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Gratis · elegí una vozPapá trabajaba en casa. ¡Qué suerte! Tenía una computadora mágica que brillaba con lucecitas y hacía ruidos divertidos. A veces, la computadora le mostraba caras de personas que hablaban desde muy lejos, como si estuvieran en otro planeta.
"¡Buenos días, mis exploradoras!" decía papá cada mañana, con una sonrisa tan grande como el sol. Él nos llamaba exploradoras a mi hermana Sofía y a mí, Elena, porque siempre estábamos listas para descubrir cosas nuevas.
Cuando papá estaba en una "reunión importante", como él decía, la puerta de su oficina se cerraba. ¡Era como si un dragón dormilón custodiara el tesoro! Pero a veces, ¡ay, a veces!, el dragón se olvidaba de la puerta y nosotras podíamos entrar a espiar.
Una vez, Sofía y yo decidimos construir un fuerte de almohadas justo al lado de la oficina de papá. Usamos sábanas, mantas y hasta los peluches más valientes. ¡Era un fuerte invencible! Pero justo cuando estábamos a punto de izar la bandera (una calceta rayada de papá, ¡shhh!), escuchamos un ruido raro que venía de la oficina.
"¿Qué pasa?" susurró Sofía, con los ojos muy abiertos.
"No sé... parece un león hambriento," contesté yo, temblando un poquito.
Nos acercamos sigilosamente a la puerta y pegamos la oreja. ¡Era papá! Estaba hablando con la computadora, pero no con su voz normal. ¡Estaba imitando el rugido de un león!
"¡Grrrr! ¡Tenemos que ser más feroces en este proyecto! ¡Grrrr!"
Sofía y yo nos miramos y no pudimos evitar reírnos. ¡Papá era un león muy gracioso!
Otro día, papá estaba muy concentrado escribiendo en la computadora. Sus dedos volaban sobre el teclado como mariposas. De repente, la computadora hizo un sonido muy fuerte: ¡BEEP!
Papá se sobresaltó y se echó hacia atrás en la silla. "¡Ay, Dios mío!" exclamó.
Sofía y yo corrimos a la oficina. "¿Qué pasa, papá? ¿Estás bien?" preguntamos al unísono.
Papá nos miró con cara de susto. "Creo que he borrado accidentalmente todo mi trabajo," dijo con voz temblorosa.
¡Todo su trabajo! Era como si hubiéramos tirado accidentalmente toda la torre de bloques que habíamos construido durante horas.
Sofía y yo nos pusimos manos a la obra. "¡No te preocupes, papá! Te ayudaremos," dijo Sofía con determinación.
"Sí, ¡somos expertas en buscar cosas perdidas!" añadí yo.
Empezamos a buscar en la computadora. Revisamos todos los archivos, las carpetas y hasta la papelera de reciclaje. Fue como buscar un tesoro escondido en un laberinto.
Después de un rato, Sofía gritó: "¡Lo encontré! ¡Está aquí!"
Había encontrado un archivo con el nombre "Proyecto Secreto". Papá lo abrió y, ¡sí!, ¡era su trabajo! Nos abrazó a las dos con fuerza. "¡Sois mis heroínas!" dijo con los ojos brillantes.
Pero no todos los días eran de aventuras ruidosas. A veces, papá necesitaba silencio para pensar. Entonces, Sofía y yo nos sentábamos a su lado y dibujábamos. Usábamos crayones de todos los colores y creábamos mundos fantásticos llenos de unicornios, dragones amigables y castillos de chocolate. Papá nos miraba de reojo y sonreía. Aunque estuviera trabajando, siempre tenía tiempo para nosotras.
Un día, la computadora de papá empezó a hacer un ruido muy extraño: ¡zumbido, zumbido, zumbido! La pantalla se puso negra y luego apareció una carita triste.
"¡Oh, no! Creo que la computadora está enferma," dijo papá preocupado.
Sofía y yo decidimos convertirnos en doctoras de computadoras. Le pusimos una manta suave a la computadora, le dimos un poco de agua (¡solo unas gotitas!), y le cantamos una canción de cuna.
"Duerme, duerme, computadorita, que tu papá te necesita..."
De repente, la pantalla volvió a encenderse. La carita triste desapareció y apareció un sol sonriente. ¡Habíamos curado a la computadora!
Papá nos abrazó y nos dio un beso en la frente. "¡Sois las mejores doctoras del mundo!" dijo con una sonrisa.
Al final del día, cuando papá apagaba la computadora mágica, nosotras sabíamos que había sido un día especial. Un día lleno de trabajo, risas, sustos y, sobre todo, mucho amor. Porque aunque papá estuviera trabajando desde casa, siempre tenía tiempo para ser nuestro papá. Y nosotras, sus exploradoras favoritas, siempre estábamos listas para acompañarlo en sus aventuras, ¡incluso si eran aventuras de teletrabajo! Y descubrimos que el teletrabajo de papá no era solo trabajo, ¡era también magia!
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