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Gratis · elegí una vozLa abuela Rosa se sentó en su mecedora, el sol de la tarde pintando el cielo de naranja y rosa. Su nieta, Anita, se acurrucó a sus pies, con los ojos brillantes de anticipación.
"Abuela, abuela, cuéntame otra vez la historia de Santa Rosa!", suplicó Anita.
La abuela Rosa sonrió, sus arrugas se profundizaron alrededor de sus ojos. "Está bien, mi pequeña florecita. Pero esta vez, te contaré el secreto del mashua, el corazón escondido de nuestro pueblo."
"Hace mucho, mucho tiempo, antes de que Santa Rosa fuera Santa Rosa, este lugar era diferente. No había casas, ni la escuela, ni siquiera los campos verdes que ves ahora. Solo una gran hacienda, propiedad de unos padres de una iglesia. Nadie recuerda sus nombres, pero sí recuerdan que amaban la tierra. La llamaban Añojara, por las malas hierbas que crecían por todas partes, pero sobre todo, porque era tierra buena para el mashua."
Anita frunció la nariz. "¿Mashua? ¿Esa cosa que sabe un poco amarga?"
La abuela Rosa rió. "¡Sí, esa misma! Pero el mashua era muy importante. Era su sustento. Los padres sembraban y cosechaban mashua en grandes cantidades. Pero un día, decidieron que querían compartir esta tierra con otras personas. Querían que la gente viviera aquí y la hiciera florecer."
"Así que buscaron a ocho personas, valientes y trabajadoras. Nadie sabe con certeza quiénes eran, quizás vinieron de Chullcuisa, nuestro pueblo vecino, o de otros lugares cercanos. Les ofrecieron la tierra, para que la repartieran y la vendieran a quienes quisieran construir sus hogares aquí. Esos ocho aceptaron, con el corazón lleno de esperanza."
"Esas personas se mudaron a Añojara y comenzaron a construir sus casas. No se conocían entre sí, pero poco a poco, se hicieron amigos, vecinos, ¡familia! Gente de otros pueblos también vino, atraída por la promesa de una nueva vida. Los primeros habitantes tuvieron hijos, y sus hijos tuvieron hijos, y así Añojara comenzó a crecer."
"Con el tiempo, más y más gente vivía aquí. Se estaba convirtiendo en un pueblo. La gente empezó a llamar al lugar Añojara, como lo hacían los padres. Incluso los del Ministerio de Agricultura, que entonces se llamaba Teja Molino, vinieron a ver. Vieron que había gente viviendo aquí y les dieron semillas de árboles y pinos. ¡Y así fue como aparecieron los árboles, transformando el paisaje!"
Anita abrió los ojos con asombro. "¡Entonces, no siempre hubo árboles aquí!"
"No, mi amor. Fueron un regalo. Pero la historia no termina ahí. Un año, no se sabe exactamente cuándo, el pueblo organizó un campeonato de fútbol. Invitaron a todos los pueblos vecinos a participar. Y ahí fue donde empezaron los problemas."
"Algunas personas, al oír el nombre Añojara, empezaron a burlarse. Decían que sonaba como otra palabra... una palabra fea. La gente, con el tiempo, había empezado a pronunciar el nombre un poco diferente, como A Enjojara. La abuela Rosa hizo una pausa.
Anita entendió. "¡Qué malos!"
"Sí, fue muy triste. Pero la gente de Añojara era inteligente y decidida. Un día, se reunieron para discutir el problema. Querían cambiar el nombre del pueblo, especialmente porque estaban a punto de recibir el título oficial de la comunidad. Y ese día, ¡era el 30 de agosto!"
"El 30 de agosto es el día de Santa Rosa de Lima. Y resulta que también era el día en que los padres le habían dado el nombre original al lugar, Añojara. Así que decidieron cambiar el nombre a Santa Rosa, en honor a la santa y en memoria del pasado."
"Y así, Añojara se convirtió en Santa Rosa. Los años pasaron, el pueblo creció. Ahora tenemos campesinos que cultivan muchas cosas diferentes, y hay árboles por todas partes. Muchos niños van a la ciudad para estudiar, porque todavía no tenemos un colegio aquí. Pero todos aman Santa Rosa, su hogar."
Anita la interrumpió "Abuela, ¿y por qué se llamaba Añojara, al principio?"
La abuela Rosa sonrió. "Ah, ahí está el secreto del mashua. Los padres llamaron al lugar Añojara por la cáscara del mashua. Era su forma de honrar la tierra que les daba tanto. Aunque la gente malinterpretó el nombre, al final, todo se unió para que Santa Rosa naciera."
"Y ahora, en Carnaval, todavía bailamos y cantamos, aunque las ropas han cambiado. Y aunque muchos jóvenes hablan español, todavía escuchamos el quechua en las voces de nuestros abuelos. Seguimos cultivando la tierra, aunque ahora también vendemos nuestros productos en el mercado. Y en Semana Santa y Todos los Santos, recordamos a nuestros antepasados y compartimos nuestras tradiciones."
La abuela Rosa suspiró. "Santa Rosa ha cambiado mucho, pero el corazón sigue siendo el mismo. Un corazón lleno de trabajo, esperanza y amor por la tierra."
"Y, ¿qué hay de las historias de fantasmas, Abuela?", preguntó Anita con un brillo en los ojos.
La abuela Rosa rió suavemente. "Ah, esas son historias para otra noche, mi pequeña. Pero recuerda, incluso las sombras más oscuras no pueden apagar la luz de Santa Rosa."
"Se dice que por las carreteras donde hay un puente rodeado por árboles aparece una sombra gigante durante la medianoche, cuenta que la persona que vaya por ahí sola le podría aparecer una sombra gigante que se pides ayuda gritando este incrementa su tamaño, este ser tiene casi forma humana."
"En la carretera que se cruzan, no es bueno caminar sola por la noche porque no se sabía lo que podría pasarte o aparecer, en cierto año una persona experimentó algo aterrador durante la noche, dice que una noche decidió cargar, traer su papa de su chacra porque durante el día hacía mucho calor decidió hacerlo por la noche cuando estaba haciendo su tercera carga ya estaba pisando la carretera que se cruzan le apareció algo como una persona aunque no se podía notar ella se asustó, pensó que era alguien borracho le empezó a hablar pero esa cosa no respondía de repente sintió escalofríos, ella se apresuró a correr volteando a ver hacia su atrás para ver si esa cosa le perseguía al final ella llegó a su casa sana y salva pero dice que se asustó mucho ya que no era algo común y esto ella lo compartió con sus vecinos por esa razón la gente lo considera peligroso caminar por la noche sola y no solo por eso porque ese lugar daba pinta de miedo por la noche."
Anita se acurrucó más cerca de su abuela, imaginando a los padres sembrando mashua, a los primeros habitantes construyendo sus casas, y a los árboles creciendo hacia el cielo. Se durmió, soñando con el secreto del mashua y el corazón de Santa Rosa.
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