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Gratis · elegí una vozCarlitos era un gusanito muy curioso. Vivía en un manzano gigante y le encantaba comer manzanas jugosas. Pero Carlitos tenía un pequeño… problema. Le costaba mucho, mucho, MUCHO hacer caca. A veces pasaban días y días y su barriguita se sentía como un globo a punto de explotar.
Un día, mientras mordisqueaba una manzana roja y brillante, escuchó una conversación entre dos mariquitas. “¡Ay, Carmencita!”, dijo una mariquita con siete puntos negros. “¡Qué difícil es encontrar buena caca de gusano para abonar mis rosales! La caca de gusano es el mejor fertilizante, pero últimamente, ¡no hay ni una pizca!”.
Carmencita, la mariquita con cinco puntos negros, asintió con la cabeza. “¡Es verdad, Rosalía! Mis tomates están mustios. Necesito caca de gusano de buena calidad, ¡y rápido!”.
Carlitos, que había estado escuchando con atención, sintió un vuelco en su interior. ¡Caca! ¡Hablaban de caca! Y no solo eso, ¡la necesitaban! De repente, su problema no parecía tan malo. Quizás… quizás podría ayudar.
Pero, ¿cómo? Si precisamente lo que le faltaba era… caca. Pensó, pensó y pensó. Mordisqueó su manzana con más fuerza. Entonces, ¡eureka! Tuvo una idea brillante.
“¡Quizás si como más manzanas!”, pensó Carlitos. “Cuantas más manzanas coma, más caca tendré. ¡Y así podré ayudar a las mariquitas!”.
Así que Carlitos se puso manos a la obra. Comió una manzana entera. Luego otra. Y otra más. Su barriguita empezó a hincharse como un globo gigante. Se sentía… raro.
“¡Ay!”, exclamó Carlitos. “¡Creo que me he pasado un poco!”.
De repente, sintió un ruido extraño en su interior. Un ruido burbujeante y retumbante. ¡Era su barriguita protestando! Y luego… ¡boom!
Carlitos sintió un alivio inmenso. ¡Por fin! Había hecho caca. ¡Mucha caca! Una montaña de caca, para ser exactos.
Las mariquitas, Rosalía y Carmencita, oyeron el estruendo y volaron rápidamente hacia donde estaba Carlitos. Sus ojos se abrieron de par en par al ver la enorme montaña de caca.
“¡Por todos los cielos!”, exclamó Rosalía. “¡Es la caca de gusano más grande y hermosa que he visto en mi vida!”.
Carmencita asintió con entusiasmo. “¡Es perfecta para mis tomates! ¡Carlitos, eres un héroe!”.
Carlitos, aunque un poco avergonzado por la situación, se sintió muy orgulloso. Había ayudado a las mariquitas, y todo gracias a… su caca.
Rosalía y Carmencita recogieron toda la caca de Carlitos y la llevaron a sus jardines. Los rosales de Rosalía florecieron como nunca antes, y los tomates de Carmencita crecieron grandes, rojos y jugosos.
Carlitos, por su parte, aprendió una valiosa lección. A veces, lo que consideramos un problema, puede ser una solución para otros. Y nunca, nunca, hay que tener vergüenza de la caca. Después de todo, ¡hasta la caca puede ser útil!
Desde ese día, Carlitos siguió comiendo manzanas, pero con moderación. Y cada vez que hacía caca, se acordaba de Rosalía y Carmencita, y se sentía feliz de poder ayudar al mundo, un poquito de caca a la vez. Y colorín colorado, este cuento caca-tastrófico se ha acabado.
Ahora, Carlitos, además de comer manzanas, también ayuda a otros gusanitos con sus problemas de caca. Les da consejos, les anima a comer fibra (hojas verdes, por supuesto) y les recuerda que la caca es algo natural y necesario. ¡Y a veces, incluso útil!
Un día, una pequeña oruga llamada Olivia se acercó a Carlitos con lágrimas en los ojos. “¡No puedo hacer caca!”, sollozó Olivia. “Llevo días intentándolo, pero nada funciona. Mi barriguita está tan hinchada que creo que voy a explotar”.
Carlitos sonrió con comprensión. “No te preocupes, Olivia”, dijo Carlitos. “Yo también tuve ese problema. Pero sé cómo ayudarte”.
Carlitos llevó a Olivia a un campo lleno de hojas verdes y jugosas. “Come, Olivia, come”, animó Carlitos. “Las hojas verdes son ricas en fibra y te ayudarán a hacer caca”.
Olivia, aunque al principio no tenía muchas ganas, siguió el consejo de Carlitos y empezó a comer hojas verdes. Poco a poco, su barriguita empezó a relajarse. Y luego… ¡oh, maravilla! Olivia hizo caca. Una pequeña bolita verde, pero caca al fin y al cabo.
Olivia se sintió aliviada y feliz. “¡Gracias, Carlitos!”, exclamó Olivia. “¡Me has salvado!”.
Carlitos sonrió. “De nada, Olivia”, dijo Carlitos. “Recuerda, la caca es algo natural y necesario. Y nunca tengas vergüenza de pedir ayuda si la necesitas”.
Desde ese día, Olivia se convirtió en la mejor amiga de Carlitos. Juntos, ayudaron a muchos otros gusanitos con sus problemas de caca. Y demostraron al mundo entero que incluso lo que consideramos asqueroso, puede ser útil y valioso. ¡Viva la caca! (con moderación, claro).
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