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Gratis · elegí una vozEn un jardín lleno de flores de mil colores, vivía una pequeña oruga llamada Crisálida. A Crisálida le encantaba comer hojas verdes y jugosas, pero le costaba mucho hablar. Cada vez que intentaba decir algo, las palabras se le trababan, como si tuvieran un nudo en la lengua. A veces, cuando quería saludar a sus amigos, las mariquitas y los caracoles, terminaba escondiéndose detrás de una hoja, avergonzada de su tartamudez.
"¡Oh, cómo me gustaría hablar con fluidez!", suspiraba Crisálida, mirando a las mariposas que revoloteaban graciosamente entre las flores. Ellas parecían cantar al hablar, y Crisálida soñaba con poder hacer lo mismo.
Un día, mientras mordisqueaba una hoja de lechuga, Crisálida escuchó una voz suave. "¿Por qué tan triste, pequeña oruga?"
Levantó la vista y vio a una anciana mariposa monarca, con las alas desgastadas por el tiempo y la sabiduría. Crisálida, con un poco de timidez, le contó su problema. "No puedo hablar bien. Las palabras se me quedan atascadas y los demás se ríen de mí."
La mariposa monarca sonrió con ternura. "Crisálida, cada mariposa fue primero una oruga. Y cada oruga debe pasar por un proceso de transformación. Tu tartamudez es como el capullo que envuelve a la oruga. Necesitas trabajar duro, practicar y tener paciencia. Así como la oruga se esfuerza para convertirse en mariposa, tú debes esforzarte para que tu voz vuele libremente."
La mariposa monarca le explicó a Crisálida algunos ejercicios. "Primero, respira profundamente y cuenta hasta diez lentamente. Luego, intenta decir palabras cortas, como sol, luna, flor. Repite cada palabra muchas veces hasta que te sientas cómoda. Y lo más importante, no te rindas."
Crisálida siguió el consejo de la mariposa monarca al pie de la letra. Cada día, practicaba sus ejercicios. Al principio, era difícil. A veces, las palabras seguían trabándose y Crisálida sentía ganas de rendirse. Pero recordaba las palabras de la mariposa monarca y seguía adelante.
Comenzó a practicar frente a un charco, mirándose a sí misma. Repetía las palabras una y otra vez, escuchando atentamente su propia voz. Poco a poco, notó que las palabras salían con más facilidad. Ya no se sentía tan avergonzada de su tartamudez.
Un día, Crisálida decidió hablar con su amiga, la mariquita. Respiró profundamente y dijo: "¡Hola, Ma-ma-mariquita!"
La mariquita, sorprendida, la miró con una gran sonrisa. "¡Crisálida! ¡Estás hablando mucho mejor! ¡Estoy muy orgullosa de ti!"
Crisálida se sintió feliz y aliviada. Sabía que aún tenía que seguir practicando, pero ya no tenía tanto miedo de hablar. Había dado el primer paso.
Pasaron las semanas, y Crisálida continuó practicando sus ejercicios. Un día, sintió que algo extraño le estaba sucediendo. Su piel comenzó a endurecerse y a formar una especie de capullo a su alrededor. Estaba transformándose en crisálida, como todas las orugas.
Dentro de su capullo, Crisálida siguió practicando sus ejercicios. Imaginaba que estaba volando por el cielo, gritando a los cuatro vientos su nombre con una voz clara y fuerte. Soñaba con el día en que saldría de su capullo y se convertiría en una hermosa mariposa.
Después de unos días, el capullo comenzó a resquebrajarse. Con mucho esfuerzo, Crisálida rompió el capullo y salió al exterior. Sus alas estaban húmedas y arrugadas, pero pronto se secaron y se desplegaron en toda su belleza. Era una hermosa mariposa, con alas de colores brillantes y vibrantes.
Crisálida, ahora una mariposa, voló por el jardín, saludando a todos sus amigos. Su voz era clara y melodiosa. Ya no tartamudeaba. Había superado su problema, tal como la mariposa monarca le había dicho.
"¡Hola, mariquitas! ¡Hola, caracoles! ¡Miren, soy una mariposa! ¡Y puedo hablar!", exclamó Crisálida, llena de alegría.
Los demás animales del jardín se alegraron por Crisálida. La felicitaron por su transformación y por su perseverancia. Crisálida les contó su historia, y les explicó cómo los ejercicios y la práctica la habían ayudado a superar su tartamudez.
Desde ese día, Crisálida, la mariposa parlanchina, se convirtió en un ejemplo para todos los niños y niñas que tenían dificultades para hablar. Les enseñó que con esfuerzo, paciencia y perseverancia, podían superar cualquier obstáculo y lograr sus sueños. Les demostró que, al igual que la oruga se transforma en mariposa, ellos también podían transformar su voz y volar libremente con sus palabras.
Y así, Crisálida, la mariposa parlanchina, siguió volando por el jardín, compartiendo su historia y animando a todos a creer en sí mismos y a nunca rendirse.
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