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Gratis · elegí una vozTito era un pequeño pescador que amaba el mar más que a nada. Cada mañana, antes de que el sol despertara por completo, Tito tomaba su pequeña barca, "La Sardinita", y salía a pescar. Le encantaba sentir la brisa en su cara y escuchar el canto de las gaviotas. Pero Tito tenía un pequeño problema: a veces, cuando las cosas no salían como él quería, se enfadaba mucho. ¡Muchísimo!
Un día, mientras pescaba, Tito no logró pescar ni un solo pez. "¡Grrr! ¡Qué día más horrible!", gritó Tito, golpeando el borde de "La Sardinita" con su puño. El mar, que siempre era un amigo, pareció agitarse un poco con el grito de Tito. De pronto, una ola grande, pero suave, se acercó a "La Sardinita". No era una ola enojada, sino una ola curiosa. De la ola, salió una pequeña tortuga marina con grandes ojos amables.
"Hola, Tito", dijo la tortuga con una voz suave como la arena. "Te oí gritar. ¿Estás bien?"
Tito, sorprendido, miró a la tortuga. "No estoy bien", respondió Tito con el ceño fruncido. "¡No he pescado nada y estoy muy enojado! ¡Quiero tirar mi caña al agua!"
La tortuga nadó alrededor de "La Sardinita", observando a Tito con atención. "Tito, ¿sabes? Cuando me enojo, respiro hondo y pienso en algo que me guste mucho. Por ejemplo, pienso en nadar entre las algas marinas y comer deliciosas medusas."
Tito se quedó pensando. Nunca había probado eso. Cuando se enojaba, solo gritaba y golpeaba cosas. "¿Respirar hondo?", preguntó Tito.
"Sí", dijo la tortuga. "Inténtalo. Cierra los ojos, respira profundamente por la nariz, llenando tu barriga como un globo, y luego suelta el aire lentamente por la boca."
Tito cerró los ojos e intentó hacer lo que la tortuga le dijo. Inspiró profundamente y sintió cómo su barriga se inflaba. Luego, soltó el aire lentamente. Lo hizo varias veces. Sorprendentemente, se sintió un poco mejor.
"¡Funciona!", exclamó Tito. "Pero todavía estoy enojado porque no he pescado nada."
La tortuga sonrió. "Tal vez hoy no es un buen día para pescar. ¿Por qué no pruebas a hacer algo diferente? Podrías cantar una canción, observar las gaviotas o simplemente disfrutar del sol."
Tito pensó en lo que dijo la tortuga. Tenía razón. No siempre tenía que pescar. Podía disfrutar de otras cosas del mar. De repente, vio a su hermana, Luna, en la orilla, jugando con la arena. A veces, cuando Luna le pedía prestados sus juguetes, Tito se enojaba y le gritaba. Incluso una vez, intentó escupirle cuando ella rompió uno de sus barquitos de papel. Se sintió un poco avergonzado al recordarlo.
"¡Luna!", gritó Tito, pero esta vez, su voz no era enojada. Era una voz alegre. Luna lo vio y corrió hacia el agua.
"¡Tito! ¿Me llevas a dar una vuelta en "La Sardinita"?", preguntó Luna con una sonrisa.
Tito sonrió. "Claro que sí, Luna. Pero primero, vamos a respirar hondo juntos. Como me enseñó mi amiga la tortuga."
Tito y Luna se sentaron en "La Sardinita" y respiraron hondo juntos. Luego, Tito llevó a Luna a dar una vuelta por el mar. No pescaron nada, pero se rieron y cantaron canciones. Tito se dio cuenta de que pasar tiempo con su hermana era mucho más divertido que estar enojado.
Cuando regresaron a casa, la mamá de Tito les había preparado un delicioso pastel de fresas. Pero, ¡oh no! Solo quedaba una fresa en el pastel. Tito sintió que la rabia empezaba a subir por su garganta. ¡Él quería esa fresa!
Luna vio la mirada de Tito y rápidamente dijo: "Tito, podemos partir la fresa por la mitad. Así los dos tendremos un trozo."
Tito respiró hondo, recordando a la tortuga. "Tienes razón, Luna. Podemos compartirla", dijo Tito con una sonrisa.
Esa noche, antes de dormir, Tito pensó en todo lo que había aprendido. Aprendió que respirar hondo ayuda a calmarse. Aprendió que hay muchas cosas divertidas que hacer además de pescar. Y aprendió que compartir y ser amable con su hermana es mucho mejor que enojarse y gritar. Desde ese día, cada vez que Tito sentía que la rabia lo invadía, respiraba hondo y pensaba en la ola de la calma y en su amiga la tortuga. Y, poco a poco, se convirtió en el pescador más feliz y tranquilo de todo el mar.
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