🇪🇸Cuento corto para niños
Kael, un príncipe caído reencarnado, busca venganza y el poder del Orbe Primigenio. En su camino, manipula y rescata a tres poderosas mujeres, Lysennah, Revka y Naevira, quienes se ven envueltas en sus intrigas mientras luchan por entender sus sentimientos hacia él y el oscuro pasado que lo persigue.
A partir de: "El Ojo del Príncipe Caído"
Géneros: Fantasía oscura, reencarnación, drama, misterio, harem
Capítulos estimados: 20+ (cada uno muy extenso y con múltiples giros)
Protagonista: Kael von Erevaris, el "Príncipe Caído"
Capítulo 1: El Fénix que Despertó en la Oscuridad
El mundo de Vel’Astrium estaba gobernado por siete grandes Casas. Cada una custodiaba un fragmento del Orbe Primigenio, una reliquia antigua capaz de alterar la realidad misma. Entre todas las casas, ninguna era tan temida ni tan admirada como la Casa Erevaris, descendientes del linaje de Sangre Maldita, quienes supuestamente pactaron con un dios moribundo a cambio de poder eterno.
Y fue en esa misma Casa donde Kael abrió los ojos… por segunda vez.
𝘋𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘩𝘢𝘣í𝘢 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰, 𝘩𝘶𝘣𝘰 𝘴𝘢𝘯𝘨𝘳𝘦.
La última vez que Kael von Erevaris respiró, fue como un traidor. En su vida pasada, había sido un noble frío, manipulador, con un don para la mentira y un rostro que jamás mostraba culpa. Vendió secretos de su casa a las facciones enemigas. Forjó alianzas con seres prohibidos de la Sombra Umbría. Incluso mandó asesinar a su propio hermano menor para ascender más rápido.
Pero fue traicionado. Por amor.
Una mujer de cabello blanco y alas negras…
Una traidora que le dijo "te amo" justo antes de clavarle una daga al corazón.
—Despierta, demonio... el infierno no ha terminado. —dijo una voz entre ecos.
Cuando sus ojos se abrieron en esa cámara de cristal sumergida en ruinas antiguas, Kael sintió el ardor de dos memorias mezclarse: la del joven heredero y la del monstruo que había sido. No sabía cuánto tiempo había pasado. Su cuerpo era más joven. Pero la marca de su pasado estaba allí: una runa negra en el pecho, una condena de eternidad.
Y en su mente… un deseo: "No cometeré los mismos errores. Esta vez, mentiré mejor."
La Primera: Lysennah, la Arquera de los Bosques Perdidos
Tras escapar del templo donde fue reencarnado, Kael emergió en los Bosques de Eldreon, donde fue atacado por una patrulla élfica. Fingió estar herido. Fingió no saber quién era. Con voz temblorosa y ojos vacíos, se presentó como "Kael, un huérfano errante que escuchaba voces".
Allí conoció a Lysennah Drel’Varin, una elfa de corazón duro, perteneciente a una familia que había jurado cazar a los Erevaris por siglos.
Ella lo rescató.
—No sé qué haces aquí, humano. Pero si estás mintiendo… lo sabré.
—No sé quién soy —mintió, ocultando la marca con vendas—. Solo quiero respuestas.
Durante semanas, Kael la estudió. Aprendió su rutina. Sus heridas. Su odio por los Erevaris. Y lentamente, comenzó a sembrar simpatía. Una sonrisa aquí. Una historia trágica allá. Hasta que Lysennah empezó a dudar.
Pero su relación no fue tranquila. Ella lo confrontaba constantemente:
—Tienes la mirada de alguien que ha matado… muchas veces.
—Tal vez lo hice en otra vida —susurraba él, sin negar ni confirmar.
Hasta que una noche, al borde de un ataque enemigo, Kael la salvó… usando un conjuro prohibido que solo un Erevaris podía manejar. Lysennah lo descubrió.
—¡Tú eres uno de ellos! ¡Un demonio vestido de cordero!
—¿Y qué vas a hacer, Lysennah? —respondió Kael, tomando su arco y arrojándolo lejos—. ¿Matar al único que te ha comprendido?
Ella no lo hizo. Lo odió. Lo besó. Lo abofeteó. Lo salvó. Se alejó.
La Segunda: Revka, la General del Imperio Caído
En su camino al sur, Kael se infiltró en las ruinas de Khar-Ein, donde encontró una prisión sellada. Allí yacía Revka, una semidemonio de piel gris, cadenas malditas, y ojos que no pestañeaban desde hacía cien años.
Fue él quien rompió el sello. Fingió ser un enviado del nuevo Imperio para liberarla.
—¿Qué quieres de mí, humano?
—Que me sirvas. Y que aplastemos a los que me robaron la vida.
Revka rió. Un sonido hueco y cruel.
—Eres peor que yo. Me agradas.
A su lado, Kael aprendió a blandir el fuego de los pactos oscuros. Pero también aprendió el precio de jugar con las emociones de alguien como ella. Porque Revka lo deseaba… y no sabía amar sin dominar.
—No me manipules, Kael. —le dijo una noche, después de una batalla—. Porque si lo haces… me enamoraré de ti, y te mataré por ello.
Y Kael, por primera vez, sintió miedo de su propio juego.
La Tercera: Naevira, la Princesa Dragón
En las tierras nevadas de Valdyr-Norr, Kael fue testigo de un ritual interrumpido. Una princesa dragón, encerrada en su forma humana, estaba por ser sacrificada por su propio clan.
Kael intervino. No por compasión, sino por estrategia. Un dragón podía ser un arma útil.
Pero Naevira no era una niña indefensa. Era altiva, orgullosa, y con un poder dormido. Kael la manipuló fingiendo ser un enviado celestial. Ella le creyó.
Durante su viaje juntos, discutían a diario. Ella odiaba su forma de hablar. Su sarcasmo. Su mirada calculadora.
Pero también, noche tras noche, ella se acercaba más.
—No confío en ti.
—No necesitas hacerlo. Solo sígueme.
—¿Por qué me salvaste?
—Porque mereces algo mejor que morir en manos de cobardes.
Y ella, sin entenderlo, empezó a necesitarlo.
Fin del Capítulo 1: El Comienzo del Engaño
Kael ya tenía tres piezas. Tres mujeres de poder. Tres corazones que lo amaban, lo odiaban o ambos.
Pero su plan apenas comenzaba. Su meta no era el amor. Era venganza, control y eternidad.
Sin embargo, el pasado siempre regresa.
Y en sueños, la mujer de alas negras seguía apareciendo…
—Kael… aún no has pagado por lo que hiciste.
Capítulo 2: La Sangre de las Máscaras Rojas
Lugar: Ciudadela de Tharell, dominio inquisitorial al norte de Vel’Astrium
Objetivo: Recuperar el Fragmento del Orbe escondido bajo el Templo del Sol Carmesí
Peligro: Los Inquisidores Rojos… y alguien que Kael creía muerto
1. La ciudad donde los herejes no tienen nombre
Las murallas de Tharell se alzaban como garras negras bajo una luna roja. Las torres tenían ojos: linternas embrujadas que escaneaban las almas. Allí, los Inquisidores Rojos, fanáticos marcados con fuego y metal, gobernaban con mano de hierro.
Kael, vestido con la túnica de un monje errante, murmuraba una letanía inventada. Las puertas se abrieron. Fingió fe. Fingió humildad.
Detrás, escondidas entre los tejados, Lysennah, Revka y Naevira observaban.
—¿Estás segura de que puede con esto solo? —susurró Lysennah, tocando su arco.
—Kael no necesita ayuda para meterse en la boca del lobo —gruñó Revka—. Lo preocupante es lo que hará cuando esté dentro.
—Solo… confíen un poco —dijo Naevira, aunque no sonaba convencida—. Tiene un plan. Siempre lo tiene.
2. Las Tres Rutas del Engaño
La misión era clara: mientras Kael infiltraba el templo por la cripta inferior, ellas debían neutralizar tres focos de vigilancia.
Revka, con su armadura rota y su hacha maldita, se lanzó contra los centinelas del campanario.
Naevira descendió al foso sagrado para sabotear el círculo de barrera mágica.
Lysennah debía eliminar al Vigía Ciego, un oráculo conectado mentalmente a todos los inquisidores.
Pero pronto entenderían que esta ciudad no perdonaba errores.
3. El encuentro del pasado: Kael vs El Lobo de Ceniza
Kael descendía las catacumbas, guiado por el eco de su propia respiración. Estaba a punto de tomar el fragmento cuando una figura lo esperaba entre estatuas rotas.
—Jamás creí que volvería a ver esa sonrisa hipócrita.
Kael se congeló. Esa voz…
Ese tono quebrado por el odio…
—…Thauren. —susurró, como un veneno regresando por la garganta.
Thauren Vark, su antiguo compañero. Su sombra. El único amigo que había traicionado.
Kael tragó saliva, pero sonrió.
—¿Sobreviviste a la purga en Nocthollow? Qué resistente eres para ser una herramienta rota.
—¡Yo te seguí, Kael! ¡Te protegí! ¡Y me vendiste como a un perro!
Thauren desenfundó su lanza de sangre. Sus ojos ardían con magia viva.
—No saldrás de aquí. Esta ciudad es mi tumba… y será la tuya.
4. La batalla: Ceniza contra Mentira
Los golpes sacudieron las criptas.
Magia negra contra lanzazos imbuidos de luz sagrada.
Kael movía las sombras como serpientes, esquivando con precisión. Pero Thauren era implacable. Su lanza no sólo cortaba carne… cortaba recuerdos.
—¡¿Recuerdas esto?! —gritó clavando su lanza cerca del corazón—. ¡El mismo ataque con el que mataste a tu hermano! ¡Yo lo vi!
Kael escupió sangre. Sonrió.
—Y aún así, seguiste llamándome amigo. Qué patético fuiste, Thauren.
El suelo se partió. Las estatuas cayeron. Ambos cuerpos chocaban como titanes. Kael invocó un espejo de sombras. Thauren lo rompió a golpes.
—¡Esta vez no escaparás!
—No necesito escapar. Solo necesito que te arrodilles… como antes.
Kael activó un sello en su palma: la Marca del Engaño Absoluto. Por un instante, Thauren dudó. Vio a su madre. A su hermana. A su Kael de hace años…
Y esa duda bastó. Una daga envenenada en el costado. Un susurro al oído:
—Sigue soñando con la verdad. Yo prefiero el poder.
5. Las chicas luchan… y se entienden
Mientras tanto, el ataque coordinado por las tres mujeres ya estaba en marcha.
Revka cortaba inquisidores con su hacha envuelta en fuego. Sangre sobre sus brazos.
—¡Uno menos! ¡Naevira, cubre la retaguardia!
—¡Voy! —gritó la princesa dragón, escupiendo una ráfaga de hielo sobre un grupo de sacerdotes armados.
Lysennah, desde lo alto, disparaba flechas imbuidas en silencio absoluto. Una, dos, tres… sin fallar.
—¡Arriba, a la izquierda! —avisó a Revka—. ¡Lanzador de llamas!
—¡Lo tengo!
Por primera vez, trabajaban como un equipo. Se cubrían, se gritaban, se empujaban lejos del peligro.
Y en medio de eso, hubo un momento de tregua.
—¿Alguna vez pensaron… que estábamos peleando juntas por el mismo idiota? —dijo Lysennah, respirando agitada.
—Ni siquiera estoy segura de si lo odio o lo deseo —respondió Naevira.
—Yo sí. Ambas cosas. Al mismo tiempo. —gruñó Revka—. Pero si ese bastardo muere… quiero hacerlo yo.
Las tres rieron. En medio del caos, una chispa de complicidad.
6. El Final del Asalto
Con el fragmento en su mano, Kael salió de las catacumbas cubierto en sangre. Thauren yacía inconsciente, no muerto… pero derrotado.
Las chicas lo encontraron en la plaza del Templo.
Silencio.
Sangre.
Y esa sonrisa suya. Siempre.
—¿Qué pasó abajo? —preguntó Revka.
—Un viejo fantasma. Lo enterré otra vez.
—Estás sangrando —dijo Naevira.
—No es mío.
—Mentiroso —murmuró Lysennah—. Pero eres nuestro mentiroso.
Epílogo del Capítulo 2
En una colina lejana, una figura observaba Tharell arder.
Una mujer de alas negras. Ojos dorados.
—Sigues vivo, Kael. Pero no por mucho. Tus errores te alcanzarán… y no estaré sola cuando lo hagan.
Capítulo 3: Las Profundidades que Mienten
Lugar: Ciudad sumergida de Sirelen-Thal, reino de las Profundas
Objetivo: Convencer a la Reina Sirena de entregar el segundo fragmento del Orbe
Riesgo: Territorio hostil, diplomacia venenosa, secretos del pasado
1. Sombras bajo el agua
Los canales que llevaban a Sirelen-Thal eran oscuros como la boca de un leviatán. El agua no era agua: era memoria líquida, capaz de proyectar pensamientos si se nadaba lo suficiente. Los cuatro habían descendido por un túnel de zafiros rotos, nadando entre ruinas que cantaban.
Kael iba al frente, serio, pero con los ojos calculadores de siempre. Las chicas lo seguían en silencio.
—No me gusta esto —murmuró Lysennah, nadando a su lado—. Este lugar… siente lo que piensas.
—Entonces piensa en silencio —susurró Kael sin mirarla—. Estas criaturas se alimentan de verdad. Y yo estoy aquí para darles justo lo que necesitan: una mentira disfrazada de deseo.
—Qué poético… y repugnante —bufó Revka.
—Poético pero efectivo —replicó Kael—. Eso me define bastante bien.
2. La Reina del Abismo
La corte sumergida los recibió con cantos melancólicos y ojos sin pupilas. Sirenas de aspecto noble, afiladas como espadas y hermosas como pesadillas.
En un trono de coral viviente, se alzaba La Reina Nyssira, mitad mujer, mitad serpiente marina, con cabello blanco flotando como medusas en guerra.
—Kael von Erevaris.** El veneno con piernas. Al fin vienes a rogar.**
Kael inclinó la cabeza, teatral como siempre.
—No a rogar, mi reina. A negociar. Tengo algo que deseas.
Nyssira se rió con un eco que retumbó en las conchas.
—¿Mentiras? ¿Sangre? ¿O promesas de traición?
—Un mapa —dijo Kael, revelando un pergamino mojado—. El camino hacia el Trono de los Ocho. Lo encontré en los restos de Tharell. Tú quieres venganza. Yo quiero poder. Somos iguales.
—¿Y el precio?
—Tu fragmento. Y el silencio eterno sobre... cierto secreto que conozco de tu pasado.
Los ojos de Nyssira se abrieron, serpenteantes.
—¿Tú sabes...?
Kael asintió. Pero nunca dijo qué. Solo dejó que ella lo creyera.
3. Las chicas actúan por su cuenta
Mientras Kael negociaba, las chicas no se quedaban quietas.
Lysennah se infiltró en la biblioteca sumergida. Descubrió registros antiguos, escritos con sangre marina.
—¿Qué demonios es esto...? —murmuró—. “Tratado Erevaris - Profundas: Juramento de sangre sellado…” ¿Kael ya conocía a esta reina…?
Revka y Naevira descendieron a la armería inundada, enfrentando a guardianes encantados. Peleaban sincronizadas, cubriéndose la espalda.
—¿Desde cuándo peleas tan bien sin gritar tanto? —bromeó Naevira mientras evaporaba un centinela con fuego azul.
—Desde que descubrí que me gusta trabajar con alguien que no trata de controlarlo todo —replicó Revka—. Y sí, hablo de Kael.
—A veces lo odio. A veces… quiero que me abrace. Es raro.
—Eso se llama trauma, princesa.
Rieron, empapadas en sal, pero unidas.
4. El precio de la manipulación
Kael y Nyssira estaban solos.
—Tú me conociste hace 10 años. Me salvaste en el naufragio de Rhyn’tar. Dijiste que me amabas. Luego desapareciste.
—Yo también te mentí —susurró Kael, acercándose—. ¿Y qué? Así es como sobrevivimos los que nacimos malditos.
Ella se le acercó. Muy cerca. Labios a centímetros.
—Dime la verdad, Kael. ¿Amaste a alguna mujer alguna vez?
—…Sí —dijo sin dudar—. Pero no fue suficiente para cambiarme.
—Entonces tomarás mi fragmento… y algún día, yo tomaré tu corazón. Para devorarlo.
Ella le entregó el cristal. Kael no tembló. Pero cuando salió de la sala, su rostro estaba tenso.
—
5. La confrontación
Reunidos nuevamente, Kael mostró el fragmento.
—Misión cumplida.
—¿A qué costo? —dijo Lysennah, lanzándole los documentos mojados al pecho—. ¿Hace cuánto la conocías?
Kael bajó la mirada.
—Antes de ustedes. Antes de todo. Ella me salvó cuando ni yo sabía quién era. La usé. Como uso todo.
—¡¿Y por qué no lo dijiste?! —rugió Revka—. ¿Qué más ocultas, Kael? ¿Nos usas también?
—Sí —respondió sin titubear—. Porque lo necesito. Porque sin ustedes, este mundo me tragaría. Pero eso no significa que no las valore.
Silencio.
Naevira fue la primera en hablar:
—Entonces demuéstralo. Deja de jugar con nuestras emociones como piezas. Y lucha con nosotras… no sobre nosotras.
Kael asintió.
—Una mentira puede salvarte. Pero tres mujeres furiosas pueden destruirte.
Lysennah lo empujó con dos dedos.
—Empiezas a aprender.
Epílogo del Capítulo 3
Esa noche, descansaron en la costa. Nadie durmió. Kael miró el fragmento en su mano. Tres en total. Cuatro por reunir.
Y una verdad dolorosa: por primera vez… no sabía si estaba controlando al grupo, o si lentamente… estaban empezando a cambiarlo a él.
Capítulo 4: La Corona del Frío Eterno
Lugar: Valle Glaciar de Virellia, al norte del continente
Objetivo: Localizar el Cuarto Fragmento del Orbe
Amenaza: Una antigua esclava de la familia Erevaris, ahora Reina de Hielo
Estado de Kael: Capturado
1. El Silencio Blanco
Las montañas de Virellia se alzaban como cuchillas cubiertas de escarcha. El frío no era natural. Era magia viva, dormida durante siglos. El viento hablaba en murmullos. Algunos decían que si te perdías en esos valles, escuchabas los susurros de los que murieron esclavizados… rogando venganza.
Kael caminaba al frente. Abandonó la capa. Dejó que el frío lo tocara.
—¿Estás bien? —preguntó Naevira.
—No. Este lugar huele a recuerdos… y no buenos.
—¿Quién es ella? —preguntó Lysennah.
Kael bajó la mirada.
—Una niña. Tenía trece. Se llamaba Seriah. Mi padre le cortó la lengua cuando intentó huir. Yo… no la detuve.
Revka lo observó con desprecio.
—¿Y ahora es una reina?
—Ahora… me quiere muerto. Y con razón.
2. La trampa de escarcha
El grupo avanzaba por el valle cuando el suelo se quebró. Una prisión de hielo los rodeó. Columnas de cristal emergieron como lanzas. Revka y Naevira intentaron romperlo, pero fueron separados por una barrera mágica.
Y en el centro de todo, descendió ella: Seriah, la Reina de Hielo, envuelta en un vestido blanco hecho de escarcha viviente, su rostro cubierto por una máscara de plata.
—Kael von Erevaris. El muchacho que me miró sangrar… y no dijo nada.
Kael levantó la vista. Estaba de rodillas. El hielo le cortaba la piel.
—Pensé que estabas muerta.
—Morí. Seriah murió. Ahora solo queda Vyreia, Reina de Virellia.
Ella chasqueó los dedos. El hielo lo encerró en una esfera transparente.
—Mis siervas te llevarán a la Torre Gélida. Tus compañeras pueden observar mientras su líder se quiebra como cristal.
—¡Kael! —gritó Lysennah— ¡Maldita bruja, suéltalo!
—No aún… Quiero que lo escuchen gritar. Como yo grité en las mazmorras de tu familia.
3. Diálogo de cicatrices
En la celda de hielo, Kael colgaba de cadenas hechas de hielo viviente. La Reina lo observaba.
—¿Sabes cuántas veces soñé con esto? —dijo ella, acercándose—. Tú llorando. Tú implorando. Tú diciendo “perdón”.
Kael la miró a los ojos.
—No diré eso. Porque no lo siento.
—¿Ni un poco?
—No. Pero te admiro. Has hecho más que muchos. Mi padre pensó que eras desechable. Mírate ahora: coronada de escarcha.
—Tú no manipularás esto, Kael.
Ella se acercó. Le clavó un fragmento de hielo en el costado.
—Esto es por tu hermano, que reía mientras me azotaban.
—Él merecía morir —jadeó Kael.
—¿Y tú?
Kael sonrió, sangrando.
—Eso depende. ¿Vas a matarme? ¿O a demostrarme que todavía te importa lo que fui?
Vyreia tembló. Gritó. Rompió el hielo alrededor con rabia.
—¡Calla! ¡Cállate, Kael! ¡No tienes derecho a hablar como si me conocieras!
—Pero lo hago… porque en el fondo, tú no me odias. Tú odias lo que sentiste por mí.
Silencio. Ella se alejó. Temblando.
—Mañana… el hielo te consumirá. Lentamente. Así sabrás lo que es morir sin justicia.
4. Las tres mujeres, una misión
Mientras tanto, Lysennah, Revka y Naevira escaparon del hielo. Habían aprendido a luchar juntas. Esta vez no peleaban por Kael… lo hacían porque no podían perder a nadie más.
—¿Plan? —preguntó Revka.
—Dividir y conquistar. Las torres del este controlan el clima —dijo Naevira.
—Yo iré a sabotearlas —dijo Lysennah—. Ustedes rescaten a Kael.
—¿Estás segura? —preguntó Naevira.
—Sí. He estado demasiado tiempo siguiendo sus órdenes. Es hora de decidir por mí.
Revka asintió.
—No por él. Por nosotras.
—
5. La Torre Gélida y la Reina Imparable
Revka y Naevira irrumpieron en la torre, derribando gólems de nieve y espectros helados. Mientras tanto, Lysennah trepaba una torre, disparando flechas encantadas en los cristales que sostenían el clima.
Kael, apenas consciente, escuchó explosiones en la distancia.
—¿Vinieron por mí… o por el fragmento? —se preguntó.
Vyreia lo enfrentó, furiosa.
—¡Ellas creen que te aman! ¡Pero solo ven una ilusión!
Kael escupió sangre.
—Y tú ves un monstruo… porque temes perdonar.
—¡Tú no mereces redención!
—¿Entonces por qué me hablas como si aún me importaras?
—
6. La batalla: Reina de Hielo vs Las Sombras de Kael
Lysennah destruyó el núcleo de clima. El cielo se agrietó. La nieve dejó de caer. Revka y Naevira liberaron a Kael justo cuando Vyreia estalló de rabia.
—¡No escaparás, Kael! ¡Lucharás aquí y ahora!
Kael cayó al suelo. Apenas podía mover un brazo.
—Entonces ven… y dime que no me amaste nunca.
La pelea fue brutal.
Vyreia invocó lanzas de hielo del cielo.
Kael usó su sombra como capa para esquivar.
Revka bloqueó con su hacha.
Naevira conjuró fuego azul.
Pero incluso juntos, no podían con ella.
—¡No la podemos vencer! —gritó Naevira.
—¡Entonces distraerla! —rugió Kael—. ¡Yo la enfrentaré!
—¿Estás loco?
—Sí. Pero soy el que la marcó para siempre.
—
7. El susurro que quebró el hielo
Kael se acercó, sangrando, temblando, débil.
—Vyreia… Seriah… si hay algo de esa niña aún en ti… perdóname.
Ella se detuvo.
—¿Tú… pides perdón?
Kael cayó de rodillas.
—Por todo. Por no haber hecho nada. Por dejarte sola. Por convertirme en esto.
Ella lloró.
Y en ese momento, el hielo se rompió solo. La Reina cayó de rodillas. Sus poderes colapsaron.
Kael se acercó, tocándole la mano.
—No tienes que cargar con el odio sola.
Y por primera vez, ella no lo rechazó.
Epílogo del Capítulo 4
Kael fue curado. El fragmento fue entregado. Vyreia no se unió… pero tampoco los persiguió.
En la noche, Lysennah le dijo:
—Nunca te había visto así. Frágil. Real.
—No lo hice por redención.
—¿Entonces por qué?
—Porque… esta vez, no quise mentir.
Ella lo besó. Solo un segundo. Luego lo abofeteó.
—No lo arruines.
Capítulo 5: El Latido del Templo Viviente
Lugar: Desierto de Khar’Zahra, la tierra que respira arena maldita
Objetivo: Entrar al Templo Viviente y obtener el quinto fragmento del Orbe
Amenaza: Una momia monstruosa, regenerativa, salvaje, más rápida y fuerte que cualquiera del grupo
Resultado: Derrota inicial, planificación táctica, victoria en equipo
1. El Desierto que Devora Pensamientos
El sol de Khar’Zahra no quemaba piel. Quemaba recuerdos. Cuanto más avanzaban, más se olvidaban de sí mismos. El viento hablaba en lenguas antiguas. El suelo latía. Todo el desierto era un ser viviente, una criatura dormida con hambre ancestral.
Kael miraba el horizonte vacío.
—Este lugar… me odia.
Naevira respiraba con dificultad.
—No, nos está probando. Como si esperara que uno de nosotros… muera.
Lysennah apuntó al suelo.
—¿Ven eso? Las pisadas desaparecen. Pero no las nuestras. Alguien más entró antes.
Revka desenfundó su hacha.
—Que venga. Tengo ganas de aplastar algo.
—
2. El Templo Viviente
Tras horas de caminata, emergió una estructura imposible: el Templo Viviente. Parecía respirar. Las paredes latían. Las columnas se contraían como costillas. Una lengua de arena se deslizaba como si tragara cada paso.
Al entrar, se cerró la entrada.
—Genial —gruñó Revka—. Una trampa con estilo.
—No es una trampa… —murmuró Kael—. Es un guardián. Esto no es solo un templo… es un cuerpo. Y tiene un corazón.
Y ese corazón, como si lo hubieran invocado, rugió.
—
3. La aparición del monstruo: ATHUR-NAR
De entre las sombras del pasillo central, emergió A’thur-Nar, la Momia de la Arena Inmortal. Su cuerpo estaba envuelto en vendas negras, cubiertas de runas de resurrección. Tenía tres ojos ardientes, una garra que parecía una guadaña viva y una mandíbula descompuesta que se abría más allá de lo humano.
Y se movía…
demasiado rápido.
—¡¿Qué demonios—?! —gritó Naevira, esquivando por centímetros un zarpazo que partió una columna.
Revka cargó.
—¡A mí no me asustas, pedazo de trapo viejo!
Fue golpeada con tal fuerza que atravesó tres muros. Sangre. Dolor.
Kael intentó controlar sombras. A’thur-Nar apareció detrás de él.
—No puedes ocultarte en la oscuridad, hijo del engaño. Yo fui creado para devorar almas como la tuya.
Una garra lo atravesó por el costado. Kael gritó.
Lysennah disparó tres flechas. El monstruo las atrapó en el aire y las devolvió con fuerza multiplicada.
—¡No es posible! ¡Es más rápido que la vista! —gritó ella.
Naevira usó su fuego. Lo cubrió. Lo quemó.
Pero las vendas se regeneraban. En segundos. Como si no hubieran sido tocadas.
—
4. La retirada forzada
Revka apenas se sostenía. Kael sangraba. Naevira jadeaba. Lysennah se había quedado sin flechas.
—¡No podemos con él así! ¡Nos está jugando como juguetes! —gritó Naevira.
Kael levantó la mano, temblando.
—¡Retirada! ¡Ahora! ¡Por ese pasillo…! ¡Muévanse!
Una puerta lateral apareció. Kael la había abierto con su sangre.
Corrieron. El monstruo no los siguió.
No porque no pudiera…
Sino porque los había dejado vivir.
—
5. En la cámara del eco: el plan
Horas después, en una cámara oculta, se refugiaron. Kael tenía una hemorragia interna. Revka estaba rota. Todos… estaban rotos.
—Es demasiado fuerte —susurró Lysennah.
—Más que nosotros… separados —dijo Naevira.
—Entonces no luchemos separados —murmuró Kael, abriendo los ojos.
—¿Tienes un plan? —preguntó Revka.
Kael sonrió débilmente.
—Uno donde cada uno haga lo que mejor sabe hacer. Si ese monstruo es rápido… tenemos que dirigirlo. Si es fuerte… tenemos que romperlo. Y si se regenera… debemos matarlo en alma, no en cuerpo.
—¿Cómo?
—Lo sellaremos. Pero necesitaremos sincronización. Perfecta.
Todos se miraron. Asintieron.
—
6. La batalla final: Estrategia contra la inmortalidad
FASE 1 – DISTRACCIÓN / NAEVIRA Y LYSENNAH
Naevira voló alto. Su fuego obligó al monstruo a mirar al cielo. Lysennah disparó flechas de luz solar, apuntando a los ojos.
—¡Uno menos! ¡Lo cegué del lado izquierdo!
A’thur-Nar rugió, sus movimientos se hicieron erráticos.
FASE 2 – CARGA PESADA / REVKA
Revka apareció desde abajo, hacha envuelta en magia rúnica.
—¡¡Toma esto, trapo viviente!!
Cortó la pierna derecha. El monstruo cayó… pero empezó a regenerarse.
FASE 3 – SELLADO / KAEL
Kael apareció desde las sombras.
—Te tengo, maldito. Esta vez… no te levantarás.
Sacó un orbe negro. Lo incrustó en el pecho del monstruo.
—¡Ahora! ¡Golpe conjunto!
TODOS atacaron al mismo tiempo. Naevira con fuego de alma. Revka con hacha. Lysennah con flechas que brillaban con la runa de Verdad. Y Kael… clavó una daga hecha con sus propios recuerdos.
—
7. Diálogo final antes del sello
—¿Qué eres? —rugió A’thur-Nar—. ¿Por qué luchan por él…?
Lysennah apuntó.
—Porque aunque sea un mentiroso, es nuestro mentiroso.
Revka golpeó.
—Porque nadie me hace enfadar tanto y aún así sigo peleando a su lado.
Naevira escupió fuego.
—Porque cada vez que lo odio… descubro que lo necesito.
Kael miró al monstruo a los ojos.
—Y porque yo… por primera vez… peleo por alguien más que mí.
—
8. El sello
El orbe brilló. El cuerpo de A’thur-Nar se congeló en una estatua de arena sólida. Luego se derrumbó en polvo. El templo dejó de latir.
Y el silencio regresó.
—
Epílogo del Capítulo 5
Esa noche, acamparon bajo la luna roja del desierto. Nadie habló durante mucho rato.
Hasta que Revka soltó:
—Deberíamos morir más seguido… eso nos hace pelear mejor.
—Casi te mueres, tonta —le dijo Naevira.
—Pero me salvaste.
Lysennah se acercó a Kael.
—Gracias por confiar en nosotras. Por no tomar el control esta vez.
Kael, mirando las estrellas, solo dijo:
—Porque esta vez… sabía que sin ustedes… ya estaría muerto.
Capítulo 6: La Torre Que Devora Alas
Lugar: Prisión flotante de Vhal-Daruun, suspendida sobre el abismo de las Nubes Negras
Objetivo: Rescatar a Edrien Varell, un antiguo aliado y… algo más, del pasado de Lysennah
Amenaza: El Verdugo Gorgarn, enemigo personal de Lysennah
Resultado: Enfrentamiento brutal, revelaciones dolorosas, una huida al límite
1. El llamado de los cielos rotos
Vhal-Daruun no flotaba. Estaba suspendida en el aire por cadenas de magia negra, anclada a cuatro obeliscos del cielo. Por debajo, no había tierra, ni mar, ni esperanza. Solo una tormenta eterna que devoraba la luz.
—¿Edrien sigue con vida? —preguntó Kael.
Lysennah asentía, con una mezcla de rabia y temor.
—Lo encerraron por traición. A mí.
—¿Te traicionó? —preguntó Revka.
—No. Me amó. Y en mi casa, eso es más grave.
Silencio.
Kael observó la prisión flotante con mirada astuta.
—¿Qué tanto estarías dispuesta a sacrificar por él?
—No preguntes eso, Kael. No hoy.
—
2. Infiltración desde el cielo
Usando un globo de camuflaje creado por Naevira con esencia de nubes y fuego frío, el grupo se infiltró a través de la cubierta superior.
Lysennah guió los pasos. Recordaba cada esquina. Cada grito.
—Éramos parte del escuadrón de los Alas Rojas —dijo con voz baja—. Exploradores, saboteadores. Hasta que descubrieron que Edrien me protegía más de lo necesario…
—¿Fueron amantes? —preguntó Kael, sin juicio en su tono.
—Fuimos lo único bueno que teníamos el uno al otro.
—
3. El Verdugo aparece
Llegaron al Bloque N, la zona más profunda. Celdas de acero negro. Voces susurrando en las paredes. Gritos convertidos en ecos eternos.
Y entonces… él apareció.
Gorgarn el Silenciador, el antiguo comandante de Lysennah. Un hombre enorme, con una capa de piel humana y un martillo que parecía un trozo de montaña.
Su voz era un rugido.
—¡Tú… traidora!
Lysennah se congeló.
—Gorgarn…
—Pensé que habías muerto. Lo deseé cada noche.
—No soy la misma.
—No. Ahora eres peor. Tienes aliados. Incluso uno de los Erevaris. —miró a Kael con desprecio.
—No vinimos por ti. Vinimos por Edrien —dijo Revka, levantando su hacha.
Gorgarn soltó una risa ronca.
—¡Perfecto! ¡Los mataré juntos! El traidor y su puta alada.
Kael sonrió.
—Ya sabes que cuando insultan así, acaban con los dientes clavados en su garganta.
—
4. La batalla: Gorgarn vs todos
La pelea fue brutal.
Gorgarn blandía su martillo con una fuerza monstruosa. Cada golpe rompía muros, lanzaba escombros y hacía temblar el suelo. Incluso Revka, con su fuerza bruta, fue derribada de un solo choque.
—¡Es un monstruo! —gritó Naevira, esquivando un golpe que reventó el techo.
Kael intentó sellarlo con sombras, pero Gorgarn las deshizo a golpes.
—¡No hay magia que contenga mi odio!
Lysennah se lanzó con cuchillas ligeras, danzando en el aire.
—¡Eres solo un cobarde con músculos!
—¡Y tú una perra con alas rotas!
Él la derribó, la estampó contra el muro. Ella escupió sangre.
—¡Lysennah! —gritó Kael.
—¡Sigan! ¡Rescaten a Edrien! ¡Yo lo distraigo!
—
5. El rescate: Edrien
Naevira y Kael llegaron a la celda. Edrien yacía encadenado. Tenía la piel marcada por runas y ojos apagados… hasta que vio a Kael.
—¿Tú… eres el demonio de Lysennah?
Kael rió.
—No soy demonio. Soy peor: soy el que vino a sacarte de aquí.
Naevira lo liberó. Edrien cayó, pero se levantó.
—¿Ella está viva?
—Y peleando por ti.
—Entonces hay esperanza.
—
6. El giro: la herida del alma
Gorgarn golpeó de nuevo a Lysennah.
—Eras mi favorita. Mi aprendiz. Y me dejaste… por él.
—Tú me enseñaste a obedecer. Él me enseñó a sentir.
Gorgarn rugió.
—¡Entonces muere por eso!
Antes de que el martillo cayera, una ráfaga de fuego azul lo desvió. Edrien apareció, flaco, pero firme, espada en mano.
—Tócala otra vez, y te atravieso el alma.
Gorgarn giró.
—¡Ah, el amante! ¡El cobarde!
—No más.
Edrien y Lysennah pelearon juntos. Coordinados. Perfectos. Como una danza olvidada. Y entre ambos, derribaron al verdugo con un tajo cruzado al corazón.
Gorgarn cayó de rodillas. Sangrando.
—No debiste volver.
—Tú tampoco debiste quedarte —susurró Lysennah, clavándole la hoja final.
—
7. La huida
La prisión comenzó a colapsar. El sello que la sostenía fue dañado. Kael invocó un círculo de escape. Todos saltaron al vacío… hacia la tormenta.
El aire los tragó… pero salieron vivos.
—
Epílogo del Capítulo 6
Acamparon en una llanura cercana. Edrien se curaba. Lysennah lo vigilaba… en silencio.
Kael se acercó.
—¿Lo amas?
—Lo amé. Lo sigo amando… de una forma distinta.
—¿Y a mí?
—Te odio. Y aún así, aquí estoy.
Kael sonrió.
—Entonces todo sigue como debe.
Ella no respondió… pero no se alejó.
Capítulo 7: El Grito del Sol Prohibido
Lugar: Llanuras de Thoreyn, región sagrada maldita por los Dioses Velados
Objetivo: Atravesar el terreno y ocultar a Naevira
Amenaza: El Ejército de la Cosecha Silente, comandado por un heraldo de los Dioses Velados
Estado Emocional del grupo: Tensión, miedo, furia, apego profundo
1. La advertencia del fuego
Acampaban en las llanuras calcinadas. El viento no soplaba. El cielo estaba rojo. Naevira no dormía. Sentía la presión en su pecho desde la noche anterior, como si el mundo la estuviera observando.
—Kael —susurró, acercándose a él en la penumbra—. Siento… que algo me llama. Como si algo debajo de mi piel quisiera despertar.
Kael la miró, y por primera vez, no con burla o control.
—Desde que salimos de Vhal-Daruun… yo también lo siento. Te están buscando. Y no por casualidad.
—¿Por qué yo?
Kael bajó la mirada.
—Porque… tú naciste con el fragmento dentro. Tú eres parte del Orbe. Una chispa viva. No lo sabías… pero ellos sí.
Naevira retrocedió, temblando.
—¿Soy… un ancla?
—Eres más que eso. Y por eso no dejaré que te lleven.
—
2. El cielo se abre
Esa noche, el cielo se rasgó.
Una grieta negra se abrió como una herida. Desde ella, descendieron columnas de sombra. Y de cada una, surgieron figuras con máscaras de hueso, armaduras negras y espadas delgadas como líneas de muerte.
—¡Es el Ejército de la Cosecha Silente! —gritó Lysennah—. ¡Sirven a los Dioses Velados!
Revka alzó su hacha.
—¡Pues vamos a mandar a esos dioses un regalito lleno de sangre!
Kael empujó a Naevira detrás de él.
—¡Corremos! ¡Ahora! ¡No peleamos aquí!
—¿Estás huyendo? —espetó Revka.
—¡No! Estoy protegiéndola.
Todos lo miraron.
Era la primera vez que Kael gritaba por otro.
—
3. La primera emboscada
Mientras corrían por las grietas de Thoreyn, el suelo se abrió y surgieron enemigos. Rápidos. Coordinados. No hablaban. Solo se movían como bestias entrenadas.
Lysennah voló para cubrirlos. Revka se quedó atrás para contener la retaguardia.
Pero un guerrero oscuro atrapó a Naevira con una cadena de sombras, arrastrándola con brutalidad.
Kael gritó su nombre y se arrojó sin pensar.
—¡SUÉLTALA!
El guerrero se giró, dispuesto a cortarlo.
Kael bloqueó con una daga hecha de su propia sombra. Fue herido. Siguió.
Recibió un segundo corte. Siguió.
Naevira gritaba:
—¡Kael! ¡No puedes ganarles!
—¡NO PIENSO GANARLES! ¡PIENSO MATAR AL QUE TE TOCÓ!
—
4. El Heraldo del Silencio
Entonces él apareció: una figura esquelética, alta como una torre, sin rostro, con una capa hecha de juramentos rotos y un báculo de obsidiana que goteaba odio.
—Naevira… la portadora de luz robada. Has sido llamada. Ven al abrazo eterno.
Naevira cayó de rodillas. Estaba siendo invadida por dentro. Su fuego se extinguía.
Kael se arrastró hasta ella, ensangrentado.
—No… no te irás con ellos…
—Kael… me duele… no puedo moverme…
Él la abrazó. La cubrió con su cuerpo.
—Entonces nos llevan a los dos.
El Heraldo apuntó.
—Eres insignificante. ¿Morirás por ella?
Kael alzó la cabeza, con los ojos ardiendo.
—No. Voy a vivir por ella. Y luego… voy a matarte.
—
5. El contraataque
Lysennah descendió con lluvia de flechas mágicas. Revka apareció con el cuerpo cubierto de sangre, rugiendo como un animal.
Kael apretó el colgante que robó de la prisión y gritó una palabra prohibida. Un sello de invocación se abrió bajo sus pies. Su sombra se volvió una lanza.
—¡Revka, empuja al Heraldo! ¡Lysennah, ciega a los cazadores! ¡Naevira, aguanta solo un poco más!
Por primera vez, todos siguieron órdenes sin quejarse.
Kael saltó. Cayó sobre el Heraldo. Le clavó la lanza.
El monstruo rugió. Cayó. Pero no murió.
Solo retrocedió.
—Volveremos. Tu fuego es nuestro, niña de la chispa.
Y con un rugido… desaparecieron.
—
6. Después de la tormenta
Horas después, Kael estaba herido. Muy herido. Pero no se separaba de Naevira.
—¿Estás bien? —preguntó ella, tocando su rostro.
—Me duele todo. Pero aún estás aquí. Así que… sí.
—¿Por qué hiciste eso?
Kael bajó la voz.
—Porque tú eres la única que… no me juzga por lo que soy.
Naevira le acarició el pecho.
—Aún no sé si te amo o si me asustas… pero hoy, me salvaste. Y eso… fue real.
—
Epílogo del Capítulo 7
El grupo comprendió que los Dioses Velados ya los habían marcado.
Naevira fue quien más sufrió… pero también quien más creció.
Y Kael… el maestro del engaño, por primera vez se aferró a alguien no por poder… sino por miedo a perderla.
Capítulo 8: Herencia de Sombras, Ecos de la Verdad Prohibida
Parte 1: La Ciudad que Olvida a los Caídos
1. Regreso a Tharovelle, la Ciudad de Mármol Negro
Tharovelle. La ciudad donde nació Kael. Tierra de alta nobleza, techos de obsidiana, estatuas huecas de antiguos señores que fingían ser sabios mientras cortaban gargantas en la penumbra.
—¿Seguro que quieres entrar aquí? —preguntó Revka—. Este lugar apesta a traición… como tú.
Kael no respondió. Caminaba con paso firme. No miraba atrás. Solo delante. Hacia el corazón del Dominio Erevaris.
—No vamos por mí. Vamos por el Códice de Velatur, oculto en el Mausoleo Central. Mi madre lo guarda.
—¿Tu madre? —preguntó Naevira, intrigada.
—Una mujer que sonríe mientras arranca futuros de las manos ajenas.
—
2. Infiltración bajo una máscara conocida
Kael entró con túnicas nobles. Su marca de nacimiento —una línea negra sobre el ojo izquierdo— volvió a cubrirla. En Tharovelle, eso era símbolo de legítimo heredero… o amenaza de ejecución.
Lysennah susurró:
—¿Qué ocurre si alguien te reconoce?
—Sonreiré. Y mentiré.
—Como siempre —respondió ella con una media sonrisa.
En una esquina, un niño lo miró fijo.
—Kael… tú moriste.
—No, pequeño —dijo él con tono helado—. Solo me volví más silencioso.
—
3. El encuentro con su madre: Lady Mareth Erevaris
Lady Mareth estaba igual que siempre: erguida como una serpiente elevada, fría como su linaje, y aún más peligrosa con la edad. Lo miró sin miedo.
—Mi hijo muerto ha vuelto.
—Tu monstruo no murió. Solo creció.
—¿Vienes por el códice?
—Sí.
—¿Y si te niego el acceso?
Kael sonrió. Se acercó. Le tomó la mano con afecto falso… y la apretó con suficiente fuerza para hacerle crujir los dedos.
—Entonces te recordaré lo que hiciste en la Bóveda Azul.
Ella tembló. Soltó la llave.
—¿Quiénes son tus perros?
Revka gruñó. Kael la detuvo con un gesto.
—No perros. Espinas. Cada una clavada en el corazón de tus planes.
Naevira notó que Kael le tomó la muñeca suavemente cuando Mareth la observó demasiado. No dijo nada. Solo lo miró… con una llama nueva en su pecho.
—
4. El Códice y la Traición
Llegaron a la cripta. El códice estaba oculto bajo una losa marcada con un nombre que Kael conocía demasiado bien: Kaelarion Erevaris, su hermano mayor. Su asesino. Su verdugo.
—¿Estás bien? —preguntó Lysennah.
Kael no respondió. Solo acarició la piedra… y escupió sobre ella.
—Tantas mentiras… y esta es la más hermosa.
Tomó el códice. Y en ese momento, las puertas se cerraron. Trampas. Gases. Magia negra.
—¡Nos vendieron! —gritó Revka.
—Mareth… —susurró Kael con furia controlada.
—Tu madre nunca dejó de ser estratega —dijo Naevira, tosiendo—. ¡Nos quiere muertos aquí!
Kael rompió un sello en su muñeca. La piedra se volvió humo. Un portal se abrió.
—¡Por aquí! ¡Ahora!
Antes de saltar, tomó la mano de Lysennah sin mirarla.
Ella lo notó. Solo murmuró:
—Gracias… sombra mía.
—
Parte 2: La Isla de Espejismos Eternos
5. El Viaje a la Isla de Vareth-Kul
Según el códice, la única forma de dañar verdaderamente a un Dios Velado era con la Llama de Vareth-Kul, un poder que solo podía despertar el sabio errante Maedor, exiliado por oponerse a los dioses hace siglos.
La isla estaba oculta. No aparecía en mapas. Solo podía hallarse si navegabas bajo el reflejo de una luna negra.
—¿Y si no existe? —preguntó Revka.
Kael, remando con furia, dijo:
—Entonces quemaremos otra cosa.
Lysennah lo miró. Kael le lanzó una piedra mágica. Ella la atrapó.
—¿Qué es esto?
—Una trampa mental. Si nos enfrentamos a ilusiones, úsala. Solo tú sabrás cómo romperlas.
—¿Por qué yo?
—Porque confío en que no te quebrarás… aunque duela.
Ella se quedó en silencio. Sostuvo la piedra como si fuera algo valioso.
—
6. La Prueba del Sabio
Maedor no estaba en un templo. Estaba en la isla misma. La naturaleza era su cuerpo. Los árboles hablaban con su voz. Las olas lo reflejaban. Solo apareció cuando Naevira fue separada del grupo y enfrentó su peor miedo: el abandono.
—¿Por qué sigues a un hombre que nunca dirá que te ama? —le dijo Maedor en ilusión.
Kael irrumpió, atravesando la barrera con su sombra.
—Porque ella lo sabe, aunque yo no lo diga. Y tú… estás hablando demasiado.
Maedor se materializó. Un anciano con ojos blancos como la luna.
—¿Harás lo que sea por protegerla?
—No por nobleza —respondió Kael—. Por egoísmo. No quiero vivir sin ella.
El sabio sonrió.
—Entonces sí eres digno… aunque no te guste.
—
7. La Verdad Prohibida
Maedor les mostró una llama encerrada en una esfera de cristal. Pero su poder no podía activarse sin sacrificio: alguien debía entregar un recuerdo esencial que los definiera.
—Cada uno debe dar algo que, al perderlo… ya no serán los mismos.
Revka fue primera. Dejó su primer recuerdo de familia.
—No me hace débil recordar… pero me hace más libre soltarlo.
Lysennah entregó la voz de su madre, la única que alguna vez la llamó “hija” sin odio.
Naevira… dejó su última noche en su aldea, cuando aún era feliz.
Kael caminó al frente. Abrió su palma. Y dejó caer una lágrima negra: su primer acto de traición… cuando abandonó a su hermano para sobrevivir.
—Ya no me define. Solo me encadena.
La llama brilló. Y entonces, el sabio dijo:
—Ahora tienen lo necesario para herir a un Dios Velado.
—
Epílogo del Capítulo 8
Esa noche, acamparon bajo las estrellas, por primera vez sin un enemigo inmediato.
Lysennah afilaba una flecha cuando Kael se sentó a su lado.
—Te elegí a ti para esa piedra… porque tú nunca dudas al disparar.
Ella sonrió. No respondió.
Revka estaba lejos, bebiendo sola. Kael se acercó, dejó una botella a su lado.
—No necesitas estar sola para ser fuerte.
—¿Y tú? ¿Nunca estás solo?
—Siempre. Por eso me acostumbré.
Revka rió. Solo un poco.
Naevira se acostó junto al fuego. Kael la cubrió con su capa.
—Te debo una muerte menos hoy.
—Te la cobraré mañana —susurró ella, cerrando los ojos.
Y Kael… por primera vez, se quedó despierto vigilando, no por estrategia… sino por todos ellos.
Por ellas.
Por lo que vendría.
Capítulo 9: El Sello del Abismo y la Voz del Engaño
Parte 1: La Fortaleza Sin Sol
1. La travesía hacia la ruina
Tres días de marcha.
Sin descanso. Sin fuego. Sin canto.
Solo el eco de los propios latidos y un frío que no pertenecía al mundo.
El grupo avanzaba por las llanuras espectrales de Yhaal-Morth, donde la realidad se desgastaba y el cielo colgaba como piel muerta. En el centro, rodeada por un abismo de oscuridad líquida, se alzaba TharDekaar, la fortaleza que sellaba uno de los pilares que sostenían el orden del mundo… y la prisión de uno de los siete dioses velados.
—Estamos entrando al corazón del enemigo —dijo Lysennah, ajustando su arco—. Aquí nada respira, pero todo nos mira.
—¿Y por qué ahora? —preguntó Revka—. ¿Por qué enfrentar a un dios tan pronto?
Kael caminaba al frente. Su capa rasgada ondeaba como una sombra viva.
—Porque si no negociamos ahora, ellos vendrán por Naevira… y ya no preguntarán.
Naevira bajó la mirada, pero no retrocedió.
—Estoy lista. Si muero… al menos será de frente.
Kael la miró de reojo.
—No morirás. No lo permitiré.
—
2. La entrada del dios
TharDekaar no tenía puerta. Solo un arco formado por costillas de un titán, y una niebla negra que lamía los pies.
Cuando entraron, no hubo bienvenida. No hubo centinelas.
Solo un trono de carne negra…
…y una voz que no vino del aire, sino del pensamiento.
“Mortales... tan temerarios… tan deliciosos.”
Del trono surgió una figura. No caminaba, se deslizaba sobre su propia sombra.
Nuthrys, el Desollador de Leyes, uno de los siete dioses velados.
Tenía seis brazos, cada uno armado con una lanza de distinto elemento. No tenía rostro, solo una máscara de mil ojos cerrados. Su voz era un susurro, una promesa… y una condena.
“Viniste, Niñato de Erevaris… y trajiste tus juguetes.”
Kael se adelantó.
—Vinimos a dejar algo claro.
“Naevira me pertenece. Su fuego es mi semilla. Devuélvela… o serán ceniza.”
Kael sonrió. Oscuro. Insolente.
—Inténtalo.
—
Parte 2: La Guerra de un Suspiro
3. Primer golpe: Nuthrys ataca
Sin aviso, sin advertencia, Nuthrys levantó una de sus lanzas —la de relámpago— y la arrojó a Naevira.
Kael invocó un muro de sombra y se interpuso.
—¡Naevira, atrás!
La lanza lo atravesó, lo lanzó varios metros.
—¡KAEL! —gritó Revka.
—¡A la ofensiva! —ordenó Lysennah, disparando tres flechas etéreas a la vez.
Nuthrys las desvió con una onda de gravedad. El suelo se quebró.
“Jugaremos… entonces.”
El dios invocó columnas de fuego verde, y dos de sus brazos comenzaron a trazar círculos rúnicos. El espacio se distorsionó.
—
4. El combate completo: brutalidad divina
Revka cargó al frente, girando su hacha doble. Saltó sobre Nuthrys y lanzó un golpe directo al torso. El dios bloqueó con una lanza de hielo.
El impacto fue titánico. El piso explotó.
Revka fue empujada hacia atrás, pero aterrizó rodando y volvió a cargar sin miedo.
—¡Voy por tu maldito cuello, bicho demente!
Lysennah se movía por los escombros, lanzando flechas que alteraban la velocidad del tiempo. Una ralentizó a Nuthrys por dos segundos.
—¡Ahora, Naevira!
Naevira alzó ambas manos. Dos círculos de fuego danzaron a su alrededor. Formó una lanza solar… y la disparó.
El proyectil alcanzó a Nuthrys en el pecho.
El dios retrocedió medio paso.
“…Interesante.”
El suelo se abrió bajo Kael. Estaba herido, pero no vencido. Emergiendo desde su sombra, reapareció con un manto de cuchillas oscuras.
—¡Ataquen en círculo! ¡No le den espacio para canalizar sus sellos!
Revka golpeó una pierna. Lysennah un ojo con una flecha etérea. Naevira desató una tormenta solar.
Nuthrys cayó de rodillas. Pero entonces… todos los ojos de su máscara se abrieron.
“¡Ahora… me divierto!”
Un pulso de energía explotó.
Revka salió volando. Naevira fue derribada.
Lysennah perdió su arco, lo fundió una lanza de fuego negro.
Kael apenas logró sostenerse, jadeando.
—
5. Kael se interpone
Nuthrys se acercaba a Naevira.
—No… —gruñó Kael, arrastrándose—. No…
El dios levantó una lanza de alma.
“Dame lo que es mío.”
Kael alzó la mirada. Sangraba, la respiración le fallaba.
—¡Detente!
La lanza se detuvo en el aire.
“…¿Te rindes?”
—No. Te propongo algo.
Los demás, aún aturdidos, escuchaban.
—Una audiencia. Con los otros seis. Hazme hablar. Déjame presentarte un juego.
“¿Por qué debería escuchar a un mortal moribundo?”
—Porque… si me matas ahora, seguirás teniendo enemigos. Pero si aceptas, podrías ganar sin moverte de tu trono.
—
6. La propuesta
Kael se puso en pie.
—Elige a tus dos mejores campeones. Nosotros cinco los enfrentaremos. En combate justo.
—Kael, ¿estás loco? —susurró Lysennah.
Él la ignoró.
—Si tus campeones ganan… Naevira será tuya. La entregaremos.
“¿Y si pierden?”
—Entonces tú y tus hermanos la dejarán en paz. Para siempre. Un solo intento.
Silencio.
Los ojos de Nuthrys parpadearon, uno por uno.
“…Interesante. Me intrigas, hijo de Erevaris. Eres traidor, mentiroso…
…pero tal vez, eso es justo lo que necesitamos para divertirnos.”
—
7. Aceptación
Nuthrys alzó una mano. Un portal se abrió.
“Reuniré a los otros. Tu propuesta será escuchada. Prepárate… porque si aceptan…”
Dos figuras emergieron de la sombra del portal. Ambas llevaban capas negras, rostros ocultos… pero uno tenía la voz de un antiguo amigo, y el otro… la risa de un traidor.
“…ya conoces a mis campeones.”
Kael apretó los dientes. No dijo nada. Solo sostuvo a Naevira cuando ella cayó sobre él, débil pero viva.
—
Epílogo del Capítulo 9
Horas después, lejos del campo de batalla, acampaban en silencio.
Kael limpiaba su daga. No hablaba. Pero observaba a las tres.
Lysennah se acercó. Le dejó un vendaje.
—Sabes que estamos contigo… pero también sabes lo que acabas de hacer, ¿cierto?
—Lo sé.
—Pusiste nuestras vidas en juego. Y la de ella.
—Lo haré mil veces más.
Revka bebía, apartada. Le lanzó un trozo de pan seco.
—La próxima vez… ¡pregunta si queremos ser parte del “gran plan” antes de vendernos!
—No sabría qué responderías. Así que preferí asumir que dirías sí.
Naevira lo abrazó por la espalda. No dijo nada.
Y por un segundo… Kael cerró los ojos.
No de culpa.
De alivio.
La guerra real comenzaba.
Capítulo 10: Arena de los Eternos Caídos
Parte 1: La Convocatoria del Juicio
No hubo descanso.
El cielo se partió en un espiral dorado.
Kael, Naevira, Lysennah, Revka y los demás fueron absorbidos por una luz fría que los lanzó a una vasta extensión de piedra flotante. Un coliseo suspendido en la nada, sin techo, sin muros, sin viento… pero con miles de ojos invisibles observando desde el vacío.
Los otros seis dioses velados los rodeaban en los bordes de la arena, sentados en tronos formados por pesadillas, tiempo detenido y ecos de oraciones jamás escuchadas.
Nuthrys, en el centro, alzó su voz para todo el universo:
“¡Que comience el Juego del Filo Eterno! ¡Campeones… entren al círculo!”
Dos figuras emergieron desde las sombras del abismo.
Uno tenía el cabello blanco ceniza, una cicatriz en forma de serpiente sobre su mandíbula y ojos dorados que una vez fueron humanos.
Kael lo reconoció de inmediato.
—Deyar…
El antiguo mejor amigo de Kael. El único que alguna vez le mostró compasión… y a quien Kael traicionó para escapar de la fortaleza Erevaris.
El segundo… era una mujer de piel negra como la obsidiana, ojos sin iris y garras de cristal viviente. Vestía con los símbolos de la Orden Inquisitorial de Lysennah, pero su estandarte estaba invertido, como si hubiese sido arrancado de la gracia.
—¿Una inquisidora caída? —susurró Lysennah.
—No. Es peor —respondió Kael—. Ella es su hermana muerta.
—
Parte 2: Preparación Silenciosa
El grupo se reunió.
Kael observó la arena. Las losas estaban talladas con runas que bloqueaban magia de área, forzando combate cuerpo a cuerpo o con hechizos dirigidos. La zona favorecía a los rápidos… y a los crueles.
—Deyar es veloz y usa ilusiones —dijo Kael—. Pero tiene un patrón: lanza tres golpes, luego retrocede.
—¿Y la inquisidora? —preguntó Revka.
—No lo sé. No debería estar viva. Ella murió… durante la purga.
Lysennah tragó saliva. Estaba pálida.
—Se llamaba Velennah. Si eso es ella… no va a detenerse.
Kael miró a cada una.
—No peleen por mí. Peleen por ustedes.
—Eso ya lo hacemos —respondió Naevira, encendiendo su fuego interno.
—
Parte 3: Ronda Inicial – El Juicio de Deyar
Nuthrys levantó una mano.
“Primera ronda… comiencen.”
Deyar se movió como una sombra desgarrada. En un instante, estaba frente a Kael.
—Viejo amigo… viniste al matadero. Otra vez.
—Esta vez… no huyo.
Kael activó su daga viva. Deyar lo rodeó con siete copias ilusorias. Pero Lysennah, desde el borde, lanzó una flecha de detección. Tres copias desaparecieron. Revka se lanzó a lo bestia, rompiendo dos más con el impacto de su hacha.
Kael esquivó el primer tajo.
El segundo lo rozó.
El tercero se lo esperaba. Atrajo la daga con su sombra y cortó la pierna de Deyar.
—Aprendí a no confiar en tu número tres.
Deyar sonrió, herido.
—Eso dolió… como aquella noche.
—Tu voz fue la última que oí antes de traicionarte.
—Y hoy será la última que escuches antes de caer.
Deyar activó una técnica prohibida. Su sombra se duplicó, y lo envolvió en una armadura espectral.
Naevira apareció justo a tiempo, lanzando una llama solar que destrozó su armadura parcial. Kael lo empujó al borde con un golpe de daga invertida.
—No tienes por qué morir, Deyar. Puedes…
—¡Puedo… MATARTE!
Deyar se lanzó en un tajo final. Kael lo esquivó y lo golpeó con su codo en la tráquea, seguido de una daga invertida al hombro.
El viejo amigo cayó. Sangrando. Mirando al cielo que no existía.
—Siempre… fuiste un bastardo brillante…
Y se desvaneció.
—
Parte 4: Ronda Final – El Juicio de Velennah
Velennah caminó.
No corría. No mostraba emociones.
Cada paso que daba, el suelo crujía como si cargara una culpa imposible.
Lysennah la miraba con lágrimas que no cayeron.
—Hermana…
—“No soy tu hermana. Ella fue devorada. Yo soy su odio.”
Lanzó una lanza de cristal. Lysennah la bloqueó con su arco infundido en magia, pero el impacto la hizo caer.
Revka interceptó con una carga, pero fue desviada por un campo de espejos.
Naevira intentó quemarla, pero su fuego fue absorbido por las piedras de la arena.
Kael gritó:
—¡Lysennah! ¡Hazlo tú! ¡Tienes que enfrentarla!
Lysennah se levantó. Herida. Respirando apenas.
—No puedo… ¡No quiero matarla!
Velennah avanzó con garras al frente.
—Entonces muere tú.
Kael invocó su sombra para protegerla, pero no llegaría a tiempo.
Lysennah… bajó el arco.
Y abrió los brazos.
—Si aún queda algo de ti… márcame. Pero no voy a herirte más.
Velennah se detuvo.
Sus garras temblaron.
Su cuerpo parpadeó… y se resquebrajó.
Un susurro salió de sus labios:
—“Hermana…”
Y se desvaneció como polvo atrapado en una lágrima.
Lysennah cayó de rodillas.
—
Parte 5: El Juicio Concluye
Nuthrys se levantó.
“Han ganado. Contra todo. Contra ellos mismos.”
“Naevira es libre… por ahora.”
El resto de los dioses no hablaron. Pero sus ojos —ocultos tras la oscuridad— observaban a Kael con algo nuevo:
Interés.
Kael se limpió la sangre. Ayudó a Revka a levantarse. Acarició la mejilla de Naevira sin hablar.
Y se arrodilló junto a Lysennah, quien no podía dejar de mirar el suelo.
—No somos héroes —murmuró Kael.
—¿Entonces qué somos? —preguntó Naevira.
—Somos los que siguen de pie… cuando todos los demás caen.
—
Epílogo del Capítulo 10
El grupo regresó al mundo real. No sabían cuánto tiempo pasó.
Pero todos eran distintos.
Revka caminaba más seria. Naevira no dormía tranquila. Lysennah hablaba menos.
Kael los observaba… y no dijo nada. Pero cada noche, vigilaba más cerca. Se sentaba junto a Lysennah. Cubría a Naevira sin que ella se diera cuenta. Compartía el vino con Revka sin soltar palabra.
Y así, sin que nadie lo dijera… empezaba a amar.
A su manera.
Capítulo 11: Lo Que No Se Dicen las Sombras
Parte 1: El Refugio del Viento Tranquilo
El grupo encontró refugio en una caverna alta en los Montes Sighren, donde el viento no hablaba y las estrellas parecían dormir en silencio. Allí no había enemigos. Solo el crepitar de un fuego improvisado, una sopa aguada… y un silencio espeso, que ninguno rompía por cortesía a las propias cicatrices.
Kael se sentó junto a la entrada de la caverna, la espalda contra la piedra. Observaba la nada como si esperara a que algo viniera por ellos. No parpadeaba.
—¿Planeas vigilar al viento también? —le preguntó Revka desde el fondo.
—El viento a veces cambia. Las personas también.
—¿Y tú?
Kael no respondió.
Revka gruñó, se levantó con la botella de vino a medio terminar y caminó hacia él.
—
Parte 2: Revka y el rencor no dicho
—Toma —dijo Revka, sentándose a su lado y ofreciéndole el vino.
Kael lo aceptó, pero no bebió.
—¿No vas a brindar por no haber muerto?
—No tengo mucho que celebrar.
—Entonces bebamos por lo que aún nos queda por perder —dijo ella, y se echó un trago largo.
Silencio.
—Cuando dijiste que entregarías a Naevira si perdíamos… pensé en matarte.
—Lo sé —respondió Kael, mirando al fuego lejano—. Lo habrías intentado. Pero no habrías fallado.
Revka rió. No era una risa alegre. Era seca. Dolida.
—A veces me pregunto si nos usas o nos cuidas. Y eso me jode más de lo que debería.
Kael no respondió. Solo bebió.
—Pero no me voy a ir. No ahora —dijo ella, y le quitó la botella—. Si voy a estar en un infierno, prefiero estar en el tuyo que en el de cualquier otro.
Se recostó a su lado. Codo contra codo.
—Y si algún día me usas más de la cuenta… te romperé los dientes con mi hacha. Solo para recordarte que estoy viva.
Kael sonrió. Levemente.
—Gracias por la advertencia.
—
Parte 3: Naevira y la calma del fuego
Horas después, Kael seguía despierto. Se acercó al centro del campamento, donde Naevira calentaba agua con su magia, rodeada de pequeñas brasas danzantes.
Ella no dijo nada cuando lo vio llegar. Solo se acomodó, dejando espacio a su lado.
Kael se sentó. La observó. Ella tenía la piel pálida, pero sus ojos aún brillaban con esa luz dorada que no se apagaba nunca.
—Estuviste cerca de morir otra vez —dijo ella.
—Más cerca que antes.
—¿Valió la pena?
Kael bajó la mirada.
—No sé.
—Yo sí —susurró Naevira, sin mirarlo—. Yo estaba dispuesta a morir. Pero no a ser una carga para ti.
—No eres una carga.
—Lo fui. Lo soy. Siempre lo seré si me siguen queriendo como un trofeo.
Kael estiró la mano. No la tocó. Solo la acercó al fuego.
—Te quise cerca porque el mundo está oscuro… y tú ardes.
Naevira lo miró, por primera vez en horas.
—¿Eso fue… una especie de cumplido tuyo?
—Es lo más sincero que vas a sacar de mí esta semana.
Ella sonrió. Pequeño, real.
—Gracias… por quedarte.
—Gracias por no rendirte.
Se quedaron ahí. Mano junto a mano. Sin tocarse. Solo sintiendo el calor compartido.
—
Parte 4: Lysennah y los fantasmas del ayer
Kael subió más tarde al saliente superior de la caverna. Allí estaba Lysennah, de pie, bajo la luna, con su arco descansando a sus pies.
—No puedes dormir —dijo él, acercándose.
—No quiero. No quiero volver a verla en sueños.
—Velennah…
—No debería haberla perdonado.
Kael se apoyó en la roca.
—No lo hiciste. Solo la dejaste ir.
Lysennah tragó saliva.
—La odié tanto… por dejarme. Por no luchar. Por callar. Y ahora, ni siquiera puedo odiarla en paz.
—Porque te queda amor. Y eso… es más cruel que el odio.
Ella lo miró.
—Tú lo sabes, ¿verdad?
—Sé muchas cosas que no admito.
Silencio. Solo el murmullo del viento.
—¿Por qué me diste la piedra aquella vez? —preguntó ella de pronto.
—Porque tú no te quiebras.
—Pero me quebré.
—Y aún así seguiste de pie.
Lysennah se acercó. Lo observó con atención.
—No eres bueno.
—No.
—No eres amable.
—Definitivamente no.
—Pero estás aquí. Sigues aquí. Y eso… a veces, es suficiente.
Kael no respondió. Solo bajó la mirada.
Lysennah tocó su hombro, breve.
—Descansa. Yo vigilaré ahora.
—No confío en nadie más para hacerlo.
Ella sonrió, como si él acabara de decir lo más tierno del mundo.
—
Parte 5: Amanecer
Kael no durmió esa noche. Pero al menos… soñó despierto, por un instante.
Revka dormía con la botella vacía a un lado.
Naevira, enroscada como un fuego dormido, con una flor de luz que ella misma creó flotando sobre su pecho.
Lysennah, de pie, vigilando. Firme. Fuerte. Siempre alerta.
Kael, sentado en la sombra, finalmente cerró los ojos por unos minutos.
Y no soñó con sangre. Ni con traiciones.
Soñó con el sonido de la risa que había oído cuando bajaron la guardia.
Soñó con la idea de que, quizás, aún no era demasiado tarde para ser algo más que un arma.
Pero cuando despertó… ya era otro día.
Y la guerra no espera.
Capítulo 12: La Que Ríe al Borde del Abismo
Parte 1: La Torre Inversa de Draak-Kel
—Dijiste que era una misión rutinaria —gruñó Revka, bloqueando el colmillo de una bestia de diez metros con su hacha, mientras resbalaba por una pared de roca negra.
—Eso dije —respondió Kael, arrojando una daga hacia el ojo del monstruo… que se curó antes de que la hoja lo atravesara.
—¡Entonces mientes igual que respiras! —gritó Naevira desde el aire, flotando con alas de fuego, intentando quemar una de las patas de la criatura, sin éxito.
—Mira el lado bueno… —añadió Lysennah, lanzando flechas que rebotaban sin causar daño—. Al menos todos moriremos juntos.
Estaban en el fondo de la Torre Inversa de Draak-Kel, una prisión-templo donde supuestamente yacía un códice de los Dioses Velados. Pero en lugar de escritos… encontraron a un guardián ancestral, una bestia hecha de piedra líquida, huesos de gigantes y hambre.
Nada de lo que hacían funcionaba. Su magia era anulada por campos rotatorios. Sus armas apenas hacían vibrar la piel del monstruo. El terreno los traicionaba. El enemigo se regeneraba.
Estaban perdiendo.
Y entonces… una risa sonó desde las alturas.
Una carcajada larga, femenina, burlona.
—“Bueno, bueno, bueno… ¿quién dejó a estos bebés sin su niñera?”
Una figura descendió desde el techo invertido.
Cayó con gracia. Desnuda de miedo. Vestida con una armadura de luz fractal. Cabello violeta, piel dorada, una lanza flotando a su espalda y una sonrisa que decía: sé que soy mejor que tú… y me encanta.
—¡SAL DE AHÍ! —gritó la mujer, apuntando al monstruo—. ¡YA ESTÁS ARRUINANDO MI SUELO NUEVO, BESTIA ASQUEROSA!
Y con un chasquido, la criatura fue partida en dos.
—
Parte 2: Ella entra riendo (y conquistando)
El grupo estaba jadeando. Sangrando. Boquiabierto.
Kael frunció el ceño. Dio un paso adelante.
—¿Quién… demonios eres?
La mujer giró sobre un pie, como en un espectáculo.
—¿Yo? Oh, cielos, qué poco romanticismo. Esperaba que me invocaras como "la salvadora de tu trasero elegante".
—Responde —dijo Kael, con tono frío.
—Ah, qué voz. Me das escalofríos, corazoncito oscuro.
Mi nombre es Y’Shara. Algunos me llaman "La Heredera de Mil Razas". Otros me llaman "la Exiliada Perfecta".
Revka bufó.
—¿Y tú mataste eso… sola?
Y’Shara le guiñó un ojo.
—¿Lo dudas? ¿Quieres ver cómo me cargo a tu orgullo también?
Lysennah ya apuntaba con una flecha.
—¿Qué haces aquí?
—Oh, paseaba. Este lugar es aburrido… hasta que ustedes aparecieron y empezaron a hacer el ridículo. Fue adorable.
Naevira cruzó los brazos.
—Nos estabas observando.
—¡Por horas! Casi me muero de ternura cuando esa de allá —señaló a Kael— casi se corta con su propia daga.
Kael alzó una ceja.
—¿Acabas de decirme “esa de allá”?
—Uy, perdón… ¿prefieres mi príncipe oscuro, amo de los susurros, rompecorazones silencioso?
Revka ya hervía.
—Voy a partirle la boca.
—¡Uy! Una con carácter —dijo Y’Shara, acercándose a ella y olfateándola como un gato—. Me gusta. Hueles a pelea y a frustración sexual.
—¡Tú…!
Kael levantó la mano.
—Basta. ¿Por qué no nos matas, si puedes?
Y’Shara se detuvo. Su expresión cambió… por un segundo.
—Porque están rotos. Pero no en la forma inútil. En la forma interesante. Son diamantes cubiertos de estiércol.
Y yo… estoy aburrida.
—
Parte 3: La propuesta indecente
Sentados en un claro, mientras Y’Shara devoraba frutas como si fuera una diosa de la glotonería, el grupo la escuchaba.
—Pelean mal. Coordinan poco. Dependen de Kael más de lo que creen… y Kael depende de sí mismo más de lo que debería.
—Gracias —dijo Kael, sin emoción.
—Ese no era un cumplido, cielo. Es un diagnóstico.
Y’Shara lanzó una fruta al aire, la cortó con un dedo… y esta explotó en miel.
—Yo entrené con cuatro escuelas místicas. Absorbí técnicas de razas elementales, físicas y celestiales.
Yo nací sin poder… y me convertí en lo que todos temían.
Lysennah, con desconfianza, preguntó:
—¿Y qué quieres a cambio?
Y’Shara sonrió.
—Diversión. Romper rutinas. Y ver a este adorable manipulador oscuro con el torso desnudo mientras entrena.
Kael cerró los ojos.
Naevira apretó el puño, controlando el fuego.
Revka gruñó.
Lysennah… ni siquiera respondió. Le apuntó con una daga al cuello.
Y’Shara suspiró.
—¡Ya, chicas! ¡No me lo quiero robar! Solo quiero provocarlos un poco! ¿No es eso… saludable?
Kael se levantó.
—¿Y si aceptamos tu entrenamiento?
—Entonces… prepárense para sudar, sangrar, odiarme…
…y volverse monstruos capaces de mirar a los dioses a los ojos.
—
Parte 4: El primer entrenamiento
Día uno.
La arena que Y’Shara creó era un domo mágico flotante.
Kael tenía vendados los ojos. Revka cargaba tres rocas sobre la espalda. Naevira debía contener su fuego mientras era provocada. Lysennah… enfrentaba cien ilusiones a la vez.
—¡Más rápido, príncipe oscuro! ¡O te besará el suelo antes que yo!
Kael jadeaba, bloqueando ataques sin ver. Frustrado. Tenso.
—¡No pierdas el equilibrio! —gritó Naevira—. ¡No dejes que te afecte!
—¡Él siempre se cae! —gritó Revka—. ¡Pero se levanta igual de arrogante!
—¡Concéntrate! —agregó Lysennah, disparando flechas ciegas hacia las ilusiones.
Y Y’Shara reía. Reía como si todo fuera un espectáculo.
Pero en sus ojos… había respeto.
—
Epílogo del Capítulo 12
Esa noche, todos dormían menos Kael. Como siempre.
Y’Shara apareció a su lado, con una copa flotando en el aire.
—¿Estás enamorado de ellas?
Kael no respondió.
—Eso pensé —dijo ella, sonriendo—. Qué problema tan interesante tienes.
—¿Vas a dejar de molestar?
—¿Y perderme el placer de ver cómo te derrites cuando te guiño un ojo frente a ellas?
Nunca.
Y’Shara lo besó en la mejilla, sin deseo. Solo para provocarlo.
—Duerme bien, príncipe.
Kael no respondió. Solo se llevó una mano a la mejilla, como quien anota un error que más adelante tendrá que corregir… o aceptar.
Porque el verdadero entrenamiento… apenas comenzaba.
Capítulo 13: Dientes, Sudor… y Celos
Parte 1: El Valle de los Ecos Inmortales
—¿Estás segura de que esto no va a matarnos? —preguntó Kael, mirando el abismo abierto frente a ellos.
—Ohhh, príncipe, si sobreviviste a tus decisiones pasadas, esto será solo… un nuevo trauma —respondió Y’Shara, flotando de cabeza sobre el precipicio.
Habían llegado al Valle de los Ecos Inmortales, una grieta infinita donde el aire era tan denso que distorsionaba el tiempo. Cada paso dentro de sus muros podía durar segundos… o años. Y allí, los reflejos se volvían enemigos.
—¿Por qué entrenar aquí? —gruñó Revka, ajustando su armadura.
—Porque en este lugar, los errores se vuelven espejos.
Y ustedes… tienen muchos. —Y’Shara aterrizó suavemente y les sonrió—. Vamos, polluelos. A sudar con estilo.
—
Parte 2: Prueba 1 – El Espejo de la Debilidad
Naevira fue la primera en entrar.
A los cinco segundos… apareció una segunda Naevira frente a ella. Fría. Despiadada. Vestida como una esclava de palacio.
—Tú siempre quisiste que te amaran —le dijo el reflejo—. Por eso aceptas cualquier lugar, mientras no sea la soledad.
—No es cierto…
—¿No? Entonces ¿por qué tiembla tu fuego cuando él no te mira?
Naevira rugió. Luchó con llamas puras. Pero no fue hasta que aceptó su miedo al abandono que el reflejo explotó en luz.
Lysennah enfrentó una versión de sí misma vestida de inquisidora, con los ojos quemados.
—Te escondes detrás del deber… porque tienes miedo de que, sin tus votos, nadie te respete.
Lysennah bajó el arco. Aceptó el juicio. Y cuando lo hizo, el reflejo se arrodilló.
Revka se enfrentó a sí misma encadenada, llorando sangre.
—Amas tu fuerza… porque temes no tener valor si no hay guerra.
Ella gritó, golpeó, pero fue vencida. Hasta que Kael, desde fuera, gritó:
—¡No hay vergüenza en dudar, maldita sea! ¡Solo en rendirse!
Revka se levantó. Abrazó a su otro yo. Y el reflejo se disolvió.
—
Parte 3: Kael y la tentación
Cuando Kael entró… no apareció ningún reflejo.
Solo Y’Shara.
—Tú no tienes miedo de ti mismo, ¿cierto? —dijo ella, caminando en círculo.
—No.
—Tú tienes miedo de los demás… cuando descubran que no te importa casi nada.
—¿Y por qué te importa?
—Porque yo fui como tú. Y luego, aprendí a reír de nuevo.
Ella se acercó. Lo rodeó por detrás. Susurró:
—Dime algo, príncipe… si pudiera darte el poder para ganar esta guerra, ¿pero a cambio… tendría que dormir contigo una sola noche?
Kael no se movió.
—No puedes manipular a quien ya se manipula a sí mismo.
Y’Shara lo miró. Le sonrió como si acabara de pasar su prueba.
—Perfecto. Eres mío. Pupilo mío, digo.
¿O no?
—
Parte 4: El triángulo… o cuadrado... en guerra
Los días pasaron. Los entrenamientos se volvieron más duros. La tensión creció. Y’Shara parecía estar en todas partes.
Especialmente cerca de Kael.
—¡Vamos, príncipe! Estira más ese brazo. ¿O quieres que lo tome yo y lo haga por ti? —decía, guiñándole un ojo mientras le empujaba la espalda con descaro.
Lysennah fruncía el ceño cada vez que Y’Shara le pasaba la toalla a Kael, ignorando al resto.
Naevira creaba pequeñas explosiones accidentales cerca de donde estaban.
Revka comenzó a entrenar en ropa aún más ajustada… y a dormir junto a Kael “para evitar que esa lunática lo acosara de noche”.
Finalmente, las tres se reunieron.
—No podemos seguir permitiendo esto —dijo Lysennah.
—¿La matamos? —preguntó Revka con total seriedad.
—Yo voto por amarrar a Kael —sugirió Naevira.
—¿Y esconderlo?
—Sí. En hielo, fuego o jaula. Lo que funcione.
—
Parte 5: El secuestro de Kael
Esa noche, Kael fue literalmente raptado por las tres.
Lo llevaron a una cabaña que habían ocultado con hechizos.
—¿Esto es una emboscada? —preguntó él, sin sorpresa.
—Esto es defensa personal —dijo Revka.
—De ti mismo —añadió Lysennah.
—Y de Y’Shara. Que no deja de mirar tu trasero —terminó Naevira.
Kael los miró. Luego se recostó en un cojín.
—¿Y si me dejo encontrar?
Las tres lo miraron como si acabara de invocar a un dios oscuro.
—No bromees con eso —dijeron las tres a la vez.
—¿En serio están celosas?
Silencio.
—No —dijeron.
—Pero sí —susurró Naevira.
—
Parte 6: La maestra encuentra a su "pupilo"
A la mañana siguiente… la puerta estalló en flores de fuego violeta.
—¡AJA! ¡Los encontré! ¡Oh, qué lindo! ¡El club de fans del príncipe oscuro secuestrando a su ídolo!
—¡No es lo que parece! —gritó Naevira.
—¡Sí lo es! —corrigió Revka.
—¡Y ya basta! —añadió Lysennah, apuntando con una espada a Y’Shara.
Y’Shara suspiró con una mano en la mejilla.
—¿Saben? Podría simplemente tomarlo, ¿verdad?
Kael alzó una ceja.
—¿Podrías?
—Bueno… podría intentarlo. Pero no lo haré.
—¿Por qué no?
—Porque si lo hago, no los veré ponerse rojos, temblar, ni a ti… quedarte tan serio que pareces a punto de explotar.
Y entonces… se inclinó y le susurró al oído a Kael:
—Pero si algún día me buscas tú… prometo no decir que no.
Kael tragó saliva.
Y las tres chicas casi la matan en ese instante.
—
Epílogo del Capítulo 13
El entrenamiento continuó. Más duro. Más efectivo. El grupo empezó a encontrar ritmo, sincronía, fuerza interior.
Y’Shara, pese a sus juegos, entrenaba con brutalidad y precisión.
Kael empezó a dominar su sombra, a mezclarla con fuego, viento y luz.
Naevira descubrió una nueva forma de ignición.
Revka controlaba su rabia con estrategia.
Lysennah creaba flechas que podían dividir la realidad.
Y, entre bromas, celos y desafíos, algo quedaba claro:
El grupo estaba creciendo.
Y Y’Shara, aunque irritante, se estaba volviendo… familia.
Una familia muy incómoda. Pero necesaria.
Capítulo 14: En la Arena de las Mil Sangres
Parte 1: La Invitación de los Seis Pendones
—¿Un torneo? —preguntó Lysennah, con el entrecejo fruncido—. ¿Y esto no es una trampa?
—Oh, claro que lo es —respondió Y’Shara, sonriendo con los pies cruzados en el aire—. Pero también es una oportunidad.
Una muestra de fuerza. Un escaparate. Una provocación.
—Y te emociona, ¿verdad? —murmuró Kael.
—Como no te imaginas, príncipe oscuro.
La Asamblea de los Seis Pendones celebraba cada año un torneo en una ciudad oculta entre acantilados: Varkh-Tamahr. Solo clanes reconocidos por su poder o rareza eran invitados. El grupo de Kael, ahora bajo tutela de Y’Shara, había sido oficialmente inscrito como "Los Herederos del Abismo Errante."
—¿Ese nombre lo elegiste tú? —preguntó Revka.
—¿No es sexy? —respondió Y’Shara—. Aunque consideré “Los Hijos del Dramita Interno”.
Kael suspiró.
—
Parte 2: Llegada a Varkh-Tamahr
La ciudad era una fortaleza labrada en piedra viva, con puentes colgantes, tribunas talladas, y un coliseo central custodiado por gigantes petrificados.
Allí se reunieron guerreros de toda clase:
El Clan de Hueso y Hielo, con su líder, Skerald, un lanzador de cuchillas que podía congelar la sangre desde dentro.
La Hermandad de los Tres Lamentos, liderada por Rai-Isha, una mujer ciega que peleaba con cuerdas encantadas y un canto que controlaba el alma.
El Escuadrón Zhen’kar, semimecánicos de otra era, todos fusionados con metales vivientes.
—Esto… ya no es entrenamiento —dijo Naevira.
—Esto es una advertencia —corrigió Kael.
—
Parte 3: Primera ronda – El Juicio de los Velos
El primer combate del grupo fue contra un equipo de cambiaformas élficos. Rápidos. Coordinados. Letales.
Revka abrió el camino con un salto brutal y una carga directa, enfrentando dos a la vez. Su hacha brillaba con una nueva técnica: golpes expansivos que liberaban ondas de presión.
—¡¿No les enseñaron a bloquear?! —gritó, partiendo una lanza en dos.
Naevira danzaba por el campo, encendiendo fuego violeta bajo sus pies, creando trampas que explotaban en ondas dobles. Cuando un cambiaformas intentó copiar su forma, ella lo abrazó con llamas vivas.
—¿Te gusta jugar con fuego? Yo soy el incendio —susurró, antes de hacerlo arder desde dentro.
Lysennah, por su parte, se convirtió en una sombra móvil. Su arco disparaba tres flechas a la vez, cada una con un trayecto cambiante. Usó el eco del lugar para predecir rebotes y encerró a un rival en una trampa circular.
—No necesito verte para matarte —dijo, justo antes de que la flecha rozara la garganta de su contrincante sin matarlo… por elección.
Kael, con su capa de oscuridad extendida como una bestia, se infiltró entre los oponentes, sembrando ilusiones, desarmando con dagas negras, y robando la voz de un enemigo con una sola palabra maldita.
Cuando acabó, el campo estaba cubierto de humo, olor a ozono y cuerpos jadeando.
Victoria.
—
Parte 4: Coqueteos cruzados (y guerra silenciosa)
Esa noche, Y’Shara apareció en la fogata de celebración con una sonrisa peligrosa.
—Kael, príncipe de los cuchillos… ¿no vas a celebrar conmigo un poco más lejos de estas guardianas celosas?
—No —respondió Lysennah, sentándose junto a Kael de inmediato—. Él ya está ocupado escuchando mis tácticas para la siguiente ronda.
—Y también tiene hambre —añadió Naevira, ofreciéndole una bandeja con pastel de raíces y fuego leve—. Y yo cociné esto para él.
—Y está cansado —dijo Revka, arrojando una manta sobre los hombros de Kael—. Así que necesita masajes. Y yo tengo los brazos para eso.
Y’Shara rio tanto que casi se cae de espaldas.
—¡Santo abismo! Esto es mejor que cualquier combate.
Kael, completamente rodeado por las tres, solo dijo:
—No sé si estoy en una relación o en una estrategia militar.
Y’Shara le susurró por detrás:
—Ambas, mi dulce dictador de emociones.
—
Parte 5: Segunda ronda – Rai-Isha, la Cuerda del Dolor
El segundo combate fue más personal. Contra Rai-Isha, la líder de los Tres Lamentos, una mujer que no podía ver… pero que oía el alma de sus oponentes.
—Kael Erevaris… huelo el engaño pegado a tu sangre.
—Es parte del encanto.
—No hay encanto en las ruinas que causas.
Ella cantó. Las cuerdas salieron de sus brazos como serpientes, vibrando con tonos distintos. Cada nota era una orden. Cada vibración, una amenaza.
Lysennah disparó una lluvia de flechas. Todas fueron desviadas por las cuerdas.
Revka entró en combate cuerpo a cuerpo… pero cada vez que su hacha golpeaba, Rai-Isha giraba como una bailarina ciega y se colocaba detrás.
—No puedes tocarme… si no entiendes tu rabia.
Naevira rodeó el campo con fuego. Creó un muro de presión para encerrar a la enemiga. Pero Rai-Isha usó su canto para apagar las llamas.
Kael observó. Esperó. Y cuando la mujer cantó para detenerlo… él cantó también.
Una nota oscura. Falsa. Hechizada.
Rai-Isha se congeló.
—¿Qué…?
—No eres la única que aprendió de la música de los condenados —susurró Kael.
La venció sin tocarla. Solo con una mentira convertida en melodía.
—
Parte 6: La batalla emocional escala
Después de la victoria, Y’Shara no se contuvo.
—Kael, ¿ya les dijiste que yo te enseñé a usar la voz como un arma?
—¿Tú le enseñaste eso? —preguntó Naevira, celosa.
—¿En qué momento? —inquirió Lysennah.
—¿Cuánto tiempo solos estuvieron? —gruñó Revka.
Kael miró a las tres… y luego a Y’Shara.
—¿Estás disfrutando esto?
Ella se le acercó, y frente a todas, le tocó el mentón.
—Como una niña con sus juguetes nuevos.
Silencio.
Y luego, por primera vez… Kael la empujó hacia atrás suavemente.
—Ya es suficiente.
Las chicas no dijeron nada. Pero sonrieron.
—
Epílogo del Capítulo 14
Faltaba una última ronda.
El Clan del Silencio Eterno.
Los campeones definitivos. Magia anti-magia. Cuerpos que no sentían dolor. Y un líder que afirmaba haber vencido a uno de los Heraldos de los Dioses Velados.
Y’Shara, por primera vez… no hizo una broma.
—Ellos son distintos —dijo—. Si los vencen… no serán simples aprendices.
Serán amenazas.
Y en ese punto, el mundo empezará a mirarlos. Y a temerlos.
Capítulo 15: La Voz Que No Dijo Nada
Parte 1: El Clan del Silencio Eterno
La arena estaba en silencio. Pero no uno natural.
Era un vacío absoluto, donde incluso los pasos sonaban como ecos lejanos. Un aura opresiva.
Los cinco integrantes del Clan del Silencio Eterno entraron sin decir una palabra, ni mover un músculo innecesario. Iban vestidos con capas negras sin bordes, rostros cubiertos por máscaras lisas. Solo uno se descubrió el rostro: un hombre de piel blanca como la sal, ojos de obsidiana, y una marca en el pecho:
el símbolo de un Dios Velado.
Y’Shara se tensó.
—Ese hombre… no es un simple campeón.
—¿Qué es? —preguntó Kael.
—Un Heraldo menor. Uno que ya estuvo en la Corte de los Siete. Si pelean como se espera… uno de ustedes no saldrá caminando.
Revka dio un paso al frente.
—Entonces tendrán que cargarnos de vuelta.
—
Parte 2: Comienzo del combate
El gong resonó.
Kael lanzó su sombra. Pero esta se deshizo antes de tocar al enemigo.
Naevira disparó fuego en espiral. Absorbido por una barrera invisible.
Revka cargó como un cometa. Un golpe directo con su hacha a un contrincante.
—¡RRRRAHHHH!
Pero el enemigo desvió el hacha con dos dedos, redirigiendo la energía al suelo, haciendo temblar la arena. La tierra colapsó.
Lysennah intentó disparar flechas encantadas. Las desviaron con el aire. Sin magia. Sin armas.
—¡Están leyendo nuestros movimientos antes de que los hagamos! —gritó.
Kael apretó los dientes. Pensó en una ilusión… pero no tuvo tiempo: un oponente ya estaba tras él, con una daga al cuello.
Y en el último segundo, un silbido cortó el aire.
CLANG.
Y’Shara apareció. Paró la daga con la lanza que no había usado en siglos.
—No suelo interferir, pero si tocaban a Kael antes de tiempo, me quedaba sin entretenimiento —susurró al oído del enemigo.
—¡No puedes intervenir! —gritó un juez.
—¡No lo hice! Solo evité que lo destruyeran antes de que el juego se pusiera divertido —dijo, guiñando un ojo y desapareciendo.
—
Parte 3: Contrarrestar lo imposible
—Nos leen —dijo Kael—. Pero no pueden leer lo que no entendemos nosotros mismos.
—¿Cómo?
—Vamos a improvisar. Cada uno, actúe por instinto. Pero cubran al otro. No peleen solos. Usen movimientos que no han practicado. ¡Sean caos!
El equipo se dispersó.
Revka arrojó su hacha al aire… y corrió desarmada, obligando al enemigo a reaccionar de forma inesperada. En el último segundo, Naevira la envolvió en fuego como una bola candente humana, creando una distracción.
Lysennah fingió un ataque frontal y disparó contra Kael, quien saltó justo cuando la flecha pasó bajo él, usándola como impulso mágico, apareciendo detrás del enemigo con una daga formada de sombras y sangre.
CLACK.
Un corte.
Un sangrado real.
—¡FUNCIONA! —gritó Kael.
La arena vibró.
El Heraldo del clan finalmente habló:
—Interesante.
—
Parte 4: El Heraldo entra en combate
El verdadero terror comenzó cuando el líder se quitó su capa.
Su cuerpo era de pura energía comprimida. No tenía piel, solo un flujo de poder controlado por artefactos. Cada paso silenciaba el aire.
—Ahora probarán el Silencio Verdadero.
Chasqueó los dedos. Toda la arena quedó en blanco y negro.
No podían usar magia. Ni sombra. Ni fuego.
Ni Kael… podía mentir.
—¿Qué hiciste? —murmuró Naevira.
—Un espacio antinaturaleza. Solo las acciones valen aquí —dijo Y’Shara, que observaba desde arriba, seria por primera vez.
El Heraldo apareció frente a Kael.
—Manipulador. Oscuro. No confías en nadie.
Kael bloqueó un puñetazo que rompió su hombro al contacto. Cayó.
—Sin tus trucos, ¿qué eres?
Kael escupió sangre.
—Soy el que sobrevive… aunque no merezca hacerlo.
Revka, Lysennah y Naevira saltaron al mismo tiempo, bloqueando el siguiente golpe.
—¡NO ESTÁS SOLO! —gritaron las tres.
—¡Y ya basta! —Naevira invocó una chispa interior. No fuego externo. Fuego del alma.
Lysennah usó un arco sin cuerda. Disparó su voluntad.
Revka… pateó con rabia pura, sin arma.
Todo impactó.
Y por un momento, el Heraldo cayó de rodillas.
—¿Qué…? —musitó.
—No puedes silenciar lo que no entiende el silencio —murmuró Kael.
—
Parte 5: La última carta
Kael se puso de pie.
—Quiero que sepas… que no estoy luchando por honor, ni justicia.
—¿Entonces por qué? —preguntó el Heraldo.
—Porque ella —miró a Naevira— no va a ser tu ofrenda.
Y con ese pensamiento, liberó una técnica secreta enseñada por Y’Shara:
un eco invertido, que proyectaba un instante antes de que ocurriera, rompiendo la lectura de movimientos.
El Heraldo fue alcanzado. No por un corte, sino por la decisión de Kael de no matarlo.
—¿Por qué… no…?
—Porque no soy como tú —susurró Kael.
El Heraldo cayó inconsciente.
La arena… explotó en vítores.
—
Parte 6: Después de la tormenta
Horas después, ya con las heridas tratadas, Kael caminaba solo por la cornisa de la arena.
Y’Shara apareció como siempre, sin aviso.
—¿Así que no me usaste esta vez?
—No —dijo Kael, mirándola de reojo.
—¿Y por qué siento que te gustó un poco hacerlo por ti mismo?
Silencio.
Y’Shara se acercó.
—¿Kael… tú sabías que me miraste antes de hacer el golpe final?
—Tal vez.
—Y no fue por provocarme, ¿cierto?
Kael no respondió.
Ella lo miró, por una vez sin burla.
—Empiezas a gustarme más cuando no hablas tanto.
—Y tú… cuando hablas menos —dijo él.
Y’Shara sonrió. Se acercó. No lo tocó. Pero se quedó allí.
Juntos. Mirando la arena vacía.
Sin una broma. Sin una mentira.
Solo una verdad silenciosa, latiendo entre los dos.
Capítulo 16: Las Sombras No Dicen Adiós
Parte 1: El último día en el Valle de los Ecos Inmortales
El aire era distinto.
Por primera vez en semanas, el valle no gritaba. No se estremecía con fuego, rabia ni magia.
—¿Terminamos? —preguntó Naevira, todavía cubierta de sudor.
—Terminamos —dijo Kael, observando el campo de entrenamiento convertido en cicatrices.
Lysennah bajó su arco lentamente, miró a sus compañeras y dijo:
—No pensé que sobreviviríamos este lugar. Pero ahora… siento que puedo mirarme al espejo y no odiar lo que veo.
Revka se giró hacia Y’Shara, que estaba recostada boca arriba sobre una piedra flotante.
—Entonces ya no tienes nada más que enseñarnos, ¿oh Gran Loca Celestial?
—¿“Gran Loca Celestial”? ¿Así me recuerdan? Qué tiernos… —respondió Y’Shara, girando sobre sí misma.
Kael se acercó.
—¿Entonces este es el fin?
Y’Shara lo miró. Y por primera vez, no sonrió de inmediato.
—El entrenamiento termina aquí. Ustedes… están listos para fracasar gloriosamente.
—Qué reconfortante —murmuró Lysennah.
—Recuerden esto —Y’Shara descendió lentamente y se detuvo frente a todos—: si ganan la próxima vez, háganlo por ustedes mismos. No por mí.
Y si pierden… háganlo luchando. No huyendo.
Kael cruzó los brazos.
—¿Y tú? ¿No vendrás?
Ella le sonrió… y colocó una mano en su pecho.
—Mi historia no es la suya.
Mi guerra fue otra.
Pero si alguna vez ustedes no pueden ganar…
—¿Aparecerás?
—No. Irrumpiré como una diosa borracha en una boda real.
Y se despidió con una reverencia invertida, su cuerpo desapareciendo en brumas violetas.
—
Parte 2: La marcha hacia lo desconocido
El grupo abandonó el valle en silencio.
Las montañas quedaban atrás. El frío ya no dolía. Los pasos eran firmes.
Pero no podían evitar hablar de ella.
—¿Crees que ella sintió algo? —preguntó Naevira, caminando junto a Kael.
—¿Por quién?
—Por ti. Por nosotros. Por todo esto.
Kael dudó.
—No lo sé. Pero creo que ella sí siente más de lo que muestra.
—¿Y tú? —intervino Lysennah, desde atrás—. ¿Sentiste algo por ella?
—¿De verdad quieres preguntarme eso delante de las tres? —Kael sonrió con malicia.
—…No. Pero sí.
—Tal vez. Tal vez no. Pero no importa ahora. Porque ya no está.
—Yo no me lo creo —murmuró Revka, afilando su lanza mientras caminaba—. Esa bruja no se despide tan fácil.
—
Parte 3: La emboscada… del humor
Una roca se movió detrás de ellos.
—¿Escucharon eso? —preguntó Naevira.
Otra piedra rodó. Y entonces… una rama cayó directamente en la cabeza de Kael.
—…Eso fue personal —gruñó él.
De las sombras, salió Y’Shara, caminando sobre un tronco caído como si estuviera en una pasarela.
—¡TADÁAAAA! ¿Pensaron que se librarían de mí? Por favor, son adorables.
—¡¿Nos estabas siguiendo?! —gritó Revka, lista para golpear algo.
—No. Los estaba vigilando con amor maternal y ciertas intenciones ligeramente inapropiadas.
Lysennah rodó los ojos.
—¿Y para qué vuelves?
Y’Shara estiró los brazos y dijo:
—Los acompañaré, mis pequeños caos andantes.
Pero prometo esto: no interferiré en ninguna batalla futura.
A menos que yo sepa con certeza absoluta que van a morir de forma miserable, trágica y poco estética.
Entonces sí, intervendré. Pero lo haré con estilo.
Naevira suspiró.
—¿Y podemos hacer algo para evitar que vengas?
—Claro. ¡Ganar todo sin errores! ¡Jamás dudar! ¡Y nunca sangrar!
—O sea, imposible —dijo Kael.
—Exacto. Así que vayan preparándome una mochila.
Y así, Y’Shara volvió al grupo.
No como maestra.
No como enemiga.
Sino como algo más peligroso aún: una aliada con iniciativa propia.
Capítulo 16: Parte 2 – El Reflejo de los que Espían
1. El mapa de las lágrimas doradas
—Este templo estaba perdido desde hace siglos —explicó Lysennah, desplegando un pergamino cubierto de inscripciones sangradas—. Según esta traducción, el siguiente fragmento del Orbe se encuentra en el Desfiladero de las Lágrimas Doradas.
—Un lugar que literalmente llora metal fundido… suena acogedor —dijo Naevira, con ironía.
—¿Tiene trampas mortales? —preguntó Revka, interesada.
—Sí.
—Perfecto.
Kael entrecerró los ojos. En el mapa, un sello le llamó la atención. Una serpiente que se muerde la cola. No era parte de la escritura original.
Era una advertencia moderna.
Y él… la conocía.
—Este símbolo…
—¿Lo reconoces? —preguntó Y’Shara desde lo alto de una roca, comiendo una fruta robada.
Kael no respondió enseguida.
—Lo usaba una orden secreta que operaba entre los reinos... La llamaban "El Anillo de la Verdad." Nadie sabía quién la dirigía.
—¿Y tú?
Kael bajó la vista. Su voz se tornó grave.
—Yo fui uno de ellos.
—
2. Trampa en el templo vivo
Al llegar al Desfiladero, el ambiente cambió. Las rocas lloraban un líquido dorado. Las aves no cantaban.
El silencio era espeso. Peligroso.
El templo emergía entre la piedra como un cuerpo sepultado a medias.
Las columnas eran costillas. Las escaleras, una espina dorsal.
—Es un templo viviente… —murmuró Naevira—. Como si respirara…
Entraron.
Y en los primeros pasillos, encontraron las primeras trampas desactivadas.
No por el tiempo.
Por manos humanas recientes.
—No estamos solos —dijo Lysennah.
Revka tocó las paredes. Calientes.
—Estuvieron aquí hace menos de dos días. Avanzaron rápido.
Kael se agachó junto a un símbolo grabado en sangre: tres puntos alineados y un cuarto cruzado.
—Esto es una firma. De uno de los antiguos miembros del Anillo… Kesthar Vael. Lo creí muerto.
—¿Era tu aliado? —preguntó Naevira.
—Fue mi instructor. Y… mi primer traidor.
Y’Shara silbó.
—La novela se complica.
—
3. El Guardián sin Rostro
Al llegar al corazón del templo, el grupo encontró una cámara circular. En el centro: un pedestal vacío.
—Se lo llevaron —murmuró Lysennah.
Las paredes se cerraron de golpe.
Y del techo cayó una figura encapuchada. No tenía rostro visible, solo una máscara de espejo.
Su voz era un eco dual:
—Kael Erevaris… tu sombra aún arrastra huesos rotos por donde camina.
Kael se tensó.
—Kesthar.
—No. Yo soy su reflejo. Su fracaso. Su arrepentimiento. Y tú… su legado torcido.
—¿Quién los lidera ahora?
—El verdadero heredero del Anillo… El que tú negaste ser. El que tomó el juramento sin romperlo.
—Entonces hay otro.
—Y te está esperando.
El Guardián se lanzó. No a matar. A probar.
Kael bloqueó. Un duelo rápido, brutal.
Cada movimiento era conocido. Era como luchar contra sí mismo, pero sin emociones.
El reflejo de todo lo que podría haber sido si no hubiera abandonado su antiguo camino.
Las chicas se acercaron, pero Y’Shara detuvo a todas con un gesto.
—Esto… es personal.
El combate siguió. Dagas contra sombra. Acrobacias gemelas. Choques de técnica pura.
Y al final, Kael desarmó a su enemigo… pero no lo mató.
—Dile al heredero… que no lo temo.
Y que si busca el Orbe… tendrá que luchar por él. Y sangrar como yo.
El reflejo retrocedió, rió sin sonido, y se deshizo en polvo de espejo.
—
4. El regreso a la superficie
—¿Vas a explicarnos qué fue eso? —preguntó Revka, limpiándose la sangre.
Kael guardó silencio unos segundos.
—Antes de ser un Erevaris, antes de todo esto… fui parte de esa Orden. Me enseñaron a manipular, a infiltrar, a mentir con el alma…
Pero cuando quise tomar el poder para mí, no me lo permitieron. Porque querían esclavos, no reyes.
—Y ahora van por lo mismo que tú —dijo Lysennah.
—No. Van por más. Ellos quieren que el Orbe no se use para vencer a los Dioses Velados, sino para reemplazarlos.
Y’Shara se acercó desde atrás, por una vez sin sarcasmo.
—Entonces… hay otra guerra en camino.
—Sí —dijo Kael.
Y esta vez… los enemigos no serán dioses.
Sino versiones más crueles de lo que podríamos haber sido.
Capítulo 17: El Baile de las Mil Caras
Parte 1: La máscara del cortesano
—El próximo fragmento está en manos de una casa noble llamada Veltrayan —dijo Lysennah mientras recorrían el bosque camino al castillo—. Un coleccionista de reliquias lo tiene como adorno.
Pero no sabe lo que posee.
—Y no lo venderá —añadió Naevira—. No sin un precio muy alto… o un engaño más alto aún.
Todos miraron a Kael.
Él solo se limitó a sonreír con arrogancia.
—Dejen eso en mis manos.
—No lo dices con miedo —murmuró Revka, cruzada de brazos.
—Porque para mí, los bailes y banquetes siempre han sido campos de batalla. Solo que con mejor vino.
—
Parte 2: El banquete del Conde Veltrayan
El castillo era blanco como hueso pulido, con columnas entorchadas en seda y escudos dorados. Servidores de ojos vacíos guiaban a los invitados al gran salón. Todos iban con máscaras.
Kael vestía un traje negro con detalles rojos, su capa con bordado de la familia Erevaris. Su máscara: la de un zorro oscuro.
Lysennah, Naevira y Revka iban camufladas entre las criadas y asistentes.
Y’Shara… nadie sabía dónde estaba. O cómo se coló. Pero todos apostaban a que ya había bebido media bodega.
En el centro del salón, en una vitrina de cristal iluminada, estaba el fragmento del Orbe. Nadie parecía notarlo.
—Eso es nuestro objetivo —susurró Kael por el comunicador mágico.
—¿Plan? —preguntó Lysennah.
—Primero… me hago notar.
Y lo hizo.
Parte 3: El príncipe mentiroso regresa
Kael caminó entre los nobles con paso elegante, saludando a cada casa con exactitud milimétrica.
—Baronesa Thyrael, aún recuerda el vino del eclipse que compartimos.
—Duque Harel, su colección de máscaras ha mejorado… pero no su gusto por la compañía.
—Ah, condesa Aelynn… ¿sigue cazando conejos en lugar de corazones?
Las damas reían.
Los hombres se tensaban.
Una noble de ojos verdes y cabello blanco, Lady Selira, lo tomó del brazo.
—No pensé verte otra vez, Kael. Tu familia dijo que habías muerto… o huido como cobarde.
—Las buenas mentiras siempre tienen un poco de verdad, ¿no?
—¿Y qué buscas esta vez?
Kael se inclinó y le susurró al oído:
—Lo mismo de siempre.
Lo imposible.
Y… quizás una noche más.
Selira se sonrojó. Luego se giró, fingiendo indiferencia.
Kael le robó la copa. Bebió.
Las chicas miraban todo desde lejos.
—
Parte 4: Diálogo tras bambalinas
—¿¡Qué está haciendo?! —bufó Naevira.
—Coqueteando —respondió Lysennah, con los labios apretados.
—Con la que lo intentó envenenar en el pasado, por cierto —añadió Revka.
—Lo va a lograr. Es su terreno… pero duele verlo —admitió Lysennah.
—¿Y dónde está esa bruja flotante? —murmuró Revka.
—¿Me extrañaban? —dijo Y’Shara, apareciendo literalmente sentada sobre una lámpara flotante, balanceando las piernas—. Kael está en su modo “serpiente brillante”. Déjenlo jugar. Está hermoso así, ¿no?
—Cállate —dijeron las tres al unísono.
Y’Shara rio con fuerza.
—
Parte 5: La negociación con traición
Kael fue llevado a los aposentos privados del Conde Veltrayan. El viejo noble, ciego de un ojo, escuchaba desde un sillón de marfil.
—Así que vienes por mi fragmento —dijo con voz gruesa—. ¿Qué sabes de él?
—Solo que no pertenece en una vitrina.
—Y tú sí, en una celda.
El Conde chasqueó los dedos. Varios guardias lo rodearon.
—Te creí muerto. Ahora sé que viniste a robarme.
—No vine a robarte —Kael levantó las manos—.
Vine a proponerte un trato.
—¿Qué trato puede ofrecer un Erevaris?
Kael sonrió.
—Uno que ya firmaste hace años… y que olvidaste.
Y sacó de su manga un contrato antiguo, sellado con sangre.
—Esto dice que en caso de la desaparición de los Veltrayan de tercer linaje… el fragmento debe pasar a manos de los Erevaris. ¿Lo firmaste o no?
El Conde lo leyó. Maldecía.
—¿Dónde lo conseguiste?
—La verdad… no importa. ¿Qué decides?
—
Parte 6: Escalada de tensión
El Conde lo dejó ir… a regañadientes. Pero cuando Kael regresó al salón, Selira lo esperaba con una daga encantada.
—No puedes volver y tomar todo como si el pasado no existiera.
—No vine por ti —dijo Kael.
—Pero igual me hiciste sangrar.
La atacó con un corte elegante. Kael esquivó, atrapó su muñeca, y la desarmó con una caricia en el cuello.
—Siempre te gustó perder, Selira.
—Y tú… siempre supiste cómo hacerme odiarte.
Se besaron. Solo por un instante.
Y tres pares de ojos desde lejos explotaron.
—
Parte 7: Las consecuencias emocionales
Cuando escaparon del castillo con el fragmento, la tensión en el grupo era palpable.
Revka caminaba adelante, sin hablar.
Naevira solo miraba el suelo.
Lysennah iba en silencio, pero sus manos temblaban.
Kael se acercó a ellas.
—Era necesario. No me gustó. Pero lo hice para ganar.
—¿Y cuántas veces más tendrás que tocar a alguien para lograr tus fines? —murmuró Naevira.
—¿Y si mañana te toca seducir a otra? ¿También lo justificas? —añadió Lysennah.
—¿Alguna vez has sido tú… sin mentiras? —preguntó Revka.
Kael respiró hondo.
—No.
Y puede que nunca lo sea.
Pero lo que hago… lo hago para que vivan.
Aunque yo me ensucie más con cada paso.
—
Epílogo del capítulo
Esa noche, acamparon lejos del castillo.
Y’Shara se sentó junto a Kael.
—¿Dolió?
—Sí.
—¿La mentira?
—No. Ver cómo me miran ahora.
—Kael… si un día dejas de ser el monstruo que todos temen… ¿seguirás siendo tú?
Él la miró. No respondió.
Pero esta vez, fue Y’Shara la que tomó su mano. Sin bromas.
Solo por un segundo.
Y luego la soltó.
—Solo pregunto por si acaso… algún día decides dejar de mentirle a ellas. Y a ti.
Capítulo 18: El Santuario de los que ya no Existen
Parte 1: El Camino hacia las ruinas prohibidas
—Así que el fragmento robado por El Anillo… ¿era el quinto? —preguntó Naevira mientras caminaban por una quebrada flanqueada por columnas derruidas.
—Correcto —respondió Kael, su voz tensa—. Lo tenían antes de que nosotros empezáramos esta búsqueda.
—¿Y por qué no lo dijiste antes? —gruñó Revka.
—Porque si lo hubiera hecho… ninguno de ustedes habría confiado en mí cuando dije que el Orbe podía usarse para acabar con los Dioses Velados.
Lysennah suspiró.
—Y ahora vamos tras el sexto. Y esta vez, el fragmento no está en manos de hombres… sino en un santuario sellado por los Elyari, la raza que protegía el equilibrio entre dioses y mundos.
—Pero los Elyari fueron exterminados —murmuró Naevira—. Por las propias órdenes de los Dioses Velados.
—No todos murieron —intervino Y’Shara desde el aire, sentada sobre una rama—. Algunos se convirtieron en piedras… y otros, en custodios de fragmentos de poder.
El silencio cayó sobre el grupo mientras el sol descendía hacia la tierra maldita.
Parte 2: El Santuario de Coronas Rojas
Emergiendo entre la niebla, rodeado de árboles de cristal, el santuario parecía un mausoleo. Un templo sin puertas, tallado en roca roja.
Inscripciones cubrían cada muro.
Los pasos hacían eco como si resonaran en mundos paralelos.
Kael se detuvo ante una estatua Elyari. No tenía rostro, solo una runa luminosa en su frente.
—¿Quién busca el fragmento? —preguntó una voz que no venía de ninguna parte.
Era masculina… y femenina. Joven… y anciana.
Kael avanzó.
—Yo. Kael Erevaris.
—¿Y qué harás con él?
—Destruir a los Dioses Velados.
Silencio.
La puerta se abrió.
Dentro, el fragmento flotaba sobre un altar circular… rodeado de inscripciones en espiral.
—
Parte 3: El juicio del fragmento
Apenas Kael tocó el borde del pedestal, el santuario tembló.
Un espíritu Elyari emergió, hecho de luz sólida. Sin rostro. Solo ojos antiguos.
—El fragmento no puede ser tomado… sin que el portador responda una pregunta:
¿Usarás este poder para destruir… o para dominar?
Kael no titubeó:
—Para destruir a quienes destruyeron este mundo.
Pero algo más ocurrió.
El Orbe no se dejó tocar.
El altar mostró dos caminos:
Usar el fragmento activándolo, liberando parte de su poder…
o
Destruirlo, sellándolo para siempre.
—¿Y si lo destruimos? —preguntó Lysennah.
—No obtendremos su poder, pero nadie más lo usará jamás —dijo Y’Shara con tono serio.
—¿Y si lo activamos? —Revka frunció el ceño—. ¿Qué tanto poder daría?
—Una décima parte del Orbe completo. Lo suficiente para alterar la balanza.
El grupo se dividió al instante.
Parte 4: Discusiones que cortan más que espadas
—Debemos destruirlo —dijo Lysennah—. Es peligroso. Incluso en manos de Kael.
—¿Eso es lo que piensas de mí? —preguntó Kael, sin cambiar el tono.
—Es lo que pienso del poder absoluto.
Naevira dio un paso al frente.
—Yo voto por usarlo. No podemos permitir que los Dioses Velados mantengan el control. No si queremos un futuro.
—¿Y qué tal si, en el intento de salvar el mundo, Kael se convierte en otro Dios Velado? —replicó Lysennah.
—¡Él no es así! —gritó Naevira.
—¿Estás segura?
—¡Basta! —interrumpió Revka—. Lo importante no es lo que puede pasar… sino lo que haremos cuando suceda. Si él cae… yo misma lo detendré.
Todos se quedaron en silencio.
Hasta que Kael habló:
—No lo usaré.
Todos lo miraron.
—No ahora. No así. No con ustedes viéndome con miedo.
—¿Y qué harás? —preguntó Y’Shara, entrecerrando los ojos.
Kael colocó su mano sobre el fragmento… y lo selló.
No lo destruyó. No lo usó.
Lo selló bajo su sombra, haciendo que solo él pudiera invocarlo… si alguna vez fuera necesario.
—Elijo esperar.
—
Parte 5: Una visión del futuro
Cuando abandonaron el santuario, el cielo había cambiado.
Una estrella nueva… ardía en el horizonte.
—Eso… —murmuró Y’Shara— no estaba ahí antes.
Kael la observó, silencioso.
Lysennah caminaba detrás de él, sin hablar.
Naevira, en cambio, se acercó y lo tomó del brazo. No con romanticismo. Con lealtad.
Revka se mantuvo cerca. Vigilante.
—¿Qué ocurre ahora? —preguntó Naevira.
Kael cerró los ojos.
—Ahora empieza la verdadera guerra.
No por el Orbe…
Sino por lo que decidiremos hacer con él cuando lo tengamos todo.
Y la estrella roja en el cielo… parpadeó como si riera.
Capítulo 19: El Laberinto del Olvido
Parte 1: Las Puertas del Umbral Viviente
Ante ellos, se extendía una muralla de mármol negro, quebrada solo por una grieta vertical custodiada por estatuas sin rostro. No era una puerta. Era una cicatriz en la tierra.
—¿Esto conduce a tu clan? —preguntó Revka, escéptica.
—Sí —respondió Kael—. Pero solo los Erevaris conocen la ruta directa.
—¿Y por qué no la tomamos? —preguntó Naevira.
Kael la miró.
—Porque sería suicidio.
Esa ruta… pasa justo por la mansión de mi padre. Y si aún me considera “su error”, nos aniquilará sin previo aviso.
—Qué lindo —comentó Y’Shara desde lo alto de una roca—. ¿Familia disfuncional? ¡Presente!
—Por eso —continuó Kael— tomaremos este atajo. El Laberinto de Ald’shar.
—¿Y qué hay dentro? —preguntó Lysennah.
—Pesadillas. Trampas.
Y bestias que devoran no solo carne… sino memoria.
Revka sonrió.
—Finalmente algo interesante.
—
Parte 2: La bestia del primer anillo
Apenas cruzaron la entrada, las paredes se cerraron detrás de ellos. El aire se volvió espeso. Las piedras parecían susurrar.
Y entonces… apareció el primer enemigo.
Un ser formado por huesos erráticos, flotando en un cuerpo de niebla oscura.
Tenía cuatro brazos con cuchillas, y un rostro dividido en múltiples mandíbulas.
—Primera prueba: fuerza colectiva.
Fracaso significa aniquilación.
—Agh, detesto los laberintos parlantes —gruñó Y’Shara.
La criatura se abalanzó. Rápida como una sombra viva.
La pelea
Revka cargó primero. Su lanza cortó una de las cuchillas, pero la bestia giró y la empujó contra una pared. Ella la atravesó… y la pared se tragó su cuerpo.
—¡¿Revka?! —gritó Naevira.
—¡Estoy bien… creo! Estoy en una especie de pasillo alterno con... ¡¡muchas cuchillas!! —se escuchó su voz a la distancia.
Kael no titubeó.
—Lysennah, conmigo. Naevira, cubre los flancos. ¡Y’Shara, haz algo útil!
—¡Te juro que me emocionas más cuando gritas! —respondió ella, creando una ilusión para distraer a la criatura.
Lysennah disparó tres flechas encantadas. Una dio en el “ojo central”, haciendo que el monstruo chillara.
Naevira invocó raíces espectrales que intentaron sujetarlo, pero el monstruo se dividió en dos versiones más pequeñas.
—¡Ahora también se reproduce! ¡Qué bonito! —gritó Y’Shara mientras flotaba sobre ellos—. ¡Traigan uno de estos como mascota, por favor!
Kael cargó con sus dagas y golpeó a uno de los gemelos en el pecho, activando una marca oculta en su brazo.
—¡Ahora, Lysennah!
La arquera disparó directo al punto marcado. Explosión de sombras.
El segundo gemelo se abalanzó sobre Naevira, pero ella creó un escudo de luz con su magia interna, haciendo que el monstruo rebotara.
Revka volvió desde la pared, sangrando, pero sonriente.
—Me extrañaron, bastardos.
Los cinco cercaron al gemelo restante. Una combinación perfecta:
Revka lo empaló con su lanza.
Naevira selló sus movimientos con magia.
Lysennah disparó al corazón.
Kael lo degolló con sombra líquida.
Y Y’Shara lo remató con una lluvia de pétalos mágicos que explotaron.
El cuerpo cayó… y se desintegró.
—Prueba superada. Continuando hacia el segundo anillo.
—
Parte 3: El descanso que no descansa
Entre pruebas, encontraron una sala de piedra con bancos de obsidiana. No hablaban. Solo respiraban.
Hasta que, por supuesto, Y’Shara habló.
—¿Saben qué me encanta de ustedes?
—¿Qué? —murmuró Lysennah.
—Que son como un grupo de huérfanos armados hasta los dientes… con un padre emocionalmente dañado al frente.
—¿Te refieres a Kael? —preguntó Naevira, secándose el sudor.
—¿Quién más, mi flor venenosa?
Kael se levantó.
—Y’Shara… ¿tienes idea de lo que nos espera en el tercer anillo?
—Claro. El guardián de memorias. Una criatura que se alimenta de recuerdos felices.
—¿Y cómo sabes eso?
—Porque estuve atrapada aquí una vez.
Todos la miraron.
Y ella simplemente se encogió de hombros.
—Tenía curiosidad. Me perdí. Fue divertido. Perdí tres semanas de mi vida y el nombre de un exnovio.
—¿Eso es real? —preguntó Revka.
—No me acuerdo. Ese es el punto.
Todos rieron… un poco. El primer respiro en horas.
Kael solo miraba al frente.
—Aún no estamos ni cerca.
Y si mi padre aún está con vida…
no dudaría en usar el fragmento contra nosotros.
—
Final del capítulo
Mientras avanzaban hacia el segundo anillo, un eco resonó en el laberinto:
—Kael… Kael… Kael…
Una voz profunda. Familiar. Cruel.
—¿Esa voz es…? —susurró Naevira.
—Sí —dijo Kael, con los ojos entrecerrados.
Su padre ya sabía que venían.
Y los estaba esperando.
⚔️ Capítulo 20: El Lamento del Laberinto — Final del Acto I ⚔️
Una travesía emocional.
Una caída inevitable.
Una diosa sin corona que sonríe… mientras desata la mitad de su verdadera fuerza.
Parte 1: Ecos del Pasado – El Guardián de Memorias
El corredor se cerró detrás de ellos con un eco seco, como si el propio laberinto respirara. Frente al grupo, una niebla violácea emergía desde el suelo, fría y densa como la desesperanza.
—Estamos cerca del núcleo —dijo Kael, pero su voz sonaba más tensa que de costumbre.
—Lo sientes, ¿verdad? —preguntó Revka.
Kael asintió.
—Está aquí. El Guardián.
De la niebla emergió una silueta: alta, etérea, cubierta de vendas flotantes. En su pecho, un espejo fragmentado. No hablaba. Solo extendió sus brazos.
“Para salir, deben recordar.”
Y entonces, las sombras cayeron sobre cada uno de ellos.
Kael – Recuerdo 1: El Hijo Indeseado
Abrió los ojos en un jardín rojo. Lo reconoció de inmediato.
—No… aquí no.
Allí estaba su padre, Lord Maeron Erevaris, bebiendo vino. Su madre, de pie, en silencio. Y Kael… un niño… de rodillas.
—¿Sabes por qué estás aquí, Kael?
—Sí, padre.
—Porque no mereces el apellido. Eres solo un proyecto fallido. Una combinación de magia y promesa que jamás cumpliste.
—¡Yo puedo mejorar! ¡Solo…!
—¿Mejorar? ¿A quién quieres engañar? ¿A ellos? ¿O a ti?
El niño lloraba. El Kael actual cerró los puños, viendo la escena.
—Ese ya no soy yo.
Ese niño murió el día que me arrodillé.
Ahora soy quien hace arrodillarse a los demás.
La ilusión se quebró en mil espejos… y lo dejó de rodillas, pero sonriendo.
Naevira – Recuerdo 2: El Precio de la Magia
Ella despertó entre cenizas.
Su aldea.
Su madre, carbonizada. Su hermana, atrapada en raíces sangrantes. Y ella… con las manos cubiertas de fuego.
—¡Fuiste tú! —gritaban los espíritus de la aldea—. ¡Por querer controlar el fuego de los dioses! ¡Por desafiar la bendición que no te fue dada!
Naevira lloraba, gritando que no… que solo quería proteger. Pero las llamas respondían.
“Tu don es destrucción disfrazada de luz.”
Ella cayó de rodillas…
…y luego se levantó.
—Quizá sí destruya.
Pero ahora sé a quién destruir primero.
La ilusión ardió… y desapareció.
Lysennah – Recuerdo 3: La Caza Injusta
Ella estaba atada a un poste. Lanzas apuntando a su pecho. La nobleza que la crió… la traicionó por tener sangre mixta. Elfos y humanos no se mezclaban en ese reino.
—Eres un error, Lysennah.
—No.
Ustedes lo son… por no ver más allá del linaje.
Los guardias avanzaban…
Ella cerró los ojos, dejó que el miedo pasara…
Y cuando los volvió a abrir, era la cazadora. No la presa.
Disparó flechas ilusorias, destrozando los rostros de sus antiguos jueces.
—
Revka – Recuerdo 4: El Filo del Fracaso
Una espada rota. Su hermana muerta en sus brazos. Y el enemigo riendo frente a ella.
—¿Tanto entrenaste… para esto?
Revka, sin armas, sin voz, solo lloraba.
—Prometí… que no fallaría —susurró.
—Fallaste —le respondió el cadáver de su hermana—. ¿Ahora qué eres, Revka?
—Una promesa sin cumplir…
…pero una que aún respira.
Revka se levantó, con el filo quebrado en la mano, y atravesó la sombra.
—
Parte 2: El Monstruo sin Nombre
Cuando las ilusiones terminaron, el grupo se encontraba en una sala circular.
Un altar palpitante estaba al centro… y de él nació una criatura gigantesca:
Ojos múltiples.
Brazos segmentados.
Una rueda giratoria en su espalda, cubierta de runas.
Y en su mano, una espada blanca, hecha de fuego divino.
Nombre desconocido.
Clasificación: Imposible.
Adaptación: Infinita.
Kael retrocedió.
—Este no es un guardián.
Es un castigo.
Y entonces… comenzó la pelea.
Parte 3: El Inicio del Fin
Kael atacó primero.
Una sombra-puñal directo al ojo izquierdo.
El monstruo gritó… y su rueda giró. La herida desapareció.
—¡Ya está adaptándose! —gritó Naevira.
Revka cargó con todo, su lanza brillante atravesó un brazo… solo para que el monstruo regenerara con hueso negro.
—¡Está mutando cada vez que lo herimos!
Lysennah disparó flechas etéreas.
La rueda giró. Las flechas pasaron a través como si fueran viento.
—Ya no le afectan los ataques mágicos.
Naevira invocó una explosión de raíces y luz purificadora.
El monstruo saltó sobre ella, su espada de purificación golpeó el suelo… y un campo de anulación se activó.
La magia de Naevira se deshizo.
Kael gritó, corriendo hacia ella, pero fue interceptado.
¡CRACK!
Un golpe lo lanzó contra la pared. Sangre por la boca.
—No… no puedo perder aquí —jadeó.
Y aun así, lo hizo.
Todos cayeron. Uno a uno.
El monstruo avanzó. Su rueda giraba. Su cuerpo regeneraba.
Su espada ardía con luz de juicio.
—
Parte 4: Y’Shara sonríe
Y en el silencio…
—¿Ya terminaron de morir?
El monstruo se detuvo.
Y allí estaba ella.
Flotando con elegancia.
Cabello suelto, mirada afilada, y una copa de vino en mano.
—¿Sabes qué es lo molesto de ti? —le dijo al monstruo.
Este rugió.
—No es tu espada.
Ni tu cara.
Ni siquiera tu rueda mágica y brillante…
Dejó la copa flotando.
—Es que arruinaste mi escena dramática favorita.
Y por eso…
te voy a borrar con una sonrisa.
La batalla final del Laberinto del Olvido comenzó con una copa de vino flotando en el aire y la sonrisa perezosa de Y’Shara.
El monstruo, cuyo cuerpo ya había adaptado a cada forma de daño conocida, la observó con esos seis ojos giratorios, y su rueda rúnica dio una vuelta completa, como si reconociera una amenaza distinta. No un hechizo. No una espada. Sino algo que se encontraba más allá de lo explicable: una presencia sin límites.
—Cinco mil a uno a que no llegas al segundo movimiento —dijo Y’Shara estirando los brazos, como si estuviera a punto de bailar y no pelear.
La bestia rugió.
Y en ese instante, la pelea comenzó.
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Una lanza de luz pura salió disparada del monstruo. No era magia, era una fusión de sagrado y maldito, capaz de destruir hasta almas. Pero Y’Shara la detuvo con una burbuja de “desinterés materializado”.
—Ah, eso era nuevo. Pero sigue siendo feo.
Saltó por encima de una segunda estocada y golpeó el aire. Sólo el aire.
El golpe fracturó la realidad alrededor del monstruo, y una grieta dimensional se abrió sobre su hombro izquierdo, arrancándole parte del brazo antes de que pudiera adaptarse. El monstruo chilló, giró la rueda, pero Y’Shara ya había desaparecido.
—Me aburriste, así que juguemos.
Apareció sobre su cabeza, y con un chasquido de dedos, hizo que toda la sala se inclinara hacia un abismo de gravedad inversa. El monstruo intentó estabilizarse, pero su pie fue partido por una columna de magma ilusorio que se volvió real en el instante justo.
Kael, semiinconsciente, abrió un ojo.
—Ella... está... jugando.
Revka, con sangre en el labio, apenas sonrió.
—Y está ganando.
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El monstruo intentó usar su Espada de Purificación. Dio un tajo descendente que habría dividido un continente.
Y’Shara simplemente extendió la palma.
La energía fue absorbida.
—Bonita. Pero yo tengo una más brillante.
Formó una espada con su propio cabello, hecho de hilos de voluntad pura, y lo cargó con sarcasmo concentrado.
El choque de ambas espadas creó un cráter en la dimensión.
El monstruo regeneró tres brazos y atacó desde ángulos imposibles. Y’Shara perdió la mitad del vestido.
—¡Maleducado!
Con un chasquido, multiplicó su cuerpo por siete. Cada clon tenía una expresión diferente: burla, desprecio, bostezo, coqueteo, amenaza, frialdad, y uno comiendo una manzana.
El monstruo intentó adaptarse. Su rueda giraba sin cesar.
Pero cada golpe que recibía era nuevo.
—Oh, querido. Esa es la diferencia. Yo no repito.
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Kael observaba desde el suelo.
—Esto... esto no es poder. Es superioridad.
Lysennah a su lado apenas respiraba, pero no podía apartar los ojos.
Naevira lloraba. No de miedo. De emoción.
—Ella está frenando. Nos está mostrando solo lo que *podríamos ser*.
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El monstruo perdió el control. Activó su modo berserk. Su espada sagrada se volvió negra, su cuerpo creció, más bocas surgieron, su adaptación llegó a niveles absurdos. Cada golpe que recibía era ahora inmediatamente contrarrestado con una mutación.
Y’Shara dejó de sonreír. Solo por un segundo.
Y en ese segundo... atacó con el 50%.
Un solo dedo.
Señaló al monstruo y susurró:
—Ya.
Y todo se detuvo.
La rueda se partió.
La espada se oxidó.
El cuerpo del monstruo quedó congelado en una pose de defensa.
Y luego explotó en miles de notas musicales.
Cada una con una palabra escrita: "*insuficiente*".
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Silencio.
Y’Shara bajó flotando. Se agachó frente a Kael y las chicas.
—¿Vieron? Por eso no peleo a menudo. Es demasiado... desequilibrado.
Revka, adolorida, soltó una carcajada.
Kael la miró a los ojos.
—¡Solo fue el cincuenta por ciento!
—Sssh —susurró ella, acariciándole el cabello como si fuera un niño—. Te toca seguir siendo protagonista.
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Al final del laberinto, una puerta de oro se abrió. Salieron hacia un mundo diferente. Una noche estrellada. Una luna roja. Y a lo lejos... un castillo de torres negras.
—La tierra de tu padre —dijo Lysennah.
Kael se incorporó. Más serio que nunca.
—Ahí nos espera el siguiente fragmento.
—Y quizá... algo más —susurró Y’Shara al viento.
En su reflejo en una charca, se vio otra figura. Alguien con la misma sonrisa que ella, observando desde otro mundo.
—Oh... interesante.
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Fin de la Temporada 1.