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Gratis · elegí una vozJuan era un chico muy trabajador. Cada día iba a la fábrica de juguetes "Sonrisitas", donde ayudaba a trasladar las piezas para construir los ositos de peluche, las muñecas bailarinas y los coches de carreras. A Juan le encantaba su trabajo, ¡especialmente porque siempre terminaba rodeado de juguetes! Usaba una carretilla manual, a la que llamaba "Traviesa", porque a veces, cuando iba muy rápido, parecía que tenía vida propia y quería ir en otra dirección.
Un martes por la mañana, la fábrica estaba muy limpia. Los encargados habían lavado el suelo y brillaba como un espejo. Juan tenía que llevar una gran caja llena de lana para el relleno de los ositos. La caja era muy pesada, ¡casi tan grande como él! Empujó a Traviesa con todas sus fuerzas y empezó su camino por el pasillo.
De repente, Juan vio que una parte del suelo todavía estaba mojada. ¡Oh, no! Era un charco grande y resbaladizo. Normalmente, cuando el suelo estaba mojado, siempre había un cartel amarillo que decía "¡Cuidado! ¡Piso Mojado!" Pero esta vez, ¡no había nada! Juan intentó frenar a Traviesa, pero era demasiado tarde.
¡Zas! Juan resbaló en el charco y cayó al suelo. Traviesa, con la caja llena de lana, se fue de lado y la lana salió volando por todas partes. ¡Parecía una tormenta de nieve dentro de la fábrica! Juan se golpeó la espalda y sintió un dolor en el brazo derecho.
"¡Ay!" gritó Juan. Sus compañeros, al oír el ruido, corrieron a ayudarlo. Estaban muy preocupados. "¿Estás bien, Juan?" le preguntaron. Lo ayudaron a levantarse y lo llevaron al centro médico de la fábrica. Allí, la doctora Elena lo revisó cuidadosamente.
"Juan, te has dado un buen golpe," dijo la doctora Elena. "Tienes una contusión en la espalda y una pequeña fractura en el brazo. Necesitarás descansar un poco para recuperarte." Le puso un cabestrillo en el brazo y le dio unas medicinas para el dolor.
Juan se sintió muy triste. No quería estar en casa sin poder ayudar a sus amigos en la fábrica. Pero sabía que tenía que seguir las instrucciones de la doctora para curarse pronto. Sus compañeros lo acompañaron hasta la puerta de la fábrica y lo despidieron con un abrazo.
Al día siguiente, cuando Juan llegó a casa, encontró una sorpresa. ¡Sus amigos de la fábrica habían ido a visitarlo! Le trajeron un osito de peluche gigante, hecho con la lana que se había caído de la carretilla. También le llevaron dibujos y cartas deseándole una pronta recuperación. Juan se sintió muy feliz y agradecido.
Mientras tanto, en la fábrica, los encargados se dieron cuenta de lo importante que era poner los carteles de advertencia cuando el suelo estaba mojado. Después del accidente de Juan, se aseguraron de que siempre hubiera carteles visibles en las zonas donde se estuviera limpiando. También organizaron una charla sobre seguridad laboral para todos los empleados, para recordarles cómo evitar accidentes.
Después de tres semanas de reposo, Juan volvió a la fábrica. Sus compañeros lo recibieron con una gran ovación. Estaba muy contento de estar de vuelta y listo para trabajar. Pero esta vez, era mucho más cuidadoso. Siempre miraba bien el suelo antes de pasar con Traviesa y se aseguraba de que no hubiera charcos ni obstáculos.
Un día, Juan vio a un nuevo empleado que estaba empujando una carretilla demasiado rápido por un pasillo mojado. Recordando su propio accidente, Juan corrió a detenerlo. "¡Cuidado!" le dijo. "El suelo está mojado. Debes ir más despacio y fijarte bien en dónde pisas." El nuevo empleado le agradeció el consejo y prometió ser más prudente.
Juan se dio cuenta de que su accidente, aunque doloroso, le había enseñado una valiosa lección: la seguridad es lo primero. Y también aprendió que sus amigos siempre estarían ahí para apoyarlo. Desde ese día, Juan se convirtió en un ejemplo para todos en la fábrica. Siempre recordaba a sus compañeros la importancia de la seguridad y de trabajar juntos para evitar accidentes. Y aunque Traviesa seguía siendo un poco traviesa, Juan sabía cómo controlarla y llevarla por el camino correcto. Y así, la fábrica "Sonrisitas" siguió creando juguetes maravillosos, llenos de alegría y seguridad, gracias al resbalón de Juan y a su carretilla traviesa.
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