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Gratis · elegí una vozIan tenía cinco años y vivía en una colonia donde las calles eran de tierra. Le encantaba jugar afuera, sobre todo andar en su bicicleta roja. Era un niño aventurero, ¡aunque un poco torpe! Se caía y se golpeaba casi todos los días, pero eso nunca lo detenía. Siempre se levantaba, se sacudía el polvo y volvía a intentarlo. A Ian le gustaba la libertad. Prefería andar en calzoncillos, descalzo y con los pies llenos de tierra. Su ropa limpia terminaba misteriosamente llena de manchas de lodo y hierba en cuestión de minutos.
En la misma colonia vivía Alessandrita, también de cinco años. Iban al mismo kínder, pero eran como el agua y el aceite. Alessandrita era tierna, delicada y siempre vestía ropa preciosa: vestidos con encajes, zapatos brillantes y lazos en el pelo. Siempre estaba impecable. Le gustaba jugar a las muñecas y dibujar flores con crayones.
A pesar de sus diferencias, Ian y Alessandrita eran vecinos y, a su manera, amigos. Alessandrita siempre observaba a Ian desde la ventana, a veces con curiosidad, otras con un poco de preocupación. Lo veía corriendo, saltando y, por supuesto, cayéndose. Ella pensaba: "¡Ay, Ian! ¿Por qué siempre tienes que estar tan sucio y despeinado?"
Un día, Ian estaba especialmente emocionado. Había descubierto un nuevo camino en la colonia, un sendero polvoriento que conducía a un gran árbol viejo. Decidió explorar. Montó en su bicicleta, pedaleando con todas sus fuerzas, el viento silbando en sus oídos. De repente, ¡BAM! Ian perdió el control y cayó al suelo con un golpe sordo. Se raspó la rodilla y sintió que las lágrimas comenzaban a brotar.
Alessandrita, que estaba jugando en su jardín, escuchó el ruido y vio a Ian tirado en el suelo. Por un momento, dudó. Ella nunca se ensuciaba, ¡ni siquiera un poquito! Pero al ver la cara de dolor de Ian, algo dentro de ella cambió. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia él, su vestido blanco ondeando al viento.
"¡Ian! ¿Estás bien?", preguntó Alessandrita, con su voz suave y preocupada.
Ian se sentó y se sobó la rodilla. "Me duele", dijo, con la voz temblorosa.
Alessandrita, a pesar de su aversión a la suciedad, se arrodilló junto a él en la tierra. Sacó un pañuelo de encaje de su bolsillo (que, por supuesto, siempre llevaba consigo) y comenzó a limpiar la herida de Ian.
"No llores", dijo Alessandrita, "Ya casi está. Mamá siempre dice que un besito cura todos los rasguños". Y con mucho cuidado, le dio un beso en la rodilla.
Ian sintió un cosquilleo y una extraña sensación de alivio. Dejó de llorar. Miró a Alessandrita, que ahora tenía un poco de tierra en su vestido blanco.
"Gracias, Alessandrita", dijo Ian, sonriendo un poco. "Nunca pensé que te ensuciarías por mí".
Alessandrita se sonrojó. "Bueno, a veces, incluso las princesas tienen que ensuciarse un poco", respondió, con una sonrisa tímida.
Juntos, se levantaron. Ian recogió su bicicleta y Alessandrita le ayudó a enderezar el manubrio. Decidieron explorar el nuevo camino juntos. Ian, con su rodilla raspada y sus pies sucios, y Alessandrita, con su vestido ligeramente manchado de tierra, caminaron lado a lado, descubriendo las maravillas del mundo que les rodeaba. Ian le mostró cómo trepar al árbol viejo, y Alessandrita le enseñó a identificar diferentes tipos de flores silvestres.
Ese día, Ian y Alessandrita aprendieron algo importante. Ian aprendió que no estaba mal recibir ayuda, incluso de alguien tan diferente a él. Y Alessandrita aprendió que la aventura y la amistad valían la pena, incluso si eso significaba ensuciarse un poco. Y aunque Ian siguió siendo Ian, el niño de los calzoncillos y los pies sucios, y Alessandrita siguió siendo Alessandrita, la niña de los encajes y los lazos, encontraron una nueva forma de ser amigos, una forma en la que las diferencias no importaban tanto como la diversión y el cariño que se tenían el uno al otro. Desde ese día, a veces se veía a Alessandrita, ¡con un poquito de tierra en sus rodillas!, jugando con Ian en las calles de tierra de la colonia. Y Ian, a veces, ¡hasta se ponía unos calcetines limpios!, para acompañar a Alessandrita a dibujar flores en el jardín.
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