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Gratis · elegí una vozÉrase una vez un árbol sabio plantado en el medio de un bello bosque. Este árbol era tan viejo y tan sabio que todos los animales del bosque acudían a él para resolver sus dudas sobre la vida. ¿Qué puedo hacer para proteger a mis cachorros, viejo árbol sabio? ¿Cómo podemos sobrevivir en la época de sequía, viejo árbol sabio? El árbol sabio había vivido tanto que tenía respuestas para todo.
Un día, apareció a los pies del viejo árbol sabio un cachorro de oso. Se quedó mirando al árbol pero no decía nada.
- ¿Qué miras tan atentamente? -preguntó el árbol.
- Tienes el tronco lleno de agujeros y defectos -dijo el osito.
El viejo árbol miró al osito con curiosidad y sonrió para sí; solo los jóvenes se atrevían a ser tan sinceros...
- Son heridas de muchos años vividos -le respondió-. Tú ahora tienes una piel lisa, y un pelaje brillante y sin mancha, pero cuando vayas creciendo, también te aparecerán arrugas y "defectos" como tú los llamas.
- Pues entonces no quiero crecer -respondió el osito.
El árbol sabio le miró con ternura.
- Yo también decía eso de joven... -pensó.
- ¿Por qué no quieres crecer, pequeño oso? -preguntó el árbol en voz alta.
- ¡Porque no quiero tener agujeros y defectos! Quiero ser siempre suave y brillante -exclamó el osito, abrazándose a una de las raíces del árbol.
El árbol sabio movió sus ramas suavemente, como si estuviera acariciando al osito. - Pequeño, esos "defectos" no son malos. Son la prueba de que has vivido, de que has aprendido, de que te has hecho más fuerte. Cada agujero es una historia, cada arruga un recuerdo. ¿No quieres tener historias que contar?
El osito se quedó pensando. Nunca lo había visto de esa manera. Siempre había pensado que crecer significaba volverse feo y débil.
- Pero... ¿duele? -preguntó con un hilo de voz.
- A veces sí -respondió el árbol con honestidad-. A veces duele caerse, equivocarse, perderse... Pero también duele no intentarlo, no aprender, no vivir. El dolor es parte del crecimiento, como la lluvia es parte del bosque.
El osito levantó la vista hacia el árbol, observando cada una de sus ramas, cada hoja, cada agujero. Vio que en cada uno de esos "defectos" había algo especial, algo que contaba una historia. Vio la marca donde un rayo había caído, pero también vio las ramas que habían crecido aún más fuertes después de la tormenta. Vio el agujero donde un pájaro había hecho su nido, y escuchó el canto de los pajaritos que vivían allí.
- ¿Y qué historias cuentas tú? -preguntó el osito con curiosidad.
El árbol sonrió. - Tengo miles de historias. Historias de soles brillantes y lluvias torrenciales, de animales que han nacido y crecido a mi sombra, de secretos que me han confiado el viento. Historias de amor, de amistad, de valentía… ¿Quieres que te cuente una?
El osito asintió con entusiasmo. El árbol comenzó a contarle una historia sobre un pequeño pajarito que tenía miedo de volar, pero que al final, con la ayuda de sus amigos, logró superar su miedo y volar más alto que nunca. Mientras escuchaba la historia, el osito se dio cuenta de que crecer no era tan malo como pensaba. Era una oportunidad para aprender, para experimentar, para vivir aventuras y para tener historias que contar.
Cuando el árbol terminó la historia, el sol comenzaba a ponerse. El osito se despidió del árbol y corrió de vuelta a su casa. Esa noche, soñó con volar como el pajarito de la historia, con explorar el mundo y con tener sus propias historias que contar. Ya no tenía miedo de crecer, sino que estaba emocionado por lo que el futuro le depararía.
Al día siguiente, el osito volvió a visitar al árbol sabio. Le llevó una baya roja brillante como regalo. El árbol sonrió al ver al osito. - ¿Has cambiado de opinión sobre crecer? -preguntó.
- Sí -respondió el osito-. Ya no quiero quedarme pequeño. Quiero tener mis propios agujeros y defectos, mis propias historias que contar.
El árbol sabio movió sus ramas con suavidad. - Esa es la mejor decisión que puedes tomar, pequeño oso. Recuerda siempre que cada "defecto" es una medalla, una prueba de que has vivido y aprendido. Y no olvides nunca que siempre estaré aquí para contarte mis historias y para ayudarte a escribir las tuyas.
Desde ese día, el osito vivió cada día con alegría y curiosidad. Se cayó, se equivocó, se perdió, pero siempre se levantó, aprendió de sus errores y se hizo más fuerte. Y cada vez que le aparecía una nueva "arruga" o un nuevo "agujero", no se preocupaba, sino que lo celebraba, porque sabía que era una nueva historia que contar. Y así, el osito creció, se convirtió en un oso sabio y valiente, y vivió feliz para siempre.
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