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Gratis · elegí una vozHabía una vez, en un valle escondido detrás de las montañas de algodón de azúcar, un arcoíris muy especial. No era un arcoíris cualquiera, no señor. Este arcoíris... ¡tenía hipos! Cada vez que intentaba brillar con todo su esplendor, ¡HIP!, un hipo colorido sacudía sus siete franjas.
El arcoíris se llamaba Iris, y estaba muy, muy triste. Quería iluminar el valle, adornar el cielo después de la lluvia, pero sus hipos lo hacían ver torpe y tembloroso. Los pájaros se reían (¡piu, piu, qué arcoíris tan hiposo!), las nubes murmuraban (¡mira, mira, ahí va Iris, el arcoíris tembloroso!) y el sol, aunque intentaba ser amable, a veces se escondía detrás de una nube por la vergüenza ajena.
Un día, mientras Iris hipaba desconsoladamente (¡HIP! ¡HIP! ¡HIP!), una pequeña luciérnaga llamada Luz se acercó volando. Luz era curiosa y valiente, y no le importaban los hipos de Iris.
"Hola, Iris," dijo Luz con su vocecita brillante. "¿Por qué estás tan triste?"
Iris, sorprendido de que alguien se le acercara sin reírse, respondió con un hipo: "¡HIP! No puedo brillar correctamente. ¡HIP! Siempre estoy hipando. ¡HIP! Soy un desastre de arcoíris."
Luz se posó en la franja azul de Iris y lo miró fijamente. "Pero Iris, tus hipos son... ¡increíbles! Nunca había visto un arcoíris que hiciera eso. ¡HIP! ¡HIP! Suenan como pequeñas campanitas de colores."
Iris se quedó boquiabierto (o más bien, boquiarcoíris). ¿A alguien le gustaban sus hipos? Era la primera vez que oía algo así.
"¿De verdad?" preguntó Iris, aún con un poco de duda.
"¡Por supuesto!" exclamó Luz. "Mira, cuando hipas, ¡HIP!, haces que las flores del valle bailen. ¡HIP! Los pájaros cantan más fuerte. ¡HIP! Y hasta las nubes sonríen."
Iris miró hacia abajo y se dio cuenta de que Luz tenía razón. Cada vez que hipaba, el valle se llenaba de alegría. Las flores se movían al ritmo de sus hipos, los pájaros componían melodías hiposas y las nubes dibujaban caras divertidas en el cielo.
"Pero... ¿aún así soy diferente?" preguntó Iris.
"¡Claro que sí!" respondió Luz. "Y eso es lo que te hace especial. No hay otro arcoíris como tú. ¡Eres el único arcoíris con hipos del mundo!"
Iris sonrió por primera vez en mucho tiempo. Sus hipos ya no le parecían un problema, sino una parte de él, una parte especial y única.
Desde ese día, Iris dejó de preocuparse por sus hipos. En lugar de intentar ocultarlos, los abrazó con alegría. Cada vez que llovía, Iris aparecía en el cielo, listo para hipar y llenar el valle de color y alegría.
Los pájaros ya no se reían de él, sino que cantaban al ritmo de sus hipos. Las nubes ya no murmuraban, sino que le hacían cosquillas con sus gotas de lluvia. Y el sol, en lugar de esconderse, brillaba con más fuerza, orgulloso de tener un arcoíris tan especial como Iris.
Y así, Iris, el arcoíris con hipos, se convirtió en el arcoíris más querido del valle. Aprendió que ser diferente no es malo, sino que es lo que nos hace únicos y especiales. Y todo gracias a una pequeña luciérnaga llamada Luz, que le enseñó a ver la belleza en sus hipos.
Una tarde, mientras Iris hipaba alegremente sobre el valle (¡HIP! ¡HIP! ¡HIP!), vio algo sorprendente. ¡Otro arcoíris! Pero este arcoíris no tenía hipos. Este arcoíris... ¡tenía cosquillas! Cada vez que intentaba brillar, se retorcía de risa y sus colores se mezclaban de forma caótica.
Iris voló hacia el arcoíris con cosquillas y le dijo: "Hola, yo soy Iris, el arcoíris con hipos. ¿Por qué estás tan triste?"
El arcoíris con cosquillas respondió entre carcajadas: "¡Ji, ji, jo! No puedo brillar correctamente. ¡Ji, ji, jo! Siempre me estoy riendo. ¡Ji, ji, jo! Soy un desastre de arcoíris."
Iris sonrió. Sabía exactamente cómo se sentía. "No te preocupes," dijo Iris. "Tus risas son hermosas. Hacen que las flores se rían contigo, que los pájaros hagan piruetas en el aire y que las nubes se conviertan en algodones de azúcar."
El arcoíris con cosquillas miró a su alrededor y vio que Iris tenía razón. Sus risas llenaban el valle de alegría.
"¿De verdad crees?" preguntó el arcoíris con cosquillas.
"Por supuesto," dijo Iris. "Y lo más importante es que eres único. No hay otro arcoíris como tú."
Desde ese día, Iris y el arcoíris con cosquillas se hicieron los mejores amigos. Juntos, llenaban el valle de hipos y risas, demostrando que la diferencia es lo que nos hace especiales y que todos tenemos algo hermoso que ofrecer al mundo.
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