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Gratis · elegí una vozZumbidita era una abejita pequeñita, con alas transparentes como el cristal y un corazón más dulce que la miel. Vivía en un jardín mágico, lleno de flores de todos los colores y formas imaginables. Había flores redondas como el sol, flores triangulares como pequeñas pirámides, y flores cuadradas, como casitas para los insectos. Los pétalos de algunas flores formaban espirales perfectas, como si fueran escaleras al cielo.
Pero últimamente, Zumbidita estaba muy triste. Ya no zumbaba con alegría al volar de flor en flor. Sus antenitas, antes siempre erguidas, ahora colgaban sin ánimo. La razón de su tristeza era que el jardín, su hogar, ya no era el mismo.
Un día, mientras recolectaba néctar de una flor con forma de pentágono perfecto, vio algo que la entristeció aún más. Un grupo de niños jugaba cerca del jardín, pero en lugar de admirar las flores, las pisoteaban y arrancaban sus pétalos.
"¡No hagan eso!", gritó Zumbidita, aunque su voz era tan pequeña que nadie la oyó. Voló hacia ellos, intentando detenerlos, pero solo consiguió que uno de los niños la espantara con la mano.
"¡Qué bicho más molesto!", exclamó el niño.
Zumbidita se sintió aún más pequeña e insignificante. Voló de regreso a su colmena, con el corazón apesadumbrado. Allí, se encontró con su abuela, la abeja más sabia del jardín.
"¿Qué te pasa, mi pequeña Zumbidita?", preguntó la abuela, al ver su carita triste.
Zumbidita le contó todo lo que había visto y sentido. Le contó cómo los niños no cuidaban las flores, cómo contaminaban el aire con humo de sus autos y cómo arrojaban basura al río que alimentaba el jardín.
La abuela la escuchó con atención y luego le dijo: "Zumbidita, tu tristeza es comprensible. Es cierto que las personas a veces olvidan lo importante que es cuidar la naturaleza. Pero no debemos perder la esperanza. Aún hay muchas personas que aman y protegen el planeta".
"¿Pero qué podemos hacer nosotras, abuela? Somos solo abejas", respondió Zumbidita, con un hilo de voz.
"Podemos hacer mucho más de lo que crees", dijo la abuela. "Podemos empezar por hablar con los niños. Explicarles la importancia de las abejas para el medio ambiente y cómo sus acciones pueden afectar nuestro hogar".
Zumbidita no estaba muy convencida. Le parecía imposible que unos niños que pisoteaban flores pudieran entenderla. Pero confió en la sabiduría de su abuela y aceptó intentarlo.
Al día siguiente, Zumbidita voló de nuevo hacia el lugar donde había visto a los niños. Esta vez, los encontró sentados en el césped, dibujando. Zumbidita respiró hondo y se acercó a ellos.
"Hola", dijo tímidamente.
Los niños se sorprendieron al escucharla hablar. Nunca antes habían oído hablar a una abeja.
"¿Quién eres tú?", preguntó una niña con coletas.
"Soy Zumbidita, una abeja del jardín", respondió la abejita. "Y estoy muy triste porque ustedes no están cuidando nuestro hogar".
Los niños se miraron entre ellos, avergonzados. Uno de ellos, el que había espantado a Zumbidita el día anterior, se levantó y dijo: "Lo sentimos, Zumbidita. No sabíamos que les hacíamos daño".
Zumbidita se sintió aliviada. Tal vez no todo estaba perdido.
"Es importante que cuiden las flores, porque de ellas obtenemos el néctar para hacer la miel", explicó Zumbidita. "Y también es importante que no contaminen el aire ni el agua, porque eso nos enferma a nosotras y a todas las plantas y animales".
Los niños escucharon atentamente a Zumbidita. Al final, prometieron que a partir de ahora cuidarían el jardín y el medio ambiente. Prometieron plantar más flores, no tirar basura y usar menos autos.
Zumbidita se sintió feliz y agradecida. Por primera vez en mucho tiempo, su corazón volvió a latir con alegría. Voló de regreso a su colmena y le contó todo a su abuela.
La abuela sonrió. "Ves, Zumbidita, te dije que aún hay esperanza. Si todos hacemos nuestra parte, podemos hacer del mundo un lugar mejor para vivir".
Desde ese día, Zumbidita y los niños se convirtieron en grandes amigos. Juntos, cuidaron el jardín y lo convirtieron en un lugar aún más hermoso y lleno de vida. Zumbidita aprendió que incluso la abeja más pequeña puede hacer una gran diferencia, y los niños aprendieron que la naturaleza es un tesoro que debemos proteger. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
¿Y tú, qué puedes hacer para ayudar a Zumbidita y a todas las abejas del mundo? Puedes plantar flores en tu jardín o balcón, no tirar basura en la calle, usar menos plástico y hablar con tus amigos y familiares sobre la importancia de cuidar el medio ambiente. ¡Juntos podemos hacer la diferencia!
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