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Fabianna, con sus coletas saltarinas y una sonrisa que iluminaba el día, tomó la mano de su abuela Marisel. "¡Abuela, abuela! ¿Ya vamos al parque Bararida?" preguntó, con los ojos brillantes de emoción. La abuela Marisel, una mujer de mirada dulce y arrugas que contaban historias, asintió con cariño. "¡Claro que sí, mi niña! Hoy nos espera una gran aventura en Barquisimeto."
Barquisimeto, la ciudad donde vivía la familia de la abuela Marisel, siempre era un lugar mágico para Fabianna. Allí estaba la casa de la abuela Isabel, llena de recuerdos y aromas a dulce de leche. Allí también vivía su tía Laura, siempre dispuesta a contarle cuentos, y su prima Sofía, su compañera inseparable de juegos.
Pero lo que más emocionaba a Fabianna de Barquisimeto era el parque Bararida, un lugar lleno de animales exóticos y sorpresas. Al llegar, lo primero que vieron fue la laguna, con sus aguas tranquilas y reflejos plateados. Algunos patos nadaban plácidamente, mientras que otros se acicalaban en la orilla. "¡Mira, abuela, patitos!" exclamó Fabianna, señalando con entusiasmo.
La abuela Marisel sonrió. "Sí, mi niña. Y eso es solo el principio. ¡Vamos a ver qué más nos espera!"
Caminaron por un sendero bordeado de árboles altos y frondosos. De repente, escucharon un fuerte ruido que venía de entre las hojas. "¡Uuuh, uuuh, aaaah!" Fabianna se agarró a la mano de su abuela, un poco asustada. "¿Qué es eso, abuela?"
"No te preocupes, mi niña. Son los monos," respondió la abuela Marisel, con una sonrisa tranquilizadora. "Son muy juguetones y curiosos."
Y así era. Un grupo de monos, con sus caras graciosas y colas largas, saltaban de rama en rama, haciendo piruetas y gritando con alegría. Fabianna se rió al verlos. "¡Son muy divertidos!"
Continuaron su camino y llegaron a una zona donde vivían los hipopótamos. Dos enormes hipopótamos estaban sumergidos en el agua, con solo los ojos y las orejas asomando. Fabianna los miró con asombro. "¡Son enormes, abuela! ¿Qué comen?"
"Comen mucha hierba y plantas acuáticas," explicó la abuela Marisel. "Son animales muy tranquilos, pero también pueden ser peligrosos si se sienten amenazados."
Después, visitaron el serpentario, un lugar donde vivían diferentes tipos de serpientes. Fabianna sintió un escalofrío al verlas deslizarse por sus terrarios. Había serpientes de todos los colores y tamaños: verdes, amarillas, marrones, grandes, pequeñas, delgadas, gruesas. "¡Qué miedo, abuela!" dijo Fabianna, escondiéndose detrás de su falda.
"No tengas miedo, mi niña. Están en sus casas y no pueden hacernos daño," la tranquilizó la abuela Marisel. "Son animales fascinantes y cumplen un papel importante en la naturaleza."
Después de un largo recorrido por el parque, Fabianna y la abuela Marisel sintieron hambre. Se sentaron en un banco a la sombra de un árbol y sacaron un delicioso sándwich de jamón y queso y un jugo de naranja. "¡Mmm, qué rico!" dijo Fabianna, dando un gran mordisco al sándwich.
Mientras comían, la abuela Marisel le contó historias sobre Barquisimeto y sobre la Divina Pastora, la patrona de la ciudad. "La Divina Pastora es muy importante para nosotros, mi niña. Ella nos protege y nos guía," le dijo la abuela Marisel.
Fabianna escuchó con atención las historias de su abuela, sintiendo un profundo amor por su familia y por su ciudad. Después de comer, fueron a visitar a su tía Laura y a su prima Sofía. Jugaron en el jardín, rieron y se divirtieron hasta que se hizo de noche.
Al día siguiente, antes de regresar a casa, Fabianna y la abuela Marisel fueron a la iglesia de la Divina Pastora. Fabianna encendió una vela y le pidió a la Divina Pastora que protegiera a su familia y a todos los niños del mundo.
De regreso a casa, Fabianna se sintió feliz y agradecida por la maravillosa aventura que había vivido en Barquisimeto. Sabía que siempre recordaría con cariño el parque Bararida, los animales que había visto, las historias que le había contado su abuela y el amor de su familia. Barquisimeto, con su gente amable y su preciada Divina Pastora, siempre tendría un lugar especial en su corazón.
Antes de dormir, Fabianna le dijo a su abuela Marisel: "Gracias, abuela, por este viaje tan bonito. ¡Quiero volver pronto a Barquisimeto!"
La abuela Marisel la abrazó con cariño. "Yo también quiero volver pronto, mi niña. Barquisimeto siempre nos espera con los brazos abiertos."
Y así, Fabianna se durmió soñando con monos juguetones, hipopótamos gigantes y serpientes de colores, pero sobre todo, soñando con el amor de su familia y la magia de Barquisimeto.
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