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Gratis · elegí una vozTito era un niño muy curioso. Le encantaba explorar y hacer preguntas sobre todo. Un día, mientras leía un libro de ciencias, sintió un cosquilleo en la punta de su **nariz**. ¡Estornudó tan fuerte que salió volando y se hizo pequeñito, pequeñito, del tamaño de una hormiga!
"¡Ay, caramba! ¿Dónde estoy?" exclamó Tito. Miró a su alrededor y vio un paisaje extraño y lleno de túneles. "¡Esto parece… un cuerpo!"
De repente, escuchó una voz grave. "¡Bienvenido, pequeño! Soy el **cerebro**, el centro de control de este cuerpo. Te estábamos esperando".
Tito, asustado pero emocionado, preguntó: "¿Me estabais esperando? ¿Por qué?"
El cerebro respondió: "Necesitamos tu ayuda. Algunos de nuestros trabajadores están un poco… desorganizados. ¡Necesitamos un explorador valiente que los ponga en orden!".
Tito, sintiéndose importante, aceptó la misión. El cerebro le dio un mapa y le dijo: "Primero, debes visitar el **corazón**. Él bombea la sangre a todo el cuerpo".
Tito siguió el mapa y llegó a una gran cámara roja que latía con fuerza. Allí conoció a Corazón, un órgano grande y amigable. "¡Hola, Tito! Necesitamos que verifiques que todas las **venas** y **arterias** estén limpias. A veces, la comida chatarra las obstruye un poco".
Tito, con la ayuda de un grupo de glóbulos rojos, inspeccionó las venas y arterias. Encontraron algunos trozos de pizza y hamburguesas pegados a las paredes. "¡Esto no puede ser!" gritó Tito. "¡Necesitamos fibra y frutas para limpiar esto!". Los glóbulos rojos empezaron a trabajar, limpiando todo con la ayuda de zanahorias y manzanas imaginarias.
Corazón, agradecido, le dijo: "¡Excelente trabajo, Tito! Ahora debes ir a los **pulmones**. Ellos se encargan de que tengamos aire para respirar".
Tito viajó a los pulmones, dos grandes globos rosados que se inflaban y desinflaban. Allí conoció a Pulmón, un órgano un poco cansado. "¡Hola, Tito! El aire está un poco sucio últimamente. Necesitamos que le digas a la gente que no fume y que cuide el medio ambiente".
Tito se puso manos a la obra. Con la ayuda de pequeños cilios, que parecían pelitos, limpió el aire y le recordó a Pulmón la importancia de respirar aire puro.
Pulmón, sintiéndose revitalizado, le dijo: "¡Muchas gracias, Tito! Ahora debes ir al **estómago**. Él se encarga de digerir la comida".
Tito llegó al estómago, un gran saco que rugía. Allí conoció a Estómago, un órgano muy trabajador pero un poco malhumorado. "¡Hola, Tito! ¡Tengo mucho trabajo! La gente no mastica bien la comida y me obligan a trabajar doble".
Tito observó cómo Estómago luchaba por digerir grandes trozos de comida. "¡Esto no puede ser!" gritó Tito. "¡Debemos masticar bien la comida para ayudar a Estómago!". Tito les enseñó a las enzimas digestivas a trabajar en equipo para descomponer la comida en partes más pequeñas.
Estómago, aliviado, le dijo: "¡Gracias, Tito! Ahora debes ir a los **huesos**. Ellos sostienen todo el cuerpo".
Tito viajó a los huesos, una estructura blanca y fuerte. Allí conoció a Hueso, un órgano sólido y protector. "¡Hola, Tito! Necesitamos que verifiques que los huesos tengan suficiente calcio. A veces, la gente no toma suficiente leche y se debilitan".
Tito inspeccionó los huesos y encontró algunos puntos débiles. "¡Esto no puede ser!" gritó Tito. "¡Necesitamos calcio para fortalecer los huesos! ¡Beban leche y coman verduras!". Tito les dio a los huesos un baño de calcio imaginario, haciéndolos más fuertes y resistentes.
Hueso, agradecido, le dijo: "¡Excelente trabajo, Tito! Ahora debes regresar al cerebro. Él te está esperando".
Tito regresó al cerebro, sintiéndose orgulloso de su trabajo. El cerebro le dijo: "¡Has hecho un trabajo fantástico, Tito! Has ayudado a que el cuerpo funcione a la perfección".
De repente, Tito sintió un cosquilleo en la punta de su **nariz** otra vez. ¡Estornudó y volvió a su tamaño normal! Estaba de nuevo en su habitación, con el libro de ciencias en sus manos.
Tito sonrió. Había aprendido mucho sobre su cuerpo y lo importante que es cuidarlo. A partir de ese día, siempre masticó bien la comida, respiró aire puro, bebió leche y comió frutas y verduras. Y cada vez que sentía un cosquilleo en la **nariz**, recordaba su asombroso viaje por el cuerpo humano.
Desde ese día, Tito siempre recordaba cuidar su **cuerpo**, desde la cabeza a los **pies**, para que todos sus órganos pudieran trabajar en armonía y él pudiera seguir explorando el mundo con su **boca** llena de risa y sus **ojos** llenos de curiosidad.
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