos otra vez y observa la habitación: la lámpara, la mesa, la comida de la mamá. Sale al jardín mental de su infancia y siente una paz suave, como si el sueño hubiese sembrado una llave para mirar dentro de sí mismo.

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Publicado el 14/04/2026

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