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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en una laguna brillante rodeada de juncos altos, una pata llamada Mamá Pata. Mamá Pata era muy feliz, pero estaba un poco nerviosa. Pronto, sus huevos eclosionarían. Un día soleado, ¡crack! ¡crack! ¡crack! Uno a uno, los huevos comenzaron a romperse. Pequeños patitos amarillos y esponjosos salieron de sus cascarones, piando alegremente. Pero un huevo era diferente. Era más grande que los demás y de un color grisáceo. Finalmente, ¡crack! De este huevo salió un patito diferente. No era amarillo y esponjoso. Era grande, torpe y tenía plumas grises y revueltas. Los otros patitos lo miraron con curiosidad.
"¡Qué raro es!" piaron algunos.
Mamá Pata amaba a todos sus patitos por igual, pero el patito gris, al que llamó Cuqui, se sentía diferente. Los otros patitos jugaban juntos, nadaban en fila y se acurrucaban para dormir. Cuqui intentaba unirse, pero era torpe y siempre arruinaba los juegos. Una vez, intentó nadar en fila, pero se chocó con todos los demás patitos, haciéndolos caer al agua. Otra vez, intentó acurrucarse para dormir, pero era tan grande que ocupaba todo el espacio.
Cuqui se sentía muy triste. Pensaba que era feo y que nadie lo quería. Un día, decidió que no podía soportarlo más. Se alejó de su familia y se adentró en la laguna. Nadó y nadó hasta que llegó a un lugar donde los juncos eran aún más altos y la laguna parecía infinita.
Allí, Cuqui se encontró con una vieja tortuga sabia llamada Doña Tortuga. Doña Tortuga había vivido en la laguna durante muchos años y había visto muchas cosas. Vio a Cuqui sentado solo y triste en la orilla.
"¿Qué te pasa, pequeño?" preguntó Doña Tortuga con voz suave.
Cuqui le contó a Doña Tortuga sobre cómo se sentía diferente, sobre cómo los otros patitos no lo querían y sobre cómo pensaba que era feo.
Doña Tortuga escuchó atentamente. Cuando Cuqui terminó de hablar, Doña Tortuga sonrió.
"Cuqui," dijo Doña Tortuga, "eres diferente, eso es cierto. Pero ser diferente no es malo. De hecho, ser diferente es lo que te hace especial. Cada uno de nosotros es único y tiene algo especial que ofrecer al mundo."
Doña Tortuga le explicó que la belleza no está solo en el exterior, sino también en el interior. Le dijo que Cuqui era amable, generoso y valiente, y que esas eran cualidades hermosas.
Cuqui escuchó atentamente las palabras de Doña Tortuga. Nunca había pensado en sí mismo de esa manera. Siempre se había concentrado en lo que pensaba que le faltaba, en lugar de en lo que tenía.
Doña Tortuga le sugirió a Cuqui que buscara sus talentos únicos. "Intenta cosas nuevas", le dijo. "Descubre lo que te gusta hacer y en lo que eres bueno".
Cuqui siguió el consejo de Doña Tortuga. Empezó a explorar la laguna. Descubrió que era muy bueno para encontrar comida. Podía sumergirse más profundo que los otros patitos y encontrar los mejores gusanos y algas. También descubrió que era muy bueno para proteger a los otros patitos de los depredadores. Era tan grande y fuerte que podía asustar a las garzas y a los mapaches.
Los otros patitos pronto se dieron cuenta de lo especial que era Cuqui. Vieron que era amable, generoso y valiente. Vieron que era un gran buscador de comida y un gran protector. Empezaron a quererlo por lo que era.
Un día, Cuqui se miró en el reflejo del agua. Ya no se veía feo. Se veía fuerte, valiente y… hermoso. Sus plumas grises ya no parecían revueltas, sino brillantes y elegantes. Se dio cuenta de que Doña Tortuga tenía razón: la belleza está en el interior.
Pasó el tiempo, y un día, Cuqui vio a otros patos jóvenes, grises y grandes, nadando en la laguna. Se dio cuenta de que él no era un pato, ¡sino un cisne! Un cisne joven, y muy hermoso.
Cuqui voló hacia ellos, con sus grandes y poderosas alas. Se unió a ellos, y por primera vez en su vida, se sintió realmente en casa. Ya no era el patito feo. Era Cuqui, el cisne bonito, amado y aceptado por ser quien era. Y lo más importante, Cuqui se amaba a sí mismo.
Desde ese día, Cuqui siempre recordó las palabras de Doña Tortuga. Siempre se esforzó por ser amable, generoso y valiente. Y siempre recordó que ser diferente es lo que lo hace especial.
Y así, Cuqui vivió feliz para siempre en la laguna, un cisne hermoso y amado, que siempre recordaba su viaje de patito feo a cisne bonito, una aventura de autoestima y aceptación.
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