Escuchá este cuento
Gratis · elegí una vozEn lo alto de una colina verde y ondulada, se alzaba un castillo antiguo, conocido por todos como el Castillo Cantarín. Se llamaba así porque, cuando el viento soplaba fuerte, sus torres y almenas emitían un suave y melodioso zumbido. Pero, ¡ay!, el Castillo Cantarín tenía un habitante muy particular: el Ogro Boque. Boque no era un ogro malvado, pero sí era un ogro muy, muy gruñón. Tenía una barriga enorme, una nariz roja como un tomate y un pelo verde que parecía musgo. Le molestaba el canto del castillo, le molestaba el sol, le molestaban los pájaros, y sobre todo, ¡le molestaban los niños!
Cerca del castillo vivían varios niños, entre ellos, un niño llamado Juan. Juan era un niño curioso y valiente, con el pelo castaño y unos ojos brillantes como estrellas. A Juan le encantaba explorar, y aunque todos le advertían que se mantuviera alejado del Castillo Cantarín y del Ogro Boque, la curiosidad siempre lo llevaba a acercarse un poco más.
Un día, mientras jugaba con sus amigos Ana y Mateo cerca del bosque que rodeaba el castillo, Juan encontró una pequeña puerta secreta en la base de una de las torres. "¡Mirad!" exclamó Juan, "¡Una puerta secreta! ¿Creéis que deberíamos entrar?"
Ana, siempre precavida, respondió: "¡No, Juan! ¿No recuerdas lo que dicen del Ogro Boque? ¡Es peligroso!"
Mateo, un poco más aventurero, dudó. "No lo sé… me da un poco de miedo, pero… ¿qué habrá dentro?"
Juan, con los ojos llenos de emoción, dijo: "¡Sólo vamos a echar un vistazo! Si vemos al ogro, ¡corremos!" Y sin esperar respuesta, Juan abrió la puerta con un empujón y entró. Ana y Mateo, temblando un poco, lo siguieron.
La puerta los condujo a un pasillo oscuro y polvoriento. A medida que avanzaban, escuchaban un leve ronquido que venía de una habitación al final del pasillo. "¡Es el ogro!" susurró Ana, con los ojos muy abiertos.
Con mucho cuidado, Juan, Ana y Mateo se acercaron a la habitación. Al asomarse por la puerta, vieron al Ogro Boque durmiendo profundamente en una cama enorme, hecha de hojas secas y ramas. Roncaba tan fuerte que las paredes temblaban.
Pero lo que realmente llamó la atención de los niños no fue el ogro, sino lo que había a su alrededor. La habitación estaba llena de juguetes rotos, libros con las páginas arrancadas y juegos incompletos. "¡Mira!" exclamó Mateo, "¡Todos son nuestros juguetes! ¡Los que hemos perdido jugando cerca del castillo!"
Juan tuvo una idea. "Creo que sé por qué el Ogro Boque es tan gruñón," dijo. "¡Está solo y aburrido! Y roba nuestros juguetes para tener algo con qué jugar, aunque no sabe cómo hacerlo."
Con mucho cuidado, Juan y sus amigos recogieron algunos de los juguetes rotos. Encontraron un oso de peluche al que le faltaba un ojo, una muñeca sin un brazo y un tren de madera sin ruedas. Decidieron que podían arreglarlos.
Cuando el Ogro Boque empezó a removerse en su sueño, los niños salieron de la habitación con los juguetes y regresaron a su casa. Durante los siguientes días, trabajaron diligentemente para reparar los juguetes. Ana cosió el ojo del oso, Mateo pegó el brazo de la muñeca y Juan encontró unas ruedas nuevas para el tren.
Cuando terminaron, regresaron al Castillo Cantarín con los juguetes arreglados. Esta vez, no entraron por la puerta secreta. Llamaron a la puerta principal. El Ogro Boque, con el pelo aún más revuelto y la nariz más roja, abrió la puerta con un gruñido.
"¿Qué queréis, pequeños mocosos?" bramó el ogro.
Juan, sin miedo, dio un paso adelante. "Hemos venido a devolverte tus juguetes," dijo, extendiendo el oso de peluche arreglado.
El Ogro Boque se quedó mirando el oso con incredulidad. Nunca nadie le había devuelto nada, y mucho menos un juguete arreglado. Tomó el oso con cuidado, como si fuera a romperse.
Ana y Mateo le entregaron la muñeca y el tren. El ogro los miró con curiosidad. Los niños le explicaron cómo los habían encontrado rotos y cómo los habían reparado.
Una extraña expresión apareció en la cara del Ogro Boque. No era una sonrisa, pero tampoco era un gruñido. Era algo intermedio. "¿Por… por qué hicisteis esto?" preguntó, con la voz temblorosa.
"Porque pensamos que estabas triste y solo," respondió Juan. "Y porque a todos nos gusta jugar."
El Ogro Boque guardó silencio por un momento. Luego, con un suspiro, invitó a los niños a entrar. Les mostró su colección de juguetes rotos y les preguntó si podían ayudarle a arreglarlos. Juan, Ana y Mateo aceptaron encantados.
Desde ese día, el Ogro Boque ya no fue un ogro gruñón. Con la ayuda de Juan, Ana y Mateo, aprendió a jugar y a compartir. El Castillo Cantarín ya no le molestaba, y hasta empezó a tararear las melodías del viento. Y los niños, por supuesto, tenían un nuevo amigo muy especial, aunque un poco grande y verde, en el Castillo Cantarín.
¿Te gustó el cuento?
Compártelo con otra familia o con tu clase, o descárgalo para imprimir.
El cuento de la semana
Un cuento gratis cada semana. Sin spam, te das de baja con un clic.
Herramientas del Cuento
Tu hijo es el héroe
Reescribir con el nombre de tu hijo como protagonista
Descargar como PDF
Cuento completo con ilustraciones listo para imprimir
Gratis
Diploma de lectura
Un diploma para imprimir con el nombre de tu peque. También para toda la clase.
Gratis
Regalar este cuento
Envíaselo a la abuela, a un tío o a quien quieras, con una dedicatoria.
Gratis
Insertar en tu blog o aula virtual
Copia un código y muestra este cuento en tu blog, Moodle o Google Sites.
Gratis
Agregar preguntas de comprensión
Literal, inferencial, crítico, creativo y vocabulario
Crear quiz de comprensión lectora
Preguntas de opción múltiple sobre este cuento
Crear página para colorear e imprimir
Dibujo en blanco y negro listo para el aula
Traducir cuento
Traducir a otro idioma preservando el estilo
Editar cuento
Modificar la historia con instrucciones específicas
Reescribir para niños más pequeños
Vocabulario más simple, oraciones más cortas
Reescribir para niños más grandes
Vocabulario más rico, mayor complejidad
Regenerar ilustraciones
Mantener el texto, generar nuevas imágenes
Crear mi Cuentito
¿Te inspiraste? ¡Crea tu propio Cuentito!
Usa IA para escribir un cuento personalizado en segundos.
Crear mi CuentitoCuentitos que también podrían gustarte

Héroes de la Naturaleza
Tres hermanos aprenden la importancia de cuidar el medio ambiente al salvar a un pájaro y un zorro, convirtiéndose en héroes locales.

El monstruo de las emociones
Emilio, un pequeño monstruo con la habilidad de percibir las emociones de las personas, ayuda a Mateo a manejar sus sentimientos y aprender importantes lecciones sobre emociones.

El pajarito herido
Catalina y Martina descubren un pajarito herido en el jardín de su abuela. Deciden cuidarlo y aprender sobre la importancia de ayudar a los animales necesitados.

El Zorro Gourmet
La historia de Zorrito, un zorro que sueña con probar la mejor comida del mundo en el prestigioso restaurante Ratatuy de París. A lo largo de su aventura, descubre que la verdadera pasión y dedicación son más valiosas que el dinero, y que con esfuerzo y creatividad se pueden alcanzar los sueños.

La Promesa Perfecta
En un salón de escuela dominical, los niños aprenden sobre la caída de la humanidad a través de la historia de Adán y Eva, y las promesas de esperanza dadas por Dios a lo largo del tiempo, hasta el nacimiento de Jesús. Con un enfoque en compartir amor y bondad, los pequeños se inspiran a hacer promesas en su propia vida.

La puerta secreta del Área 51
Tres amigos descubren una puerta secreta en el Área 51, donde conocen a un amigable robot que les enseña ciencia y tecnología.

La misión celestial de Aurora y Mateo
"Aurora y Mateo: Los Mensajeros del Cielo" cuenta la historia de una niña y un duende que llevan alegría a todos.

El avión de chocolate de Dieguito
Dieguito, un niño con gran imaginación y amor por el chocolate, ayuda a un hombre necesitado vendiendo chocolates caseros y luego construye su propio avión de chocolate para cumplir su sueño de cabalgar las nubes.

No soy Messi, pero soy yo
Joaquín, un niño apasionado por el fútbol y su ídolo Lionel Messi, se sentía incómodo jugando con niños de su edad. Un día, decidió acercarse a ellos y le rechazaron. Sin embargo, gracias al consejo de su madre, Joaquín encontró la solución para hacer amigos y descubrió que no tenía que ser Messi para ser aceptado.
Explora libros y crea historias
Puedes crear historias en libros existentes, crear tus propios libros con personajes o escribir historias independientes.



