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Gonzalo era un hombre muy distraído. Tan distraído que, un día soleado, mientras volaba en helicóptero, ¡se olvidó de que no llevaba ropa! Era un vuelo de prueba de un nuevo tipo de helicóptero supersónico, y Gonzalo, como el ingeniero principal, debía supervisarlo. Estaba tan concentrado en los botones y las palancas que no se dio cuenta de que, en lugar de su uniforme de trabajo, ¡solo llevaba su pijama de ositos!
De repente, una turbulencia sacudió el helicóptero. Gonzalo, con un grito ahogado, resbaló y… ¡cayó! ¡Cayó al vacío, completamente desnudo, sin paracaídas, y con su pijama de ositos ahora muy, muy lejos!
"¡Ay, no! ¡Esto no puede estar pasando!", gritó Gonzalo, sintiendo el viento silbar en sus orejas. "¡Voy a morir! ¡Y desnudo! ¡Qué vergüenza!"
Mientras caía, desesperado, cerró los ojos con fuerza. Al abrirlos, vio algo increíble. A través de una ventana, ¡vio un avión! Y dentro, una mamá y su hijito dormían plácidamente.
Gonzalo, en su desesperación, gritó: "¡Auxilio! ¡Ayuda! ¡Me caigo!"
La mamá, que tenía el sueño muy ligero, se despertó sobresaltada. Miró por la ventana y casi se cae de la silla. ¡Allí estaba Gonzalo, cayendo a toda velocidad, completamente desnudo y con una expresión de terror en la cara!
"¡Shhh!", le siseó la mamá, con una voz entre preocupada y divertida. "¡No grites, por favor! ¡Vas a despertar a mi hijito! Y… ¡tápate el… el penesito! ¡Hay niños presentes!"
Gonzalo, sorprendido por la petición, y aún más por la situación, obedeció instintivamente. Con una mano intentó cubrirse, mientras con la otra seguía gritando, aunque ahora en voz más baja: "¡Pero señora, me estoy cayendo! ¡Voy a morir!"
"¡Lo sé, lo sé!", respondió la mamá, buscando algo en su bolso. "Pero no hay necesidad de ser tan escandaloso. A ver… ¿tienes algo que te pueda ayudar?"
Gonzalo negó con la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas. "¡No! ¡Solo tengo mi… mi… piel!"
La mamá sacó una revista de viajes de su bolso y se la extendió por la ventana. "¡Toma! ¡Por lo menos cúbrete con esto! ¡No es lo ideal, pero es mejor que nada! Y trata de mantener la calma, ¿sí?"
Gonzalo, agradecido, agarró la revista con manos temblorosas y se la puso delante. Era una revista sobre las Islas Fiyi, llena de fotos de playas paradisíacas. "¡Gracias, señora! ¡Pero sigo cayendo!"
"¡Ya lo sé!", exclamó la mamá, mirando hacia abajo con preocupación. "¡Espera! ¡Tengo una idea! ¡Voy a llamar al piloto! A lo mejor puede hacer algo… aunque no sé qué! ¡Pero no pierdo nada con intentarlo! ¡Pero, por favor, no grites!"
La mamá se levantó y corrió hacia la cabina del piloto. Gonzalo, mientras tanto, seguía cayendo, aferrado a la revista de las Islas Fiyi como si fuera su salvavidas. Pensó en su pijama de ositos, en su trabajo, en su vida. ¡Y en lo ridículo que se veía cayendo desnudo!
El piloto, después de escuchar la increíble historia de la mamá, no sabía qué hacer. Nunca se había encontrado en una situación similar. Pero era un piloto valiente e ingenioso. Decidió volar lo más cerca posible de Gonzalo, intentando darle alguna esperanza.
Mientras tanto, la mamá regresó a su asiento, agitada. "¡El piloto va a intentar algo! ¡Pero no te prometo nada! ¡Solo… reza! Y… ¡no te olvides de taparte! ¡Hay niños!"
Gonzalo, con la revista cubriendo lo más posible, rezó con todas sus fuerzas. Rezó a todos los santos, a todos los dioses, e incluso a los ositos de su pijama. Y entonces, ocurrió algo inesperado. El helicóptero, que lo había estado buscando, ¡lo encontró! El piloto, arriesgando su propia vida, logró acercar el helicóptero lo suficiente como para que Gonzalo pudiera saltar y agarrarse a una cuerda que le lanzaron.
Fue un momento tenso y peligroso, pero Gonzalo, con un último esfuerzo, logró agarrarse a la cuerda y fue izado de vuelta al helicóptero, ¡todavía desnudo y con la revista de las Islas Fiyi en la mano! Le dieron una manta para cubrirse y, avergonzado pero aliviado, prometió no volver a distraerse nunca más.
Al final, Gonzalo aprendió una valiosa lección: siempre hay que prestar atención a lo que uno lleva puesto, ¡especialmente si vas a volar en un helicóptero!
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