Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozLeo era un niño de tres años al que le encantaba jugar, cantar y contar historias. Pero a veces, cuando hablaba, las palabras salían un poco... ¡raras! En lugar de decir "perro", decía "peo". Y "coche" sonaba más como "toche". Su mamá y su papá lo amaban mucho, pero a veces no entendían lo que Leo quería decir. Leo se frustraba un poco.
Un día, Leo estaba jugando en el parque con su osito Teddy. Vio a una niña jugando con una pelota roja brillante. Quiso decirle: "¡Qué bonita pelota!", pero le salió: "¡Qué bonita poteta!". La niña lo miró confundida. Leo se sintió un poco triste y escondió su cara en el pelaje suave de Teddy.
De repente, escuchó una voz suave. "Hola, Leo", dijo la voz. Leo levantó la vista y vio a una señora sentada en un banco cercano. Era una señora mayor con el pelo blanco y una sonrisa muy amable. "Sé por qué estás triste", dijo la señora. "Tu lengua es un poco traviesa, ¿verdad?".
Leo asintió con la cabeza. La señora se presentó como la Señora Clara, y le dijo a Leo que ella era una experta en ayudar a las lenguas traviesas a portarse bien. "No te preocupes, Leo", dijo la Señora Clara. "Tu lengua solo necesita un poco de práctica. Es como un músculo, necesita ejercicio para ser fuerte y ágil".
La Señora Clara le enseñó a Leo un juego divertido. Le pidió que sacara la lengua lo más que pudiera y luego la metiera. "¡Como si estuvieras saludando al sol!", dijo la Señora Clara riendo. Leo lo hizo una y otra vez, sintiendo cómo su lengua se estiraba. Luego, la Señora Clara le pidió que moviera la lengua de un lado a otro, tocando la esquina de su boca con la punta. "¡Como si estuvieras limpiando tu boca después de comer un helado!", exclamó la Señora Clara.
Leo se rió y siguió las instrucciones de la Señora Clara. Después de un rato, la Señora Clara le enseñó algunos sonidos difíciles. Le pidió que dijera "pra", "pre", "pri", "pro", "pru". Al principio, a Leo le costó un poco, pero con la ayuda de la Señora Clara y su paciencia, poco a poco fue mejorando. La Señora Clara le explicaba cómo colocar la lengua y los labios para hacer cada sonido correctamente.
"Ahora, intenta decir perro", le dijo la Señora Clara. Leo respiró hondo y dijo: "¡Perro!". ¡Lo había dicho bien! Sus ojos se iluminaron de alegría. "¡Lo has hecho muy bien, Leo!", exclamó la Señora Clara. "Estás aprendiendo a controlar tu lengua traviesa".
Leo y la Señora Clara siguieron practicando todos los días en el parque. Jugaban a decir palabras con "r", "s", "l", y otros sonidos que le resultaban difíciles a Leo. La Señora Clara siempre tenía un truco divertido para ayudarlo a recordar cómo pronunciar cada sonido. Por ejemplo, para la "r", le decía que imaginara que era un coche de carreras haciendo "¡rrrrrrr!".
Con el tiempo, la lengua de Leo se volvió menos traviesa. Ya no decía "peo" en lugar de "perro", ni "toche" en lugar de "coche". Sus palabras salían más claras y precisas. Sus amigos y su familia empezaron a entenderlo mejor. Leo se sentía muy feliz y orgulloso de sí mismo.
Un día, Leo fue al parque y no encontró a la Señora Clara. Se sintió un poco triste, pero recordó todo lo que ella le había enseñado. Se sentó en el banco y empezó a practicar los sonidos difíciles, recordando los trucos divertidos de la Señora Clara.
De repente, sintió una mano en su hombro. Era la Señora Clara. "¡Leo!", exclamó. "Tenía que irme de viaje, pero quería despedirme de ti. Estoy muy orgullosa de lo mucho que has mejorado. Tu lengua ya no es tan traviesa, ¿verdad?".
Leo sonrió y dijo: "¡Ya no es traviesa! Ahora puedo decir todo lo que quiero decir".
La Señora Clara le dio un fuerte abrazo a Leo y le dijo: "Nunca olvides que eres un niño muy especial y que puedes lograr todo lo que te propongas". Luego, se despidió y se fue caminando.
Leo se quedó en el parque, jugando con Teddy y hablando con sus amigos. Ahora, todos podían entenderlo perfectamente. Leo había descubierto el secreto para controlar su lengua traviesa, y estaba muy feliz de compartir sus historias con el mundo. Desde ese día, Leo nunca olvidó a la Señora Clara y siempre recordaba que con práctica y paciencia, ¡todo es posible!
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