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Gratis · elegí una vozEn un pequeño pueblo rodeado de campos verdes y un río juguetón, vivía un niño llamado Emiliano. Emiliano no tenía hermanos, pero tampoco se sentía solo. Tenía un secreto, un tesoro que guardaba en su granja: ¡patitos! Pero no eran patitos comunes y corrientes. Eran patitos huérfanos, sin mamá pata que los cuidara.
Un día, mientras caminaba por el mercado, Emiliano escuchó un piar lastimero. Siguió el sonido hasta encontrar una caja abandonada. Dentro, temblaban seis patitos amarillos, tan pequeños que cabían en la palma de su mano. El cartel decía: "¡Regalo! Mamá pata desaparecida." El corazón de Emiliano se encogió. Sabía lo que era sentirse solo, y no quería que estos pequeños lo sintieran también.
"¡Los cuidaré!", exclamó Emiliano, llevándose la caja a casa con cuidado. Desde ese día, la vida de Emiliano cambió. Su hogar se llenó de piar y aleteos. Los patitos, a quienes Emiliano llamó Pío, Pía, Pío Pío, Plumita, Copito y Remolino, lo seguían a todas partes. Los alimentaba con maíz y gusanos, les daba baños en una palangana llena de agua tibia, y les contaba historias antes de dormir.
La granja de Emiliano se convirtió en un paraíso para los patitos. Construyó un pequeño estanque con rocas y plantas acuáticas para que nadaran. Les enseñó a buscar comida en el jardín, a reconocer los sonidos del campo, y a esconderse de los gatos traviesos del vecino.
Pero criar patitos no era tarea fácil. A veces, Pío y Pía se escapaban al jardín del vecino y comían todas sus fresas. Otras veces, Plumita se perdía entre las gallinas y Emiliano tenía que buscarla por horas. Y Copito, el más pequeño de todos, siempre necesitaba un cuidado especial. Pero Emiliano nunca se rindió. Los amaba como si fueran sus propios hijos, y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ellos.
Con el tiempo, los patitos crecieron. Sus plumas amarillas se volvieron blancas y brillantes. Sus píos se hicieron más fuertes y seguros. Ya no cabían en la palangana, y el pequeño estanque se les quedaba chico. Emiliano se sentía orgulloso de verlos crecer, pero también un poco triste. Sabía que llegaría el día en que tendrían que volar solos.
Un día, mientras nadaban en el estanque, un grupo de patos salvajes aterrizó cerca. Los patitos de Emiliano se acercaron curiosos, y los patos salvajes comenzaron a piarles en un lenguaje que Emiliano no entendía. Pío, Pía, Pío Pío, Plumita, Copito y Remolino respondieron con entusiasmo.
Emiliano sintió un nudo en la garganta. Sabía que este era el momento. Los patitos necesitaban unirse a su propia especie, aprender a volar en bandada, y encontrar su propio camino en el mundo.
Con lágrimas en los ojos, Emiliano se acercó a los patitos y los abrazó uno por uno. Les dijo cuánto los amaba, y les deseó buena suerte en su viaje. Los patitos, como si entendieran sus palabras, le dieron pequeños picotazos en la mejilla, como besos de despedida.
Luego, uno por uno, los patitos levantaron vuelo y se unieron a la bandada de patos salvajes. Volaron alto, muy alto, hasta desaparecer en el horizonte. Emiliano los observó hasta que no pudo verlos más, con el corazón lleno de amor y un poco de tristeza.
La granja de Emiliano volvió a estar tranquila. Ya no se escuchaban píos ni aleteos. Pero en el corazón de Emiliano, siempre vivirían los recuerdos de los patitos huérfanos que crió con tanto amor. Sabía que, aunque ya no estuvieran con él, él siempre sería su "mamá" Emiliano.
Unas semanas después, una mañana, Emiliano se despertó con un sonido familiar. ¡Píos! Miró por la ventana y vio a sus seis patos, ahora adultos, nadando en el estanque con una nueva camada de patitos pequeños. Habían regresado para mostrarle a sus hijos quién los había cuidado y amado desde que eran solo unos polluelos. Emiliano sonrió. Sabía que su amor había valido la pena, y que siempre sería parte de la familia de patos.
Emiliano siguió cuidando de su granja, siempre recordando a sus patitos. Y cada primavera, esperaba con ansias el regreso de Pío, Pía, Pío Pío, Plumita, Copito y Remolino, y de sus nuevos patitos, para compartir juntos la alegría de la vida en el campo.
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