Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozFranz era un pequeño caracol, no un caracol cualquiera, sino un caracol con una concha que brillaba como el sol. Vivía en un jardín lleno de flores gigantes y setas de colores. A Franz le encantaba explorar, pero siempre se quedaba cerca de su casa, una fresa hueca que compartía con su abuela, la Abuela Caracola. Un día, mientras jugaba cerca de un rosal, Franz escuchó una melodía suave y lejana. Era una canción hermosa, como el susurro del viento entre las hojas, pero más dulce.
"¿Qué es eso?", se preguntó Franz, con sus antenitas temblando de curiosidad. La Abuela Caracola, que estaba tomando el sol en una hoja de lechuga, lo escuchó. "Esa, mi pequeño Franz, es la canción de la Montaña Cantarina. Se dice que solo la escuchan aquellos con un corazón puro y aventurero".
Franz nunca había oído hablar de la Montaña Cantarina. "¿Dónde está? ¿Cómo llego allí?", preguntó emocionado.
La Abuela Caracola sonrió, mostrando sus arruguitas. "Está muy lejos, Franz. Más allá del campo de margaritas y del bosque de champiñones. Es un viaje largo y peligroso para un caracol tan pequeño".
Pero Franz era un caracol decidido. La melodía lo había cautivado. "¡Tengo que ir, Abuela! ¡Quiero escuchar la canción de la Montaña Cantarina!".
La Abuela Caracola, viendo la determinación en los ojitos de Franz, suspiró. "Está bien, mi pequeño. Pero ten cuidado. Lleva contigo esta hojita de menta. Te protegerá del sol y te dará fuerzas".
Franz tomó la hojita de menta y se despidió de su abuela. Empezó su aventura. Primero, cruzó el campo de margaritas. Las flores eran enormes, como soles blancos que lo cegaban. Tuvo que arrastrarse entre los pétalos, cuidando de no perderse. Luego, llegó al bosque de champiñones. Los hongos eran de todos los colores: rojos con lunares blancos, amarillos brillantes, incluso algunos azules y violetas. El bosque era oscuro y húmedo, y Franz sintió un poco de miedo.
De repente, escuchó un ruido. ¡Era un escarabajo gigante! El escarabajo lo miró con sus grandes ojos brillantes. "¿A dónde vas, pequeño caracol?", preguntó con voz grave.
Franz, temblando un poco, le contó su aventura y su deseo de escuchar la canción de la Montaña Cantarina.
El escarabajo sonrió. "La Montaña Cantarina está muy lejos. El camino es difícil. Pero te ayudaré. Súbete a mi espalda".
Franz se subió a la espalda del escarabajo, sujetándose fuerte a sus pelitos. El escarabajo echó a volar, elevándose por encima del bosque de champiñones. Desde arriba, Franz pudo ver el paisaje: el campo de margaritas, el bosque de champiñones, y a lo lejos, una montaña alta y majestuosa. ¡Era la Montaña Cantarina!
El escarabajo llevó a Franz hasta la falda de la montaña y lo dejó allí. "Buena suerte, pequeño caracol. Escucha con atención".
Franz se despidió del escarabajo y comenzó a escalar la montaña. El camino era rocoso y empinado. Tuvo que esforzarse mucho para avanzar. Pero la melodía de la Montaña Cantarina lo animaba a seguir. Cuanto más subía, más fuerte se escuchaba la canción. Era una mezcla de risas, susurros y el sonido del agua corriendo.
Finalmente, Franz llegó a la cima de la montaña. Allí, en medio de un claro cubierto de flores silvestres, vio algo increíble. Era una fuente de agua cristalina. El agua brotaba de la tierra y formaba pequeñas burbujas que cantaban la melodía que Franz había estado escuchando. Era la canción de la Montaña Cantarina.
Franz se acercó a la fuente y bebió un poco de agua. El agua era dulce y refrescante, y sintió que le llenaba el corazón de alegría. Se sentó junto a la fuente y escuchó la canción durante horas. Era la canción más hermosa que había escuchado en su vida. Una canción que hablaba de la naturaleza, la amistad y la importancia de seguir tus sueños.
Cuando el sol comenzó a ponerse, Franz supo que era hora de volver a casa. Se despidió de la fuente y comenzó a descender la montaña. El camino de vuelta fue más fácil. Recordaba la canción de la Montaña Cantarina y se sentía lleno de energía.
Al llegar al jardín, la Abuela Caracola lo estaba esperando. "¡Franz! ¡Estás de vuelta! ¿Escuchaste la canción de la Montaña Cantarina?"
Franz asintió con una gran sonrisa. "¡Sí, Abuela! Fue la experiencia más maravillosa de mi vida".
Franz le contó a su abuela todo sobre su aventura: el campo de margaritas, el bosque de champiñones, el escarabajo gigante y la fuente de agua cantarina. La Abuela Caracola escuchó atentamente, con los ojos brillantes.
Desde ese día, Franz se convirtió en un caracol muy especial. Siempre recordaba la canción de la Montaña Cantarina y la compartía con todos los que conocía. Y aunque siguió explorando el jardín, nunca olvidó la importancia de tener un corazón aventurero y de seguir tus sueños, por más pequeños que seas.
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