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Gratis · elegí una vozEn un campo verde y extenso del sur de Chile, donde las montañas se besaban con el cielo azul, vivía una comunidad de animales muy feliz. Los ganzos graznaban melodías al amanecer, las vacas pastaban tranquilamente, los caballos galopaban con alegría, un perro juguetón movía su cola sin parar, dos gatos perezosos dormían al sol y las gallinas cacareaban mientras cuidaban a sus pollitos amarillos. Todos vivían en armonía, compartiendo el pasto, el agua y, sobre todo, la amistad.
Un día soleado, la gallina Clotilde, siempre la más organizada, tuvo una idea brillante: "¡Vamos de picnic!" propuso, agitando sus alas con entusiasmo. La idea fue recibida con alegría general. Los ganzos, graznando su aprobación, se ofrecieron a llevar la canasta. Las vacas, con su paso lento pero seguro, prometieron llevar las mantas. Los caballos, orgullosos de su fuerza, se encargarían de cruzar el río si era necesario. El perro, ladrando de emoción, se ofreció a vigilar que nadie se perdiera. Los gatos, con su elegancia felina, aceptaron supervisar la comida y asegurarse de que no hubiera hormigas.
Clotilde, con sus pollitos piando a su alrededor, organizó la comida: sándwiches de queso, manzanas rojas y jugosas, y un pastel de moras delicioso. Prepararon todo con cuidado y, al amanecer del día siguiente, se pusieron en marcha.
Atravesaron el campo, cantando y riendo, hasta llegar al río. Los caballos, tal como habían prometido, los ayudaron a cruzar. El agua estaba fría y cristalina, y los animales disfrutaron refrescándose las patas antes de continuar su camino.
Encontraron un claro perfecto a la orilla del río, bajo la sombra de un enorme árbol. Extendieron las mantas, colocaron la comida y comenzaron a disfrutar del picnic. Jugaron a las escondidas, cantaron canciones y contaron historias divertidas. Los pollitos corrían persiguiendo mariposas, los gatos dormían plácidamente a la sombra y el perro jugaba a buscar la pelota con los caballos. Fue un día mágico, lleno de alegría y compañerismo.
Pero, como suele suceder, la diversión llegó a su fin. El sol comenzó a descender, pintando el cielo con colores anaranjados y rosados, y era hora de regresar a casa. Con el corazón lleno de felicidad, los animales se dirigieron de nuevo hacia el río.
Pero ¡oh, no! Al llegar al puente que conectaba el campo con su hogar, se encontraron con una terrible sorpresa: ¡el puente estaba cortado! Unas fuertes lluvias de la noche anterior lo habían dañado, dejando un gran hueco en el medio. El pánico se apoderó de los animales. ¿Cómo regresarían a casa?
"¡No se preocupen!" exclamó el caballo, siempre optimista. "Buscaremos unos troncos y construiremos un puente improvisado".
Todos se pusieron a trabajar, buscando troncos fuertes y resistentes. Los ganzos, volando de un lado a otro, les indicaban dónde encontrarlos. Las vacas, con su fuerza, los arrastraban hasta el río. El perro, ladrando con energía, animaba a todos a no rendirse.
Finalmente, lograron colocar varios troncos sobre el hueco del puente. El puente improvisado parecía lo suficientemente fuerte, pero nadie se atrevía a cruzar primero. El miedo a caer al agua los paralizaba.
Clotilde, la gallina sabia, tuvo una idea: "Cruzaremos por orden alfabético", propuso. "Así será más justo y nadie tendrá miedo de ser el primero".
Todos estuvieron de acuerdo. El primero en cruzar sería el animal cuyo nombre comenzara con la letra "A". No había animales con nombres que empezaran con "A", así que le siguió la letra "B". Tampoco había ningún animal con "B".
"¡Soy yo!" gritó Clotilde, la gallina, cuyo nombre empezaba con "C". Con un poco de temor, pero con valentía, Clotilde caminó sobre los troncos. Sus pollitos, piando nerviosamente, la seguían de cerca. Logró llegar al otro lado sin problemas.
Luego fue el turno del perro. Con su cola moviéndose sin parar, el perro cruzó el puente corriendo y ladrando de alegría. Después, los dos gatos, con su elegancia y equilibrio, caminaron con cuidado sobre los troncos, sin perder la compostura.
Las vacas, con su paso lento y pesado, fueron las siguientes. Cruzaron el puente con precaución, asegurándose de no resbalar. Finalmente, los ganzos y los caballos, juntos, cruzaron el puente, ayudándose mutuamente.
Una vez que todos estuvieron a salvo al otro lado del río, celebraron con alegría. Habían superado un gran obstáculo gracias a la valentía, la cooperación y, por supuesto, ¡el orden alfabético! Aprendieron que, trabajando juntos, podían superar cualquier desafío. Y así, regresaron a su campo, más unidos que nunca, listos para vivir muchas más aventuras juntos.
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