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Gratis · elegí una vozEstrellita era una pequeña estrella, la más pequeña de toda la Vía Láctea. Siempre se escondía detrás de las estrellas más grandes y brillantes. “Soy muy pequeña,” pensaba Estrellita. “No brillo como las demás. Nadie me notará jamás.”
Un día, el sabio Cometa Celes, con su larga cola de polvo de estrellas, pasó cerca de Estrellita. La vio escondida y sintió curiosidad. “¿Por qué te escondes, pequeña estrella?” preguntó Celes con una voz suave y resonante.
Estrellita se sonrojó, su luz parpadeó tímidamente. “Tengo miedo,” murmuró. “Soy muy pequeña y no brillo mucho. Las demás estrellas son mucho más brillantes que yo.”
Celes sonrió. “Pequeña Estrellita, cada estrella tiene su propia luz. No importa cuán grande o pequeña sea. Lo importante es conocer tu propia luz y dejarla brillar.”
Estrellita no entendía. “¿Conocer mi propia luz? ¿Cómo hago eso?”
Celes le explicó: “Cierra los ojos, pequeña estrella, y piensa en lo que te hace especial. ¿Qué te gusta hacer? ¿Qué te hace feliz? Ahí encontrarás tu luz.”
Estrellita cerró sus ojitos brillantes. Pensó en las cosas que le gustaban. Le gustaba escuchar las historias de las constelaciones, le gustaba observar a los planetas bailar alrededor del sol, y le encantaba intentar hacer reír a la Luna con sus chistes estelares.
Cuando abrió los ojos, una pequeña chispa brillaba en su interior. “Me gusta escuchar y aprender,” dijo Estrellita. “Y me gusta hacer reír a los demás.”
Celes asintió. “¡Ahí está tu luz! Tu luz es la curiosidad y la alegría. No tienes que ser la estrella más brillante, solo tienes que ser tú misma.”
Estrellita se sintió un poco mejor, pero todavía tenía dudas. “Pero… ¿y si mi luz no es suficiente?”
Celes la animó: “Tu luz es perfecta tal como es. Cada estrella tiene un propósito, y tu propósito es llevar alegría y conocimiento a los demás.”
Celes se despidió y continuó su viaje a través del cosmos. Estrellita se quedó pensando en sus palabras. Decidió probar algo nuevo. En lugar de esconderse, se acercó a una constelación un poco triste llamada Orión.
“Hola, Orión,” dijo Estrellita tímidamente. “¿Te gustaría escuchar un chiste?”
Orión, que siempre estaba preocupado por proteger a la galaxia de los agujeros negros, se sorprendió. “¿Un chiste? No tengo tiempo para chistes, pequeña estrella.”
Pero Estrellita no se rindió. “Por favor, solo uno. ¡Te prometo que te hará reír!”
Estrellita contó un chiste sobre un planeta que intentaba aprender a tocar la trompeta. Orión, al principio, solo sonrió un poco. Pero luego, al escuchar la torpe imitación de Estrellita del sonido de la trompeta, soltó una carcajada sonora. ¡Era la primera vez que Orión se reía en siglos!
Estrellita se sintió feliz. Su luz brilló más fuerte que nunca. Se dio cuenta de que Celes tenía razón. Su luz era la alegría, y podía compartirla con los demás.
Desde ese día, Estrellita dejó de esconderse. Se acercó a otras estrellas y constelaciones, compartiendo chistes, historias y su curiosidad. Aprendió sobre las nebulosas, los agujeros de gusano y los misterios del universo. Y cada vez que aprendía algo nuevo, su luz brillaba aún más.
Otras estrellas notaron el cambio en Estrellita. Se dieron cuenta de que su pequeña luz, aunque no era la más brillante, era especial y única. La alegría y la curiosidad de Estrellita contagiaban a todos los que la rodeaban.
Un día, la Reina Galaxia convocó a todas las estrellas a una reunión especial. “Hemos notado un aumento en la oscuridad en algunas partes de la galaxia,” dijo la Reina Galaxia. “Necesitamos encontrar una manera de llevar luz y esperanza a esas zonas.”
Las estrellas más grandes y brillantes propusieron soluciones complicadas y ambiciosas. Pero la Reina Galaxia no estaba convencida. Entonces, vio a Estrellita, que estaba sentada tímidamente en la esquina.
“Pequeña Estrellita,” dijo la Reina Galaxia. “¿Tienes alguna idea?”
Estrellita se sorprendió, pero respiró hondo y habló con valentía. “Creo que la mejor manera de llevar luz y esperanza es compartiendo nuestra alegría y conocimiento. Si podemos hacer reír a las estrellas tristes y enseñarles cosas nuevas, su luz brillará más fuerte.”
La Reina Galaxia sonrió. “¡Esa es una idea maravillosa! Estrellita, te nombro Embajadora de la Alegría y el Conocimiento. Tu misión será viajar por la galaxia, compartiendo tu luz con todos.”
Estrellita se sintió honrada. Sabía que no era la estrella más grande ni la más brillante, pero sabía que tenía algo especial que ofrecer. Y así, Estrellita, la pequeña estrella que antes se escondía, se convirtió en la estrella más querida de toda la galaxia, llevando alegría y conocimiento a cada rincón del universo. Descubrió que su autoconocimiento y su autoestima eran su mayor fortaleza.
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