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Gratis · elegí una vozA Ignacia le costaba dormirse temprano. Todas las noches, cuando el reloj marcaba las ocho, sus párpados se negaban a cerrarse. En lugar de sueño, sentía un cosquilleo travieso en los pies, una energía burbujeante que la impulsaba a saltar de la cama y explorar el mundo a oscuras.
Sus padres intentaban de todo. Le contaban cuentos de ovejas saltarinas, le daban leche tibia con miel y hasta le cantaban canciones de cuna con voz suave y dulce. Pero nada funcionaba. Ignacia se quedaba despierta, mirando las sombras danzar en el techo de su habitación, imaginando aventuras fantásticas en mundos lejanos.
Una noche, mientras estaba sentada en la cama, sintió una pequeña mano cosquilleándole el pie. ¡Ah! Ignacia soltó una pequeña risita. Miró hacia abajo y vio… ¡un monstruo! Pero no era un monstruo aterrador con garras afiladas y dientes puntiagudos. Era un monstruo pequeño, peludo y de color morado, con una sonrisa pícara y unos ojos brillantes y juguetones.
"¿Quién eres tú?" preguntó Ignacia, con un poco de miedo pero también con mucha curiosidad.
"Soy el Monstruo de las Cosquillas Nocturnas," respondió el monstruo con una voz suave como el susurro del viento. "Y estoy aquí porque sé que te cuesta mucho dormirte temprano."
Ignacia asintió con la cabeza. "Es verdad. No puedo. Siempre tengo demasiada energía."
El Monstruo de las Cosquillas Nocturnas sonrió. "Yo puedo ayudarte. Conozco muchos secretos para dormir bien. Pero primero, necesito que me prometas algo."
"¿Qué cosa?" preguntó Ignacia.
"Prométeme que no le dirás a nadie que existo. Si la gente supiera de mí, me asustaría y me iría para siempre."
Ignacia prometió guardar el secreto. Entonces, el Monstruo de las Cosquillas Nocturnas le contó su primer secreto: "Para dormir bien, necesitas liberar tu energía antes de acostarte. Corre, salta, baila… ¡haz lo que te guste! Pero hazlo con alegría y con ganas."
Ignacia siguió el consejo del monstruo. Esa noche, antes de acostarse, corrió alrededor de la casa, saltó a la comba en el jardín e incluso bailó una pequeña danza improvisada en el salón. Estaba agotada, pero también se sentía feliz y tranquila.
Cuando se metió en la cama, el Monstruo de las Cosquillas Nocturnas estaba allí, esperándola. Le dio un pequeño cosquilleo en la nariz y le contó su segundo secreto: "Piensa en cosas bonitas antes de dormirte. Imagina que estás volando por el cielo, nadando en el mar o explorando un bosque mágico."
Ignacia cerró los ojos y se imaginó volando sobre las nubes, sintiendo el viento en su pelo y viendo el mundo desde arriba. Se sintió tan relajada y feliz que pronto se quedó dormida.
Al día siguiente, Ignacia se despertó sintiéndose renovada y llena de energía. Había dormido toda la noche sin despertarse ni una sola vez. ¡Estaba encantada!
Cada noche, el Monstruo de las Cosquillas Nocturnas visitaba a Ignacia y le contaba nuevos secretos para dormir bien. Le enseñó a respirar profundamente para calmar su mente, a escuchar música suave para relajar su cuerpo y a leer un libro antes de acostarse para adormecer sus pensamientos.
Con el tiempo, Ignacia aprendió a controlar su energía y a dormirse temprano sin la ayuda del Monstruo de las Cosquillas Nocturnas. Pero nunca olvidó su amigo peludo y morado. Sabía que, aunque ya no lo viera, el Monstruo de las Cosquillas Nocturnas siempre estaría allí, en sus recuerdos, recordándole la importancia de liberar su energía, pensar en cosas bonitas y cuidar de su cuerpo y de su mente.
Un día, Ignacia encontró a otra niña que tenía problemas para dormir. Se acercó a ella y le contó los secretos que le había enseñado el Monstruo de las Cosquillas Nocturnas. La niña siguió sus consejos y, poco a poco, también aprendió a dormirse temprano.
Ignacia se dio cuenta de que, aunque el Monstruo de las Cosquillas Nocturnas ya no la visitaba, su magia seguía viva en ella, ayudando a otros niños a encontrar la paz y el descanso que necesitaban. Y así, Ignacia se convirtió en la guardiana de los secretos del sueño, compartiendo su sabiduría con todos aquellos que necesitaban una mano amiga para vencer al Monstruo de las Cosquillas Nocturnas interior.
Desde entonces, cada vez que Ignacia ve a un niño con ojeras y bostezando, le sonríe y le dice: "¿Sabes? Conozco un secreto…"
Y así, la leyenda del Monstruo de las Cosquillas Nocturnas y los secretos del buen dormir se transmiten de generación en generación, ayudando a los niños de todo el mundo a soñar con los angelitos.
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