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Gratis · elegí una vozRemigio era un ratoncito muy curioso. Vivía en una despensa llena de quesos deliciosos, galletas crujientes y nueces brillantes. Pero Remigio soñaba con algo más. No le bastaba con comer y dormir. Quería ver el mundo, vivir aventuras y conocer cosas nuevas. Una mañana, Remigio tomó una decisión: ¡Se iría de aventuras!
Empacó en una hojita de lechuga un trozo de queso y una nuez. Se despidió de su familia, prometiendo enviarles postales (aunque no sabía cómo), y salió de la despensa. El mundo exterior era mucho más grande y brillante de lo que había imaginado. El sol brillaba, los pájaros cantaban y el viento susurraba secretos entre las hojas de los árboles.
Caminando por un sendero de tierra, Remigio se encontró con una gran letra mayúscula roja. Era la letra A. La A tenía una voz fuerte y resonante.
"¡Alto ahí, pequeño ratón! ¿A dónde crees que vas con tanta prisa?" preguntó la A con una sonrisa amable.
"Voy de aventuras," respondió Remigio con entusiasmo. "Quiero ver el mundo y conocer cosas nuevas."
"¡Qué maravilloso!" exclamó la A. "Yo soy la A, la primera letra del alfabeto. ¿Sabes qué palabras empiezan con A?"
Remigio pensó un momento. "¡Árbol! ¡Ardilla! ¡Amigo!" gritó con alegría.
"¡Exacto!" dijo la A. "Si sigues este camino, encontrarás a mis amigas las otras vocales. ¡Ellas te ayudarán en tu aventura!" Y con una gran sonrisa, la A señaló el camino a Remigio.
Remigio siguió caminando y, poco después, se encontró con una letra redonda y amarilla. Era la letra E. La E estaba sentada sobre una seta, leyendo un libro.
"Hola," dijo Remigio tímidamente. "Soy Remigio, y voy de aventuras."
La E levantó la vista del libro y sonrió. "¡Hola, Remigio! Yo soy la E. ¿Qué tal tu aventura?"
"La A me dijo que ustedes, las vocales, me ayudarían," explicó Remigio.
"¡Claro que sí!" respondió la E. "Yo soy la letra de palabras como Elefante, Estrella y Enano. ¿Qué necesitas?"
"Estoy buscando un lugar nuevo y emocionante," dijo Remigio. "Un lugar donde pueda aprender y descubrir cosas nuevas."
"¡Ya sé!" dijo la E. "Sigue el camino hasta el río. Allí encontrarás a la I. Ella conoce muchos lugares interesantes."
Remigio dio las gracias a la E y continuó su camino. Llegó al río y allí, sentada en una hoja de nenúfar, estaba la letra I. La I era delgada y verde, y llevaba un sombrero de paja.
"¡Hola, pequeña I!" saludó Remigio.
"¡Hola, Remigio!" respondió la I con una voz aguda. "La E me contó que venías. Yo soy la letra de palabras como Isla, Iglesia e Iguana. ¿Qué puedo hacer por ti?"
"Quiero encontrar un lugar especial," dijo Remigio. "Un lugar donde pueda aprender y ser feliz."
"¡Oh, yo conozco un lugar perfecto!" exclamó la I. "Sigue el río hasta el lago. Allí encontrarás a la O. Ella es muy sabia y te dará el mejor consejo."
Remigio se despidió de la I y siguió el curso del río hasta llegar a un lago azul y brillante. En medio del lago, flotando en una gran flor de loto, estaba la letra O. La O era grande y azul, y tenía una voz profunda y suave.
"¡Hola, Remigio!" dijo la O. "Ya sabía que vendrías. Yo soy la letra de palabras como Ojo, Oso y Ola. ¿Qué te trae por aquí?"
Remigio le contó a la O sobre su aventura y su deseo de encontrar un lugar especial.
La O escuchó atentamente y luego dijo: "Remigio, la aventura no está en un lugar, sino en tu corazón. Puedes encontrar la felicidad y el aprendizaje en cualquier lugar, siempre y cuando tengas curiosidad y estés dispuesto a aprender."
"Pero... ¿cómo?" preguntó Remigio, un poco confundido.
"Mira a tu alrededor," dijo la O. "Observa las flores, escucha a los pájaros, siente el viento. Todo te enseñará algo. Y si quieres un lugar especial, ¡créalo tú mismo! Puedes construir tu propia casa, plantar tu propio jardín y hacer nuevos amigos."
Remigio comprendió. No necesitaba un lugar mágico, necesitaba su propia magia. Agradeció a la O y regresó por el camino que había recorrido. Al pasar por donde estaban la I, la E y la A, les dio las gracias por su ayuda.
De vuelta en la despensa, Remigio ya no era el mismo ratoncito. Había vivido una gran aventura y había aprendido una valiosa lección. Con la nuez que había guardado, construyó una pequeña casa. Invitó a otros ratoncitos a vivir con él y juntos crearon un hermoso jardín en la despensa, plantando semillas que había recogido en su viaje. Remigio siguió explorando la despensa, aprendiendo cada día algo nuevo, y siempre recordando las palabras de la O: la aventura está en el corazón.
Desde entonces, Remigio, el ratoncito curioso, se convirtió en el ratoncito más feliz de toda la despensa, y su despensa, ¡en la más aventurera de todas! Y cada vez que veía una A, una E, una I o una O, les sonreía con gratitud.
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