Cuento corto para niños

¡Flaqui, la Gallina Feliz: Una Aventura en la Granja!

Tomás está preocupado porque su gallina Flaqui está muy flaca y no come. Para ayudarla, Tomás la lleva a la granja de su abuelo, donde con buena comida y mucho cariño, Flaqui se recupera y da una gran sorpresa: ¡pone su primer huevo!

A partir de: Tomás y su gallina Flaqui” Había una vez un niño llamado Tomás, que vivía con su mamá en una casa pequeña al borde del pueblo. Tomás tenía una gallina muy especial. Se llamaba Flaqui. No era una gallina como las demás: tenía las patas delgadas, el cuello larguito, y se movía con lentitud. Tomás la cuidaba mucho. Le ponía agua, le daba granitos de maíz, pero Flaqui seguía igual: muy, muy flaca. Una mañana, Tomás se acercó a su gallina y le preguntó: 🎵 “Flaqui, Flaquita, ¿qué te pasará? ¿Te duele la panza o no te gusta el maíz ya?” Flaqui hizo un suave “cloc-cloc”, pero no comió nada. Tomás se preocupó tanto, que fue corriendo donde su mamá. —Mamá, mi gallina no quiere comer. Está muy flaca. ¿Qué puedo hacer? La mamá pensó un momento y luego sonrió: —¿Y si vas a visitar a tu abuelo en la granja? Él conoce muchos secretos de los animales. A Tomás le encantó la idea. Preparó una mochilita con ropa, una fruta y una botellita de agua. Luego metió a Flaqui en una caja con agujeritos y juntos salieron camino a la granja del abuelo Pedro. 🧓 En la granja del abuelo El camino era largo, pero Tomás cantaba para que Flaqui no se aburriera: 🎵 “Vamos, Flaqui, al campo a pasear, con el abuelo vamos a curar…” Cuando llegaron, el abuelo Pedro los recibió con los brazos abiertos. —¡Bienvenidos! ¿Y esa gallina tan flaquita? —Abuelito, no come nada. Estoy preocupado. El abuelo acarició la cabecita de la gallina y dijo: —Aquí en la granja tenemos sol, aire limpio, comida natural… ¡Verás cómo mejora! Y así fue. El abuelo preparó una mezcla especial con: Maíz molido Semillas de girasol Un poco de avena Hojas verdes de la huerta Tomás ayudó a ponerle la comida en un platito. Flaqui, al principio, solo miraba. Pero después de oler y ver cómo picoteaban otras gallinas… 🎵 “Cloc-cloc, pío-pío, pic-pic, qué rico está, esta comida sí me gustará…” ¡Flaqui empezó a comer! Primero despacito… luego con más ganas. Tomás aplaudía feliz. Después de comer, Flaqui caminó por la granja, corrió detrás de los patitos y hasta se subió a una piedra. —¡Mira, abuelito! ¡Ya no está tan débil! Esa noche, Tomás y el abuelo le prepararon un nido cómodo a Flaqui con pajas suaves. Dormía feliz, con la pancita llena. 🥚 El gran regalo Pasaron tres días. Flaqui comía, corría, cantaba… ¡y se veía redondita y feliz! Entonces, una mañana, Tomás escuchó un sonido especial: “Cloc... cloc... ¡PLOP!” —¿Qué fue eso? —dijo Tomás. Corrió al gallinero y allí, en medio del nido, ¡había un hermoso huevito blanco! Tomás no lo podía creer. 🎵 “¡Puso su primer huevo, Flaqui ya sanó! Gracias, abuelito, por tu gran amor.” El abuelo rió con orgullo. —¿Ves, Tomás? A veces solo se necesita paciencia, buena comida y un poco de cariño. Desde ese día, Tomás y su mamá visitaban al abuelo todos los fines de semana. Flaqui se quedó en la granja, rodeada de gallinas, patos y conejitos. Y cada vez que Flaqui ponía un huevo, Tomás cantaba su canción: 🎵 “Flaqui, Flaquita, ya no estás flacucha, eres fuerte y feliz, y tu vida me escucha.” Y así termina la historia de Tomás y su gallina Flaqui, que encontró la salud entre el amor, la naturaleza… ¡y una buena comida de granja!

Empezar a leer ↓Publicado el 14/04/2026

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Había una vez un niño llamado Tomás, que vivía con su mamá en una casa pequeña al borde del pueblo. Tomás tenía una gallina muy especial. Se llamaba Flaqui. No era una gallina como las demás: tenía las patas delgadas, el cuello larguito, y se movía con lentitud.

Tomás la cuidaba mucho. Le ponía agua, le daba granitos de maíz, pero Flaqui seguía igual: muy, muy flaca.

Una mañana, Tomás se acercó a su gallina y le preguntó:

🎵 “Flaqui, Flaquita, ¿qué te pasará?

¿Te duele la panza o no te gusta el maíz ya?”

Flaqui hizo un suave “cloc-cloc”, pero no comió nada.

Tomás se preocupó tanto, que fue corriendo donde su mamá.

—Mamá, mi gallina no quiere comer. Está muy flaca. ¿Qué puedo hacer?

La mamá pensó un momento y luego sonrió:

—¿Y si vas a visitar a tu abuelo en la granja? Él conoce muchos secretos de los animales.

A Tomás le encantó la idea. Preparó una mochilita con ropa, una fruta y una botellita de agua. Luego metió a Flaqui en una caja con agujeritos y juntos salieron camino a la granja del abuelo Pedro.

🧓 En la granja del abuelo

El camino era largo, pero Tomás cantaba para que Flaqui no se aburriera:

🎵 “Vamos, Flaqui, al campo a pasear,

con el abuelo vamos a curar…”

Cuando llegaron, el abuelo Pedro los recibió con los brazos abiertos.

—¡Bienvenidos! ¿Y esa gallina tan flaquita?

—Abuelito, no come nada. Estoy preocupado.

El abuelo acarició la cabecita de la gallina y dijo:

—Aquí en la granja tenemos sol, aire limpio, comida natural… ¡Verás cómo mejora!

Y así fue. El abuelo preparó una mezcla especial con:

Maíz molido

Semillas de girasol

Un poco de avena

Hojas verdes de la huerta

Tomás ayudó a ponerle la comida en un platito. Flaqui, al principio, solo miraba. Pero después de oler y ver cómo picoteaban otras gallinas…

🎵 “Cloc-cloc, pío-pío, pic-pic, qué rico está,

esta comida sí me gustará…”

¡Flaqui empezó a comer! Primero despacito… luego con más ganas.

Tomás aplaudía feliz.

Después de comer, Flaqui caminó por la granja, corrió detrás de los patitos y hasta se subió a una piedra.

—¡Mira, abuelito! ¡Ya no está tan débil!

Esa noche, Tomás y el abuelo le prepararon un nido cómodo a Flaqui con pajas suaves. Dormía feliz, con la pancita llena.

🥚 El gran regalo

Pasaron tres días. Flaqui comía, corría, cantaba… ¡y se veía redondita y feliz!

Entonces, una mañana, Tomás escuchó un sonido especial:

“Cloc... cloc... ¡PLOP!”

—¿Qué fue eso? —dijo Tomás.

Corrió al gallinero y allí, en medio del nido, ¡había un hermoso huevito blanco!

Tomás no lo podía creer.

🎵 “¡Puso su primer huevo, Flaqui ya sanó!

Gracias, abuelito, por tu gran amor.”

El abuelo rió con orgullo.

—¿Ves, Tomás? A veces solo se necesita paciencia, buena comida y un poco de cariño.

Desde ese día, Tomás y su mamá visitaban al abuelo todos los fines de semana.

Flaqui se quedó en la granja, rodeada de gallinas, patos y conejitos.

Y cada vez que Flaqui ponía un huevo, Tomás cantaba su canción:

🎵 “Flaqui, Flaquita, ya no estás flacucha,

eres fuerte y feliz, y tu vida me escucha.”

Y así termina la historia de Tomás y su gallina Flaqui, que encontró la salud entre el amor, la naturaleza… ¡y una buena comida de granja!.

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Publicado el 14/04/2026

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