Cuento corto para niños

El Secreto de la Nada en la Playa Escondida

Un hombre está sentado en la playa sin hacer nada cuando una niña se le acerca y le pregunta qué está haciendo. Él le explica que a veces es bueno simplemente estar presente y observar. Juntos, imaginan un castillo de *nada* y aprenden el valor de la imaginación y la tranquilidad.

A partir de: estoy en la playa y una niña viene y me pregunta que estas haciendo y le digo nada

Empezar a leerPublicado el 14/04/2026

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Estaba yo sentado en la arena dorada de la Playa Escondida, con el sol calentándome la nariz y el sonido suave de las olas como música de fondo. Tenía los ojos cerrados, disfrutando de la tranquilidad. No estaba haciendo *nada*. O, al menos, eso creía yo.

De repente, sentí una sombra que me cubría. Abrí los ojos y vi a una niña. Tenía el pelo negro recogido en dos trenzas y unos ojos grandes y curiosos que brillaban como estrellas marinas. Llevaba un vestido azul con conchas bordadas y sostenía un cubo rojo lleno de arena.

"¿Qué estás haciendo?" me preguntó con una voz dulce y melodiosa.

Yo sonreí. "Nada," respondí simplemente.

La niña frunció el ceño, confundida. "¿Nada? Pero... ¡estás aquí, sentado! ¿No estás construyendo un castillo de arena? ¿O buscando conchas? ¿O mirando las gaviotas?"

Negue con la cabeza. "No. Solo estoy... *nada*."

Ella se sentó a mi lado, clavando su cubo en la arena. "No entiendo. ¿Cómo puedes hacer *nada*? ¡La playa está llena de cosas para hacer!"

La miré y luego observé la playa. Tenía razón. Había niños corriendo, perros ladrando, familias construyendo castillos gigantescos y gaviotas planeando en el cielo. Era un hervidero de actividad.

"Bueno," dije, "a veces, es bueno simplemente *estar*. Observar. Escuchar. Sentir. No tienes que *hacer* algo para disfrutar de la playa."

La niña me miró pensativa. Luego, sacó una pala pequeña de su cubo y comenzó a excavar un hoyo en la arena.

"¿Y ahora qué haces?" le pregunté.

"Ahora," dijo con una sonrisa pícara, "estoy haciendo *nada*... con un hoyo!"

Reí. "Eso es ingenioso."

Nos quedamos sentados en silencio por un rato, ella excavando su hoyo y yo observando el mar. El sol brillaba cada vez más y las olas rompían con más fuerza. Empecé a notar cosas que no había visto antes: un pequeño cangrejo corriendo por la arena, una gaviota pescando un pez, el reflejo del sol en las olas creando destellos dorados.

"¿Ves?" dije, rompiendo el silencio. "Cuando no estás tratando de *hacer* algo, puedes ver muchas cosas interesantes."

La niña asintió, concentrada en su hoyo. "Creo que lo entiendo. Es como... un secreto."

"Exactamente," dije. "El secreto de la nada."

De repente, tuvo una idea. "¡Ya sé! Podemos hacer un castillo de *nada*!"

"¿Un castillo de *nada*? ¿Qué es eso?"

"Es un castillo que no construimos. Solo imaginamos que está ahí!" explicó con entusiasmo.

Me pareció una idea maravillosa. "Me gusta. ¿Cómo se ve nuestro castillo de *nada*?"

"Es enorme!" dijo. "Tiene torres altísimas y banderas de todos los colores. ¡Y está lleno de tesoros escondidos!"

Empezamos a describir nuestro castillo de *nada*. Tenía un foso lleno de agua brillante, puentes levadizos invisibles y jardines llenos de flores que nunca se marchitaban. Inventamos historias sobre los habitantes del castillo, princesas valientes y dragones amigables.

Pasamos horas imaginando y riendo. El sol comenzó a ponerse, pintando el cielo de colores naranja y rosa. La playa se fue vaciando poco a poco.

Cuando la madre de la niña la llamó, se levantó a regañadientes. "Me tengo que ir," dijo, con un poco de tristeza en la voz.

"Yo también," respondí.

"Gracias por enseñarme el secreto de la *nada*," dijo. "Nunca lo olvidaré."

"Gracias a ti por enseñarme a imaginar un castillo de *nada*," dije. "Yo tampoco lo olvidaré."

Se fue corriendo hacia su madre, sosteniendo su cubo rojo. Yo me quedé sentado en la arena, observando cómo se alejaba. El sol se había puesto por completo y las estrellas comenzaban a aparecer en el cielo.

Sonreí. Había llegado a la playa sin hacer *nada*, y me iba con un castillo de *nada* y un nuevo amigo. A veces, la *nada* puede ser la cosa más maravillosa del mundo. Y a veces, la *nada* te enseña a ver la *todo*.

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Publicado el 14/04/2026

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