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Gratis · elegí una vozPapá Atuo, un inventor un poco despistado, tenía un perro llamado Helado. Helado no era un perro común; tenía un pelaje blanco como la nieve y una cola que se movía más rápido que un ventilador. Un día, mientras Papá Atuo trabajaba en su taller, un lugar llamado Zoopalisp, donde creaba inventos maravillosos (¡y a veces un poco locos!), Helado jugaba con una manzana. La manzana rodó, rodó y rodó, hasta que desapareció debajo de una mesa cubierta de cebollas.
"¡Helado, tráeme la manzana!" gritó Papá Atuo, sin apartar la vista de su nuevo invento: un mate lunático. El mate lunático era una máquina que, según Papá Atuo, podía convertir cualquier cosa en polvo de estrellas.
Helado, con su olfato canino super desarrollado, encontró la manzana, pero también encontró algo más: un pequeño portal brillante, escondido detrás de una pila de cebollas. Era un portal a la luna, ¡eso seguro! Helado, siendo un perro aventurero, no dudó ni un segundo. Saltó al portal, dejando atrás la manzana y las cebollas.
Papá Atuo, al darse cuenta de que Helado había desaparecido, se preocupó mucho. "¡Helado! ¡Helado! ¿Dónde estás?" gritó, pero solo escuchó el eco de su propia voz. Entonces, vio el portal brillante. “¡Ay, no! ¡Helado y mis cebollas!” exclamó. Sabía que tenía que ir tras su amigo canino.
Sin pensarlo dos veces, Papá Atuo ajustó su sombrero de inventor, tomó su mate lunático (por si acaso) y saltó al portal. Se encontró en un paisaje lunar, lleno de cráteres y rocas grises. El aire era raro, como si estuviera hecho de algodón de azúcar. Y allí, a lo lejos, vio a Helado, persiguiendo una mariposa de polvo de estrellas.
"¡Helado! ¡Aquí estoy!" gritó Papá Atuo, corriendo hacia su perro. Pero correr en la luna era difícil; cada paso era como flotar. Finalmente, alcanzó a Helado, quien lo recibió con un lametazo en la cara.
"Helado, ¡qué susto me has dado!" dijo Papá Atuo, abrazando a su perro. "Pero ahora, tenemos que encontrar la forma de volver a casa."
Mientras caminaban por la luna, se encontraron con un ser extraño. Era pequeño, verde y tenía antenas brillantes. Se llamaba Miku y era un habitante de la luna. Miku, al ver a Papá Atuo y Helado, se acercó con curiosidad.
"¿Quiénes son ustedes?" preguntó Miku, con una voz suave como el susurro de las estrellas.
Papá Atuo se presentó y le explicó a Miku cómo habían llegado a la luna. Miku escuchó atentamente y luego dijo: "Puedo ayudarlos a volver a su planeta, pero primero, necesito su ayuda."
Resulta que la luna estaba perdiendo su brillo. La razón era que alguien había robado todas las manzanas lunares, que eran la fuente de la luz lunar. Sin las manzanas lunares, la luna se oscurecería y los habitantes de la luna no podrían ver.
Papá Atuo y Helado se ofrecieron a ayudar a Miku a encontrar las manzanas lunares robadas. Con la ayuda de Miku, rastrearon al ladrón hasta una cueva oscura en el lado oculto de la luna. Allí, encontraron al ladrón: un mapache lunático que estaba comiendo todas las manzanas lunares.
"¡Detente!" gritó Papá Atuo. "¡Estás robando la luz de la luna!"
El mapache lunático, asustado, tiró las manzanas y huyó. Papá Atuo, Helado y Miku recogieron las manzanas lunares y las devolvieron a su lugar original. Al instante, la luna recuperó su brillo y los habitantes de la luna celebraron con alegría.
Como agradecimiento, Miku les ofreció a Papá Atuo y Helado un viaje de regreso a la Tierra en su nave espacial. La nave espacial era pequeña y redonda, como una aceituna gigante. Subieron a la nave espacial y, en un abrir y cerrar de ojos, estaban de vuelta en el taller de Papá Atuo en Zoopalisp.
Papá Atuo y Helado estaban muy contentos de estar de vuelta en casa. Papá Atuo aprendió que incluso los inventores más despistados pueden ser héroes, y Helado aprendió que la aventura es divertida, pero no hay lugar como el hogar. Y ahora, cada vez que Papá Atuo ve una cebolla, recuerda su viaje lunático con Helado. Desde entonces, Papá Atuo siguió inventando cosas maravillosas en su taller, pero siempre con Helado a su lado, listo para cualquier aventura que se presente… ¡siempre y cuando haya manzanas de por medio!
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