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Gabriel era un chico muy inteligente. Le encantaban los números, los dinosaurios y las historias de aventuras. Pero había algo que le resultaba muy difícil: entender las emociones en las caras de las personas. Tenía TLNV, Trastorno del Lenguaje No Verbal. Él entendía perfectamente las palabras, pero las sonrisas, los ceños fruncidos o las miradas de sorpresa eran un misterio para él.
Un día, Gabriel estaba jugando en el jardín cuando encontró una puerta muy pequeña escondida entre las rosas. La puerta brillaba con una luz suave y lo invitaba a entrar. Con curiosidad, Gabriel abrió la puerta y se encontró en un sendero mágico.
Una voz suave le dijo: "Bienvenido al Sendero de las Emociones, Gabriel. Aquí aprenderás a entender lo que las caras no siempre dicen con palabras. Pero recuerda, cada elección te llevará por un camino diferente."
El sendero empezaba con un campo de girasoles. En el centro del campo, había un espantapájaros con una cara dibujada. La cara del espantapájaros tenía la boca curvada hacia arriba.
"Hola, Gabriel," dijo el espantapájaros. "Veo que tienes una pregunta. ¿Qué emoción crees que estoy mostrando? ¿Alegría o tristeza? Si crees que muestro alegría, sigue el sendero dorado a la derecha. Si crees que muestro tristeza, sigue el sendero de tierra a la izquierda."
Gabriel pensó. La boca estaba curvada hacia arriba, pero… ¿realmente significaba alegría? Recordó que su mamá le había explicado que a veces la gente sonríe cuando está nerviosa. Pero el espantapájaros no parecía nervioso. Recordó la palabra alegría, y la asocio con la imagen de una boca sonriente. Decidido, eligió el sendero dorado a la derecha.
Si Gabriel eligió el sendero dorado:
El sendero dorado lo llevó a un bosque de árboles parlantes. Cada árbol tenía una expresión diferente dibujada en su tronco. Uno de los árboles tenía los ojos muy abiertos y la boca en forma de "O".
"¡Hola, Gabriel!" exclamó el árbol con los ojos abiertos. "¿Qué emoción ves en mi cara? ¿Sorpresa o enojo? Si crees que es sorpresa, sigue el sendero de hojas verdes. Si crees que es enojo, sigue el sendero de piedras grises."
Gabriel dudó. La boca abierta podía significar sorpresa, pero también podía significar enojo, como cuando su hermanito gritaba cuando se caía. Recordó que sorpresa es algo inesperado y nuevo. El árbol le pareció sorprendido, así que eligió el sendero de hojas verdes.
Si Gabriel eligió el sendero de hojas verdes:
El sendero de hojas verdes lo llevó a un río tranquilo. En el río, nadaba un cisne con una cara dibujada. La cara del cisne tenía las cejas levantadas y la boca ligeramente hacia abajo.
"Bienvenido, Gabriel," dijo el cisne. "¿Qué emoción ves en mi cara? ¿Confusión o miedo? Si crees que es confusión, cruza el río sobre las piedras blancas. Si crees que es miedo, cruza el río nadando."
Gabriel sabía que el miedo a menudo hacía que las cejas se levantaran, pero la boca hacia abajo le indicaba confusión. Su maestra ponía esa cara cuando no entendía algo. Él eligió cruzar el río sobre las piedras blancas. Al otro lado, encontró una puerta que lo llevó de vuelta a su jardín. Se sentía un poco más seguro de sí mismo y de su capacidad para entender a los demás.
Si Gabriel eligió el sendero de tierra (en lugar del sendero dorado):
El sendero de tierra lo llevó a un pantano lleno de ranas. Cada rana tenía una expresión diferente dibujada en su cara. Una de las ranas tenía el ceño fruncido y los labios apretados.
"¡Grrr! ¿Qué quieres?" gruñó la rana. "¿Ves mi cara? ¿Estoy enojada o triste? Si crees que estoy enojada, salta sobre los nenúfares rojos. Si crees que estoy triste, salta sobre los nenúfares azules."
Gabriel sabía que el ceño fruncido a menudo significaba enojo. Aunque la rana parecía triste, la asoció con algo malo por el gruñido. Con cuidado, saltó sobre los nenúfares rojos.
Si Gabriel eligió los nenúfares rojos:
Los nenúfares rojos lo llevaron a una cueva oscura. Dentro de la cueva, un murciélago colgaba del techo con una expresión de… ¡nada! Su cara estaba en blanco.
"¿Qué ves?" preguntó el murciélago con una voz chillona. "Si ves algo, inventa una emoción y decide qué hacer. Si piensas que estoy feliz, vuela conmigo. Si piensas que estoy asustado, corre lejos."
Gabriel se dio cuenta de que a veces las personas no muestran ninguna emoción en absoluto. Recordó que a veces, cuando estaba pensando mucho, su cara se quedaba en blanco. Decidió que el murciélago estaba pensando. Salió de la cueva y regresó al sendero principal, aprendiendo que la ausencia de expresión también es una expresión en sí misma. Luego siguió el sendero dorado y continuó la aventura.
(El cuento continúa como la opción del sendero dorado, a partir de la parte del bosque de árboles parlantes).
Al final, Gabriel regresó a su jardín con una nueva comprensión. Sabía que no siempre sería fácil, pero también sabía que podía aprender a entender las emociones, un sendero a la vez. Ahora, cuando veía una cara, recordaba el Sendero de las Emociones y se esforzaba por entender lo que la cara, junto con las palabras, intentaba decir.
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