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Gratis · elegí una vozUna vez, en un cielo inmenso y azul, el Sol y la Luna, que eran muy buenos amigos, decidieron irse a pasear por todo el mundo. El Sol, radiante y lleno de energía, iluminaba los campos verdes y las montañas nevadas. La Luna, suave y brillante, pintaba de plata los ríos y los lagos.
"¡Qué hermoso es el mundo!", exclamó el Sol, calentando con sus rayos a una familia de osos polares en el Ártico.
"¡Es verdad!", respondió la Luna, iluminando con su luz a unos niños que jugaban a la rayuela en un patio oscuro.
Juntos, viajaron por desiertos calurosos, selvas exuberantes y océanos profundos. El Sol saludaba a las flores, haciéndolas florecer con colores vibrantes. La Luna cantaba canciones de cuna a los animales nocturnos, arrullándolos para que durmieran plácidamente.
Un día, mientras el Sol y la Luna se divertían jugando a las escondidas detrás de las montañas, una nube enorme y gris apareció en el horizonte. Era una nube muy gruñona, la más gruñona de todo el cielo. Se llamaba Nubarrón, y odiaba que el Sol y la Luna fueran tan felices.
"¡Grrr! ¡No soporto tanta alegría!", gruñó Nubarrón, frunciendo el ceño. "¡Voy a arruinarles su paseo!"
Nubarrón se acercó al Sol y a la Luna, tapándolos con su cuerpo oscuro y pesado. El Sol, que era muy brillante, intentó atravesar la nube con sus rayos, pero no pudo. La Luna, que era muy suave, intentó iluminar a través de la nube, pero su luz se apagó.
"¡Ja, ja, ja!", se burló Nubarrón. "¡Ahora nadie podrá verlos! ¡El mundo estará oscuro y triste!"
El Sol y la Luna se sintieron muy tristes. Sabían que sin su luz, el mundo se volvería un lugar frío y sombrío. Los animales se esconderían, las flores se marchitarían y los niños dejarían de jugar.
Pero el Sol y la Luna eran muy astutos. Pensaron en una idea para vencer a Nubarrón.
"¡Luna, amiga mía!", dijo el Sol. "¡Vamos a hacerle cosquillas a Nubarrón!"
La Luna sonrió. "¡Qué gran idea, Sol! ¡Vamos a hacerle reír hasta que desaparezca!"
El Sol comenzó a enviar pequeños rayos de luz a través de la nube, haciendo cosquillas en su panza gris. La Luna empezó a cantar una canción suave y divertida, haciendo cosquillas en sus orejas nubladas.
Al principio, Nubarrón se enfadó aún más. "¡Dejen de molestarme! ¡No me hagan cosquillas!", gritó con voz de trueno.
Pero el Sol y la Luna no se rindieron. Siguieron haciéndole cosquillas y cantándole canciones. Poco a poco, Nubarrón empezó a sentir una pequeña cosquilla en el estómago. Luego, otra cosquilla en la mejilla. Y finalmente, una gran cosquilla en la nariz.
"¡Ji, ji, ji!", empezó a reír Nubarrón, tímidamente.
El Sol y la Luna se alegraron al escuchar la risa de la nube. Siguieron haciéndole cosquillas con más fuerza y cantándole canciones más divertidas.
"¡Ja, ja, ja! ¡No puedo parar de reír!", gritó Nubarrón, riendo a carcajadas.
De tanto reír, Nubarrón empezó a deshacerse. Primero, se le cayeron unas gotitas de lluvia. Luego, se le escaparon unas nubecillas blancas. Y finalmente, se desvaneció por completo, convirtiéndose en una suave brisa.
El Sol y la Luna salieron de detrás de la nube, brillando con más fuerza que nunca. El mundo se iluminó de nuevo, y todos los animales y las plantas se alegraron de verlos.
"¡Lo logramos, Luna!", exclamó el Sol, abrazando a su amiga.
"¡Sí, Sol!", respondió la Luna. "¡Aprendimos que la risa es la mejor arma contra la tristeza!"
Desde ese día, el Sol y la Luna siguieron paseando por el mundo, iluminando y alegrando a todos. Y cada vez que veían una nube gruñona, le hacían cosquillas y le cantaban canciones hasta que se reía y se convertía en una suave brisa. Y así, el mundo siempre estaba lleno de luz y alegría. El Sol aprendió a compartir el cielo con las nubes, entendiendo que incluso las nubes, a veces, necesitan un poco de alegría. La Luna se hizo amiga de las estrellas, invitándolas a brillar junto a ella en la noche. Y juntos, el Sol, la Luna y las estrellas, crearon un cielo mágico y lleno de armonía para todos los habitantes de la Tierra. Nunca más una nube gruñona osó interrumpir la felicidad que compartían. Aprendieron que la amistad y la alegría son más fuertes que cualquier nube oscura. Y así vivieron felices para siempre, compartiendo su luz y su amor con el mundo entero.
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