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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un bosque lleno de árboles altísimos y flores de colores brillantes, un fantasma llamado Fantasmito y un oso grande y peludo llamado Oso. Fantasmito no era un fantasma que asustaba; era un fantasma juguetón al que le encantaba reír y hacer cosquillas con su forma transparente. Oso, aunque parecía un poco gruñón por fuera, tenía un corazón enorme y le encantaba la miel y la compañía de Fantasmito.
Todos los días, Fantasmito y Oso se encontraban junto al gran roble del bosque. Jugaban a las escondidas, donde Fantasmito siempre ganaba porque podía desaparecer a voluntad. También jugaban a perseguirse entre los árboles, con Oso intentando atrapar a Fantasmito, lo cual era casi imposible, ¡pero muy divertido!
Un día soleado, mientras exploraban una parte del bosque que no conocían muy bien, escucharon un ruido. Era un ruido de hoz y un sonido de alguien que parecía estar en problemas. Sigilosamente, se acercaron y vieron a un cerdo pequeño y rosado atrapado en una espesa enredadera.
Oso, con su gran tamaño, se acercó para ayudar al cerdito. Pero cuando lo vio de cerca, su estómago empezó a rugir. "¡Mmm, un cerdo!", gruñó Oso, con los ojos brillando de repente con una idea muy diferente a la de ayudar.
Fantasmito, que siempre flotaba cerca, vio la intención de Oso. "¡Oso, espera!", exclamó Fantasmito, flotando frente a Oso para bloquearle el camino. "¡No te lo comas! Tal vez pueda ser nuestro amigo".
Oso se detuvo, sorprendido. Nunca había pensado en ser amigo de un cerdo. Siempre había pensado en cerdos como... bueno, como comida. Miró a Fantasmito, cuyo rostro transparente brillaba con sinceridad, y luego miró al pequeño cerdito atrapado, que los miraba con ojos grandes y asustados.
"¿Nuestro amigo?", preguntó Oso, rascándose la cabeza con una garra enorme. "Pero... los cerdos no hacen nada más que comer y revolcarse en el barro".
"¡Eso no es cierto!", dijo Fantasmito. "Tal vez este cerdo tenga talentos ocultos. ¡Tal vez pueda cantar, bailar o incluso contar chistes! ¡No lo sabremos hasta que le demos una oportunidad!".
Oso suspiró. Sabía que cuando Fantasmito se proponía algo, era difícil convencerlo de lo contrario. Y, para ser honesto, la idea de tener un nuevo amigo sonaba bastante bien. "Está bien, Fantasmito", dijo Oso. "Le daremos una oportunidad. Pero si empieza a comernos toda la miel, ¡se va!".
Fantasmito sonrió y se dirigió al cerdito atrapado. "¡Hola!", dijo Fantasmito con una voz suave y amigable. "No te vamos a hacer daño. Mi amigo Oso y yo te vamos a ayudar a salir de ahí".
Con cuidado, Oso usó sus fuertes garras para desenredar la enredadera que atrapaba al cerdito. Una vez libre, el cerdito temblaba un poco, pero miró a Fantasmito y Oso con curiosidad.
"Gracias", dijo el cerdito con una voz temblorosa. "Me llamo Cerdoberto".
"¡Hola, Cerdoberto!", dijo Fantasmito. "Yo soy Fantasmito y este es Oso. ¡Bienvenido a nuestro bosque!".
Cerdoberto sonrió tímidamente. "Es un bosque muy bonito", dijo Cerdoberto. "Pero estaba perdido y tenía mucho miedo".
"¡No te preocupes más!", dijo Oso, sorprendiéndose a sí mismo por ser tan amable. "Ahora estás con nosotros. Te llevaremos a casa".
Y así, Fantasmito, Oso y Cerdoberto comenzaron a caminar juntos por el bosque. Mientras caminaban, Fantasmito y Oso le mostraron a Cerdoberto sus lugares favoritos: el claro de las mariposas, el río de agua cristalina y el árbol de las manzanas deliciosas.
Cerdoberto resultó ser un amigo maravilloso. No solo no comió toda la miel de Oso, sino que también era un excelente contador de chistes. Sus chistes eran tan tontos que hacían reír a Fantasmito hasta que flotaba en el aire y hacían reír a Oso hasta que le dolía la barriga.
Un día, Cerdoberto les mostró a Fantasmito y Oso un talento oculto que nadie esperaba: ¡Cerdoberto podía encontrar trufas! Las trufas son hongos deliciosos que crecen bajo tierra, y Cerdoberto tenía un olfato increíble para encontrarlas.
Oso estaba encantado. Las trufas eran una de sus comidas favoritas, pero nunca había podido encontrarlas por sí mismo. Con la ayuda de Cerdoberto, Oso pudo comer trufas todos los días.
Fantasmito, Oso y Cerdoberto se convirtieron en los mejores amigos. Jugaban, exploraban y se cuidaban unos a otros. Demostraron que la amistad puede encontrarse en los lugares más inesperados y que incluso un oso y un fantasma pueden ser amigos de un cerdo.
Y así, en el bosque lleno de árboles altísimos y flores de colores brillantes, vivieron felices para siempre Fantasmito, Oso y el Cerdo Amistoso, Cerdoberto. Siempre recordando el día en que la amistad venció al hambre, y un fantasma enseñó a un oso que la amistad es el mejor manjar de todos.
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