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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en una casita llena de colores y canciones, un niño llamado Fernandito. Fernandito vivía con sus papás y su hermanito menor, que había nacido un poquito antes de tiempo. Pero la historia de Fernandito era un poco diferente a la de otros niños. Su abuelita, a quien él nunca llegó a conocer, había fallecido tres años atrás. Su partida había dejado un gran vacío en el corazón de su mamá, quien era la mayor de sus hermanos y ahora, junto con su papá, cuidaba de sus dos hermanos menores, los tíos de Fernandito.
Los tíos de Fernandito, aunque eran casi adolescentes, necesitaban mucha atención. Los papás de Fernandito siempre estaban ocupados ayudándolos con sus tareas, llevándolos al médico o simplemente escuchándolos. Fernandito, siendo el tercer hijo (su segundo hermanito había fallecido cuando era un bebé), a veces sentía que se volvía invisible. Sentía que nadie lo veía, que nadie escuchaba sus historias ni se preocupaba por sus pequeños problemas. Además, su hermanito pequeño, al haber nacido prematuramente, requería cuidados especiales, lo que hacía que sus papás estuvieran aún más ocupados.
Fernandito a menudo se sentaba solo en el jardín, observando las hormigas trabajar o dibujando en la tierra con un palito. Imaginaba mundos llenos de aventuras donde él era el héroe, el que salvaba el día y recibía toda la atención del mundo. Pero al volver a la casa, la realidad lo golpeaba: sus papás seguían ocupados con sus tíos y su hermanito.
Pasó el tiempo, y los tíos de Fernandito crecieron. Se convirtieron en adolescentes con sus propios amigos y sueños. Un día, el papá de Fernandito, con mucha seriedad pero con amor en su voz, les dijo a sus cuñados que era hora de que buscaran su propio camino. Les explicó que él y su esposa necesitaban concentrarse en sus propios hijos, en Fernandito y en su hermanito. Los tíos de Fernandito, aunque tristes, entendieron. Empacaron sus cosas y se fueron, prometiendo mantenerse en contacto.
Fernandito observó la partida de sus tíos desde la ventana. Sintió una mezcla extraña de alivio y tristeza. Estaba feliz de que sus papás finalmente tuvieran más tiempo para él, pero también sentía pena por sus tíos, a quienes veía como abandonados. Esa noche, Fernandito no pudo dormir. Le daba vueltas y vueltas a la idea de sus tíos solos, sin un lugar seguro donde dormir.
Entonces, Fernandito tuvo una idea. Esperó a que todos estuvieran profundamente dormidos y, sigilosamente, abrió la puerta de la casa. Miró a ambos lados de la calle y, al no ver a nadie, corrió hacia el parque donde solían jugar con sus tíos. Allí los encontró, sentados en un banco, con la mirada perdida. "¡Tíos!", susurró Fernandito. "Vengan, síganme".
Los tíos de Fernandito lo miraron sorprendidos. No sabían qué decir. Fernandito los llevó a escondidas a su casa y los metió en su habitación. Les ofreció su cama y él durmió en el suelo, envuelto en una manta. Durante varias noches, Fernandito repitió la misma operación. Esperaba a que todos durmieran, salía a buscar a sus tíos y los escondía en su habitación.
Pero un día, su mamá se dio cuenta. Una noche, al ir a arropar a Fernandito, lo encontró durmiendo en el suelo. Al principio se asustó, pero luego vio las dos figuras dormidas en la cama. Comprendió lo que estaba pasando. En lugar de enojarse, se sentó al lado de Fernandito y le acarició el pelo.
Al día siguiente, la mamá de Fernandito habló con él. Le explicó que lo que estaba haciendo era muy valiente y generoso, pero que no era la solución. Le dijo que sus tíos necesitaban encontrar un lugar propio, donde pudieran construir sus vidas. Le prometió que los ayudarían a encontrar ese lugar y que siempre estarían ahí para ellos.
Juntos, Fernandito y sus papás, ayudaron a sus tíos a encontrar un pequeño apartamento cerca de la casa. Les ayudaron a amueblarlo y a encontrar trabajos. Fernandito los visitaba a menudo, y aunque ya no dormían juntos en la misma habitación, su vínculo era más fuerte que nunca. Fernandito aprendió que ayudar a los demás no significa esconderlos, sino apoyarlos para que puedan crecer y ser felices. Y aunque extrañaba las visitas nocturnas, sabía que había hecho lo correcto. Finalmente, Fernandito sintió que sus papás lo veían y lo amaban, y que él también era importante y valioso en su familia. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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