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Gratis · elegí una vozHenry y Jack, dos amigos inseparables, estaban muy emocionados. ¡Hoy iban de paseo a la selva con sus mamás y otros amigos! Henry, con su mochila llena de galletas, y Jack, con su lupa para observar insectos, no podían esperar a explorar. La selva era un lugar mágico, llena de árboles altísimos, plantas exóticas y sonidos misteriosos.
Mientras caminaban por un sendero estrecho, Henry vio una mariposa azul brillante. "¡Mira, Jack!" exclamó, corriendo tras ella. Jack, fascinado por una oruga peluda, lo siguió. Sin darse cuenta, se alejaron del grupo. Cuando finalmente se detuvieron, la mariposa y la oruga habían desaparecido, y… ¡estaban perdidos!
"¿Dónde estamos?" preguntó Henry, con un poco de miedo en su voz.
Jack miró a su alrededor. "No lo sé. ¡Pero no veo a nuestras mamás!"
Empezaron a caminar, esperando encontrar el camino de regreso. De repente, entre la densa vegetación, vislumbraron algo sorprendente: ¡una ciudad antigua! Era una ciudad de piedra, cubierta de enredaderas y musgo, con edificios altos y extrañas esculturas.
"¡Guau! ¿Qué es esto?" dijo Jack, asombrado.
"Parece una ciudad antigua," respondió Henry, con los ojos bien abiertos. "¡Quizás vivieron aquí los Tallanes!" Habían leído sobre los Tallanes en un libro de historia en la escuela. Los Tallanes eran una cultura antigua que vivía en la selva hace mucho tiempo.
Entraron a la ciudad con cuidado. Todo estaba en silencio, excepto por el sonido de los pájaros y los insectos. En el centro de la ciudad, encontraron una gran plaza con una estatua de piedra. En la base de la estatua, había un acertijo escrito en una lengua extraña.
"¿Qué dice?" preguntó Jack.
Henry se acercó y examinó el acertijo. "No entiendo las palabras, pero hay dibujos. Un sol, una luna, una estrella y… una gota de agua."
Jack pensó un momento. "¡Ya sé! El sol sale de día, la luna de noche, la estrella brilla en la oscuridad y la gota de agua… ¡es vida!"
Al decir estas palabras, la estatua se movió, revelando una puerta secreta. Henry y Jack se miraron con sorpresa y emoción. ¿Qué les esperaba detrás de la puerta?
Con valentía, entraron por la puerta. Se encontraron en un túnel oscuro y húmedo. Caminaron un poco, hasta que llegaron a una cámara grande. En el centro de la cámara, había un cofre de madera. Henry y Jack lo abrieron con cuidado. El cofre estaba lleno de… ¡piedras brillantes!
"¡Tesoros!" gritó Jack, maravillado.
Pero de repente, un sonido siseante resonó en la cámara. Henry y Jack se voltearon y vieron… ¡una anaconda gigante! La serpiente era enorme, con escamas verdes y amarillas, y sus ojos brillaban en la oscuridad.
"¡Corre!" gritó Henry.
Henry y Jack salieron corriendo de la cámara, con la anaconda gigante pisándoles los talones. Corrieron por el túnel, de vuelta a la ciudad antigua. La serpiente era muy rápida y casi los alcanzaba.
Cuando llegaron a la plaza, Henry tuvo una idea. "¡Las estatuas!" gritó. "¡Tenemos que escondernos detrás de las estatuas!"
Se escondieron detrás de una estatua grande, esperando que la anaconda no los viera. La serpiente llegó a la plaza, siseando furiosamente. Buscó a Henry y a Jack por todas partes, pero no los encontró. Finalmente, la anaconda se cansó de buscar y se fue.
Henry y Jack respiraron aliviados. Estaban a salvo, pero seguían perdidos.
"¿Qué vamos a hacer?" preguntó Jack, con lágrimas en los ojos.
"No te preocupes, Jack," dijo Henry, tratando de sonar valiente. "Encontraremos el camino de regreso."
De repente, escucharon unas voces familiares. "¡Henry! ¡Jack!" eran sus mamás.
"¡Mamá!" gritaron Henry y Jack, corriendo hacia ellas.
Sus mamás los abrazaron con fuerza. "¡Estábamos tan preocupadas! ¿Dónde estaban?"
Henry y Jack les contaron todo sobre la mariposa, la oruga, la ciudad antigua, el acertijo, el cofre de tesoros y la anaconda gigante.
Sus mamás no podían creer lo que oían. "¡Qué aventura!" dijeron.
Juntos, encontraron el camino de regreso al sendero principal y salieron de la selva. Henry y Jack estaban felices de estar a salvo con sus mamás. Habían vivido una aventura increíble, pero también habían aprendido que es importante mantenerse juntos y seguir las instrucciones. Y aunque encontraron piedras brillantes, el verdadero tesoro era tener a sus familias y amigos. Al final, decidieron no contarle a nadie sobre la ciudad perdida, la mantendrían como su secreto.
De regreso a casa, Henry y Jack se prometieron que siempre se cuidarían el uno al otro, y que la próxima vez que fueran a la selva, ¡definitivamente se quedarían cerca de sus mamás!
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