Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozEsteisi, con sus coletas alborotadas y ojos brillantes, esperaba ansiosamente a su prima Gabriela, a quien cariñosamente llamaba Gabi. Gabi, un torbellino de energía con una risa contagiosa, finalmente llegó corriendo, dejando una estela de polvo de hadas imaginario tras ella.
"¡Gabi! ¡Gabi! ¡Llegaste!" gritó Esteisi, saltando arriba y abajo. Gabi la abrazó con fuerza, haciendo que Esteisi se tambaleara un poco. "¡Esteisi! ¡Vamos a jugar!" respondió Gabi, sus ojos chispeando de emoción.
Comenzaron su juego favorito: la búsqueda del tesoro en el jardín de la abuela. Esteisi, con su mapa imaginario, lideraba el camino, mientras Gabi, con su brújula imaginaria, la seguía de cerca. "¡Por aquí, Gabi! ¡El tesoro debe estar cerca!" exclamó Esteisi con entusiasmo.
Pero, como suele suceder entre primas, la armonía no duró mucho. Encontraron una hermosa flor roja. "¡Es mía!" gritó Esteisi, intentando arrancarla. "¡No, es mía! ¡Yo la vi primero!" respondió Gabi, agarrando también la flor. Tiraron y tiraron, hasta que, ¡crack!, el tallo se rompió y la flor quedó destrozada en dos pedazos. Ambas se quedaron mirando los restos de la flor, con lágrimas asomando a sus ojos.
"¡Lo arruinaste!" gritó Esteisi, empujando a Gabi. "¡No es cierto! ¡Tú empezaste!" replicó Gabi, devolviéndole el empujón. Empezaron a forcejear, intercambiando insultos y pucheros. "¡Eres mala!" "¡Y tú eres tonta!" La pelea duró unos minutos, hasta que ambas se quedaron sin aliento, sentadas en el suelo, dándose la espalda.
Un silencio incómodo llenó el aire. De repente, Esteisi suspiró. "Gabi... lo siento. No debí haberte empujado", dijo en voz baja. Gabi se giró lentamente y miró a Esteisi. "Yo también lo siento, Esteisi. No debí haber tirado de la flor", respondió con un hilo de voz.
Se miraron a los ojos, y una pequeña sonrisa asomó a los labios de Esteisi. Gabi le devolvió la sonrisa. Lentamente, se acercaron la una a la otra y se abrazaron con fuerza. "Somos las mejores primas, ¿verdad?" preguntó Esteisi. "¡Siempre!" respondió Gabi, apretándola aún más.
Después del abrazo, se les ocurrió un nuevo juego. Empezaron a hacer caras graciosas, intentando hacer reír a la otra. Esteisi sacó la lengua y arrugó la nariz. Gabi infló las mejillas como un pez. Se reían a carcajadas, olvidando por completo la pelea de hacía unos minutos.
De repente, Gabi tuvo una idea. "¡Esteisi, vamos a jugar al juego de las sonrisas!" exclamó. "¿Al juego de las sonrisas? ¿Cómo es eso?" preguntó Esteisi, curiosa.
"Es fácil", explicó Gabi. "Nos tocamos la boca con el dedo, y la otra tiene que sonreír. Si no sonríe, pierde". Esteisi asintió, emocionada. "¡Me parece divertido! ¡Empiezo yo!"
Esteisi, con un dedo tembloroso, tocó suavemente la boca de Gabi. Gabi intentó mantener la seriedad, pero los ojos traviesos de Esteisi la estaban haciendo reír por dentro. Finalmente, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. "¡Perdiste!" gritó Esteisi, saltando de alegría.
Ahora era el turno de Gabi. Con una sonrisa pícara, tocó la boca de Esteisi. Esteisi hizo todo lo posible por no reírse, pero la cosquilla en sus labios era irresistible. Una carcajada sonora escapó de su boca. "¡Perdí!" admitió Esteisi, riendo a carcajadas.
Continuaron jugando durante un buen rato, tocándose la boca y haciendo caras graciosas. A veces, se hacían cosquillas en la nariz o en las mejillas para hacer reír a la otra. Era un juego sencillo, pero las mantenía entretenidas durante horas.
El sol comenzó a ponerse, pintando el cielo con tonos anaranjados y rosados. La abuela las llamó para cenar. Esteisi y Gabi entraron corriendo a la casa, tomadas de la mano, con las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.
Después de la cena, mientras se lavaban los dientes, Esteisi le dijo a Gabi: "Gabi, me encanta jugar contigo, aunque a veces nos peleemos". Gabi le sonrió. "A mí también me encanta jugar contigo, Esteisi. Siempre nos reconciliamos al final".
Se abrazaron de nuevo, prometiendo seguir jugando juntas para siempre. Sabían que, aunque a veces tuvieran sus diferencias, su amistad era más fuerte que cualquier pelea. Y mientras se acurrucaban en la cama, listas para dormir, Esteisi y Gabi sabían que mañana les esperaba otro día lleno de risas, juegos y, tal vez, ¡algún que otro pucherito!
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